jueves, 23 de julio de 2026

Novela de un Yo (28)

 

 

A la mañana siguiente, sábado, el ritmo en la casa es otro, pero no en el cuerpo de Macarena. Son las nueve y ya se ha bebido su vaso de agua caliente que la prepara para ir al baño, se ha lavado la cara y los dientes, ha estirado piernas y brazos, hecho pesas, se ha duchado y dado crema, ha seleccionado las naranjas y revisado su agenda. Mientras padre e hijo se levantan les espera para desayunar leyendo junto a la ventana del salón en el sofá gris con una naranja cortada en gajos y una taza de té verde.

Hoy viene la mujer que limpia la casa cada quince días, y para dejarla vía libre han planificado una salida al campo. Irán a Hoyo de Manzanares, que es donde Daniel hizo la mili y conoce un bosque por allí para caminar. Eneko aprovecha ese momento caminando junto a sus padres para contar cosas de la semana. Como, por ejemplo, que ha decidido que en Inglés tiene que aprovechar el tiempo jugando en el teléfono móvil, porque la asignatura le parece un rollazo y con esa profe le entra sueño. Para ello ha ideado un “chiringo” consistente en un abrigo sobre sus rodillas donde esconde el móvil y juega. Macarena se imagina la escena y al momento se mezclan en ella sentimientos de miedo por si le pillan y de orgullo de ver a su hijo surfear los inconvenientes de la vida.

Cuando llegan a casa, antes de calentar las lentejas, se tiene que poner un rato a escribir:

Herida Nº 32:

Regalo de Reyes a sus padres: viaje a Toledo para ir a ver un espectáculo ambientado en episodios de la Historia de España. Nada más empezar a planificarlo, la madre escenificó una dificultad invisible:

-Hija, es que dos días va a ser mucho para tu padre.

-Pero si habéis estado en El Hierro una semana, mamá….

-Ya, hija, pero es distinto…

- ¿Por?

-No sé, quizás porque estábamos en casa de Clotilde…

-En Toledo vais a estar en un hotel muy cómodo y sólo son dos noches.

Batalla perdida. Su madre se ha atrincherado de nuevo y no hay manera de hacerla ver las similitudes, de hacerla comprender que ella es su hija también, que con ellos también pueden disfrutar… Ahora Toledo está lejos, ahora Toledo está lleno de gente, turistas como ellos. Ahora Toledo ya no es tan interesante como El Hierro. Ahora Toledo… Un escenario monumental donde conviven tres religiones se ha apoderado de la casa de Macarenita que escucha a su madre por teléfono, pero quiere colgarla ya.

Por la tarde Daniel trabaja al ordenador, Eneko hace deberes en su ordenador portátil y ella lee en el sofá gris La evolución de Calpurnia Tate mientras le viene a la memoria aquella maquinita de videojuegos que tenía su amiga Teresa del colegio en la que aparecía un gorila. Le encantaba, no sabe si por el juego o por el objeto en sí. Ver cerrar a su amiga aquel estuchito naranja brillante y suave, que más parecía una pieza de tocador de señoras que un juguete, le producía una sensación embelesadora y envidiosa. Sus padres se habían negado en rotundo a que tuviera videojuegos. A lo máximo que podían aspirar era a un simulador de aviones para el Amstrand “porque ese era un juego que podía servir para algo, prepararlas para trabajar como piloto de aviones”. Pero a Macarena aquel juego le parecía un aburrimiento en verde y negro, similar a lo que le producían sus veranos marrones y verdes. Más tarde, cuando quiso tener otra cosa a la que sus padres también se negaban, los pantalones de cuero, no lo resolvería de la misma forma. Tampoco después con la casa, ni con su vida.

 

“Cuando Clotilde estaba trabajando en El Hierro enseguida buscasteis días y modo de ir allí. Sin embargo, cuando te propuse pasar con nosotros un mísero fin de semana en Toledo no hacías más que poner pegas: que si era mucho tiempo, que si papá se cansaba… ¿Por qué vais hasta Sebastopol y los días que hagan falta a ver a Clotilde y no sois capaces de ir a verme ni siquiera al Cine donde trabajo en el mismo Madrid? “

 

“Otro malentendido: no sabía que Toledo había supuesto tal esfuerzo para papá. Lo disimulasteis muy bien. Pensé que os lo habíais pasado bien. Siento que ya no tendremos ocasiones de viajes juntos. Siento también que, si no es por algo especial, como lo de vuestra consuegra o el trabajo de Clotilde, no hacéis nada. Me parece como si sólo os moviera lo extraordinario, las situaciones complicadas... Y esto me lleva a pensar en las atenciones a los que pensáis que están solos, enfermos... Prioridad a los débiles y pobres... También el telediario muestra sólo esa parte del mundo que parece es sólo lo que lo mueve, las desgracias (por desgracia). Pienso. Aunque pierda vuestra atención no caeré en esa trampa. A mí no me mueve el "pobrecismo", sino todo lo contrario, me aleja”.

 

“Estamos destrozados por lo que me dijiste de Toledo. Nos ha dejado sin fuerzas para planificar nada con vosotros. No tendréis que aguantar nuestras caras largas (imposible tenerla de otra manera con tanto dolor) por mucho tiempo. A lo mejor era lo que queríais. Por cierto, mi malestar emocional ahora también es físico. Llevo toda la tarde con febrícula”.