viernes, 23 de octubre de 2026

Novela de un Yo (41)

 

 

Martes. Suena el despertador (uno que activa una emisora de radio y que sólo dejan sonar un rato si en ese momento se escucha alguna canción) y el día comienza para Eneko y Daniel. No para Macarena que ya está levantada leyendo bajo la luz anaranjada después de poner a punto su cuerpo y agenda. También están seleccionadas las naranjas para el zumo. Besos de buenos días entre qué tal has dormido y estoy cansadísimo se suceden hasta que los tres se sientan a desayunar. Más tarde, también los tres, se despiden en las escaleras donde se bifurcan sus caminos con un ¡pura vida!

Macarena entra en la casa atemperada de la noche que contrasta con el frío mañanero de abril. Después de descalzarse se dirige al cuarto de arte y sobre la mesa puerta se pone a escribir tras dar un sorbo al té verde.

Lleva a cabo su plan diario mañanero. Hace tiempo que lo plasmó en una agenda y todos los años lo reescribe en la siguiente. A veces sufre alguna pequeña modificación, pero más liviana que cuando cambió de niña a adulta. Ha cumplido con sus cuatro horas divididas en: consulta de correo, escribir, asuntos caseros y lectura; con intervalos para ir al baño, calentar el té, mirar por la ventana… En los márgenes de tiempo, el que le resta de las cuatro horas, elabora la comida que ya tenía planificada también: huevos a la cubana. Huevos fritos, arroz con tomate y plátano frito. A Eneko le encanta. Comen juntos contándose sus respectivas mañanas. Eneko ha visto una película en clase de inglés, pero la quiere volver a ver porque no se ha enterado de nada ya que en ese momento estaba a otras cosas, a reírse con sus compañeros.

-Me gustaría verla con vosotros, mamá.

-Claro, hijo. En el instituto, con tus compañeros, no es la mejor situación para verla. Lo entiendo perfectamente. Niños con ganas de movimiento delante de una pantalla una hora y media cuando a lo largo del día ya se despachan de ello lo suficiente... Además, os tenéis que relacionar y, si no os dejan tiempo para ello, comprendo que lo tenéis que buscar a la mínima alteración del orden establecido de la clase. Todo normal.

Eneko escucha a su madre, quien tiene necesidad de explicarse (como hacían sus abuelos y después hicieron sus padres) las carencias del mundo educativo a cada instante, mientras come el arroz con tomate y el huevo que está como le gusta a él, con la yema hecha pero todavía con posibilidades de ser mojable. Acuerdan ver esa película, Yo robot, en la próxima sesión de cine en casa.

Después de comer Macarena descansa y lee en la cama y Eneko juega con su Nintendo Switch en el sofá gris. Antes de que llegue Daniel de trabajar se ha ido al Cine.

Atraviesa Madrid en el metro y en media hora está fichando con el dedo en la nueva maquinita que les han puesto. Ahora tendrá más controlados los descansos. También pusieron hace poco una cámara de vídeo porque a su compañero Antonio un día le robaron la mochila. No podrá hacer sus ejercicios de yoga los días que se queda a cerrar por temor a ser vista a través de las cámaras.

Hoy se han dejado una tarjeta de transporte olvidada en el baño. Macarena se la ha metido en el bolsillo. Ha dudado si dejarla en el cajón de objetos perdidos, pero finalmente no lo ha hecho. Piensa que ha hecho mal quedándose el abono transporte de una viejecita, pero va a estar más de diez días viajando gratis por Madrid y es genial. Ante el mal acto su mente lo transforma (recicla) así: una persona mayor de sesenta y cinco años paga muy poco por el transporte, seguro que no le cuesta nada volver a sacárselo y más aun siendo del barrio Salamanca. Así es que cuando ha salido del Cine se ha ido tan contenta con su nueva tarjeta que le proporcionará movimiento libre e infinito por la red suburbana.

Cuando ha llegado a casa, cerca de la una de la mañana, sus chicos dormían, Daniel roncando. Ha cerrado la puerta de la habitación y del salón para no despertarles y se ha puesto a leer bajo la luz anaranjada de su madre. Mujercitas. Un clásico de tantos que tiene pendientes de leer porque el colegio no le dejó tiempo para hacer lo que más le gustaba. El Cine le acerca esas lecturas. Hace poco se estrenó una adaptación de esta historia y ahora la quiere leer.