lunes, 2 de febrero de 2026

Humanizar

 


Este año el jefe nos ha regalado una cesta de Navidad. Me hizo muchísima ilusión. Hace tiempo que no recibía un regalo así de parte de mi empresa. Además, era un pedazo de cesta. Mejor dicho, un arcón preciosísimo lleno de contenido suculento. Así es que doble ilusión por el regalo en sí y por el gesto. Triple, pues la recibí en casa, con lo cual no tuve que moverme ni transportarla. Mejor dicho, cuádruple, pues la recibí con la ilusión de que te entreguen un paquete inesperado una mañana cualquiera. Tiempo después le vi y quise agradecerle el regalo, pero no fui capaz. Pensé que nadie lo hacía y me daba vergüenza. Que si lo hacía me iban a mirar mal, hablar de mí o yo qué sé. Pensar que la empresa es un enemigo (derivado, quizás, de creer que trabajamos como castigo) es de las cosas que, pienso, nos van deshumanizando poco a poco.

Esta mañana he leído un artículo de una pedagoga que en su viaje a Barcelona para impartir unas clases le hubiera gustado entablar conversación con los pasajeros que, como ella habían tenido que esperar más de la cuenta el tren. Antes, dice, se hacía eso, hablar. Ahora todos esconden su frustración en las pantallas de los móviles. Yo hace tiempo que llevo pensando que el Japón del 2008 que tanto me sorprendió ya lo tenemos aquí. No hay vagón en el metro donde veas una cara que no esté mirando una pantalla. Me da pena que cada vez se hable menos. Esto, el uso de la tecnología, también pienso nos va deshumanizando poco a poco.

Carlos me contó que en su trabajo llaman a las personas por la empresa a la que pertenecen aun sabiendo el nombre de cada uno por los muchos años que llevan juntos: los prosegur, los Esteban Rivas… Esto, pensar que las personas somos solo trabajo, también, pienso nos va deshumanizando poco a poco.

El otro día me vi un cachito de la última película de Jim Jarmusch en el que estaban contando un chiste donde la nueva pandemia mundial se llamaba Humanidad. Ojalá.