viernes, 14 de agosto de 2026

Novela de un Yo (31)

  

Y así empezó el martes. Después de lavarse cara, dientes, beber un vaso de agua caliente a sorbos, estirar brazos y piernas, hacer pesas, darse crema, preparar las naranjas para el zumo y consultar la agenda, ya estaba para darse a los suyos. Sobre la mesa que separa el salón de la cocina (idea que cogió de un viaje a Estados Unidos) desayuno de tostadas con anécdota de reina palomitera.

- ¿Sabéis quién vino ayer al cine?

- ¿Quién? - dicen Daniel y Eneko al unísono.

-Leticia.

- ¡Anda! ¿Le hiciste una foto? -Pregunta Eneko.

-No… Le hice palomitas. No tuve más remedio. Se me habían acabado y el guardaespaldas se me acercó para decirme que “venían a este cine por las palomitas que hacíamos”. Total, que tuve que hacer una olla para la reina. Por eso salí más tarde. Por eso te pillé casi dormido.

- ¡Qué bueno, mamá!… ¡Hiciste una olla para la reina de España!

Cuando la casa se queda vacia Macarena se acomoda sobre la mesa-puerta junto a la ventana de la terraza a través de la cual ve los tejados de Madrid. Coloca el té verde cerca de su sillón negro giratorio sobre una enciclopedia que le regaló su tío abuelo y que ahora hace las veces de mesita. Está en la estancia que llaman cuarto de arte como contraposición al cuarto de estudio que llamaban sus padres al lugar de la casa donde pasaban más tiempo. Antes de ponerse a escribir mira por encima del ordenador la pared de enfrente donde tiene pegadas varias fotos de su hijo sobre un antiguo almizcle. Piensa en Eneko y escribe:

Herida Nº 35:

-Cuando traías a Eneko a casa más de una vez te dije que vinieras antes para poder hablar y nunca podías.

- No recuerdo eso, mamá. De todas maneras, ¿por qué siempre con Eneko de por medio? ¿Por qué la excusa tenía que ser siempre Eneko? ¿Por qué no podíamos quedar en otros momentos?

-Ay, hija, no sé, porque surgía así…

-Otra pregunta que tengo es ¿por qué siempre que dejaba a Eneko en vuestra casa, avisabas a Clotilde para que fuera a verle sin decirme a mí nada antes ni al día siguiente de que había estado con él? Que también lo ocultabais hasta cuando iba Daniel a recogerle. Que siempre se iba antes de que apareciera…. Como si no quisierais que nos enteráramos de que había estado Clotilde con Eneko. Y otra pregunta con relación a esto es ¿por qué siempre que hacéis planes con Eneko llamáis a Clotilde para que se una a vuestro plan y a mí no me incluís? No lo entiendo. En definitiva, no entiendo por qué la relación o no relación que tenemos ahora tiene que ser en función de Eneko.

-Ay, hija, yo no lo veo así. Lo que veo es que cuando no podíamos cumplir con lo que querías que hiciéramos con él, esto nos ha impedido comunicarnos con normalidad. Siempre hemos temido hacer algo mal.

-Vaya, siento que os haya impedido comunicaros conmigo el hecho de querer lo mejor para mi hijo. Yo también recuerdo una escena contigo y la abuela. Tendría yo unos diez años. En la puerta de la casa de Donoso Cortés. Dijo: "esta niña tiene que jugar más" y tú contestaste: "anda, mamá, calla" o algo así. Te cuento esto para que veas que padres y abuelos muchas veces criamos diferente. Sí siento que a veces, quizás, no os lo he dicho de buena manera. Lo siento.

-Pues sí, debe ser eso, hija. Ahora estáis mejor formados que lo estábamos nosotros. Ahora sabéis más y mejor. Nosotros teníamos hijos como algo normal que hacía todo el mundo.

-Pues deber ser eso, mamá, que somos de generaciones diferentes, tiempos diferentes, circunstancias diferentes, como tú dices.

Macarenita se reclina sobre el sofá orejero del rincón donde se han sentado en el nuevo Rodilla de su barrio. La madre frente a ella baja la cabeza y remueve con la cuchara en la taza de la manzanilla que no tiene nada que remover porque no le echa azúcar. A continuación, tras un suspiro sonoro apoya la cabeza sobre la pared empapelada con flores blancas sobre fondo violeta frente a su hija.

Los de Rodilla tienen asientos que parecen cada uno sacados “de su padre y de su madre”:  sillas colegiales se mezclan con antiguos sillones de barbero y sofás de polipiel pelados. Es como las familias, como los hijos, llegados de padres y madres que son diferentes, nacidos en diversas circunstancias, venidos al mundo como “algo normal” o extraordinario…

Macarena levanta la vista de la pantalla del ordenador para fijar esa idea en su cabeza. Los tejados de Madrid que dan al río Manzanares le hacen imaginar familias diferentes en tiempos diferentes. Algunos tejados echan humo, otros no, porque la primavera también es así: fría para unos, calurosa para otros. Mezcla de ropa, flores, naturaleza, fruta…

Se le pasa la mañana enseguida y tiene que hacer la comida. Unas patatas a lo pobre para acompañar el rabo de toro que ha descongelado, el que le dio su suegra hace quince días. Eneko llega hambriento del colegio y se lo come en un periquete. Para el Cine se lleva una berenjena al estilo Cristina.

El metro se ha parado demasiado en Sol y llega dos minutos tarde. Isidro le hace una mueca. Se lo esperaba. Sin cambiarse se adentra en la taquilla y después de meter la clave en el ordenador empieza a despachar. Hoy hay jaleo por ser martes. Las personas mayores de sesenta y cinco años sólo pagan dos euros. Lo bueno que tiene ese día es que los títulos bailan al antojo de los ancianos: Abre los ojos en lugar de Cierra los ojos, Emilia López en lugar de Emilia Pérez…. Macarena sonríe a cada equívoco y sigue despachando. Le gusta imaginarse que la sala en la pantalla del ordenador es un videojuego donde va colocando las piezas que son las personas. Rojas las ocupadas, verdes las libres. Otro de sus entretenimientos cuando está en la taquilla es observar la vestimenta de la gente y apuntarse en la cabeza ideas que le gusten, como aquella chica con pines en la solapa de su cazadora vaquera.

Recaudar el dinero, apagar el ordenador, cambiarse, despedirse de sus compañeros y marchar. El metro cada vez está más lleno. Ya no importa las horas del día a las que se coja, piensa.

Antes de acostarse y aprovechando que sus chicos duermen se sienta en el sofá gris y se pone en la televisión un cachito de El mapa de los sonidos de Tokio.