lunes, 20 de abril de 2026

Celebraciones

 

No recuerdo cuando empezó mi curiosidad por las fiestas tradicionales. Quizás fue una Semana Santa en Sevilla. Mi nombre viaja a ese lugar y tiempo siempre. Creo que fue a partir de ver a los nazarenos con sus capas ondeando cuando caminan deprisa para enderezar la fila, o cuando recogía cera de la que se caía de los cirios en una bola que iba agrandando todos los años, o al vivir la “levantá” de un paso con el grito del capataz, las respiraciones de los costaleros, la emoción de la gente… Creo que fue todo eso lo que me hizo atarme definitivamente a las celebraciones, al vivir, al emocionarme con la exaltación de las cosas…  Desde ahí fui tirando de un hilo invisible que me llevó a las Fallas de Valencia, los Carnavales de Cádiz y Gran Canaria, las Cruces de Granada, Los Patios de Córdoba, San Mateo en Gijón… y un sinfín de fiestas más. Me he recorrido España y parte del extranjero a través de sus fiestas. Me gustan las fiestas religiosas y las paganas, las individuales y las colectivas. Me gusta investigar sobre el origen de cualquier celebración. Me gusta celebrar mi vida: nacimiento, emparejamiento, hijos, muerte… Pienso que la muerte se tendría que celebrar tanto como un nacimiento. 

Cuando nació nuestro hijo empezamos a celebrar los cumplemeses de todos los miembros de la familia, no sólo del bebé que acababa de nacer. Este verano celebraremos su “temible estirón” (así es como hemos llamado al paso de la niñez a la pubertad). También celebro todos los años la llegada de Marchenera (nuestro coche) y el estreno de nuestra casa. También el día que me regalaron mi última bicicleta.

He observado que a la vez que voy celebrando más cosas en mi vida mi madre va descelebrando. Empezando por su aniversario de boda y ahora los cumpleaños y las navidades.

Esto me ha hecho entender que hay muchas fiestas tradicionales que se celebran por tradición y no por devoción. He aprendido que yo quiero celebrar todo por devoción. Por eso ahora celebro mi año nuevo el nueve de mayo, que es cuando nací, y en lugar de celebrar el nacimiento y muerte de Jesús celebro los nacimientos y muertes de mis ancestros. Pero no me olvido de la gente que me rodea y que celebra el año nuevo cuando marca el calendario o que celebra el nacimiento y muerte de Jesús, así es que les sigo acompañando en dichas celebraciones, aunque yo no las festeje de igual manera. Para mí un mundo ideal sería aquel en el que cada uno pudiera elegir sus catorce festivos al año. Me pone triste pensar que mi madre ha estado celebrando las navidades durante mucho tiempo sin apetecerle celebrarlas.

Hace poco leí un libro que me entusiasmó, Algo que celebrar, de Lola Mayenco. Es un libro sin fronteras. Cuando acabé de leer el libro entendí que mi mundo es un país único donde se mezclan razas, religiones, idiomas. Un lugar donde todos podemos celebrar todas las fiestas tradicionales que queramos. Lola propone para realizar en tu vida versiones del Hanami Japonés, el Songkran tailandés, el Mojonamiento peruano, el Sabbat judío… y me encanta.