
Nunca he llegado a ser mileurista. Ni falta que me ha hecho. Y no por suerte de que me haya tocado la lotería, ni por haber heredado, ni porque me mantengan, ni porque tenga un trabajo con un sueldazo… etc, sino porque no lo he necesitado. No he necesitado cobrar mil euros o más.
Hace años publicaron en un periódico
un relatito sobre mí. Aquí transcribo un extracto:
“Desde que recuerdo, siempre he
querido tener una casa”. Tras salir de la adolescencia se propuso buscar un
trabajo y reunir un millón de pesetas. “Pensaba que era una locura ahorrar para
una casa con tan pocos años, pero tampoco entendía a mis amigas cuando venían
con unos Levi´s nuevos o con unas Nike”. Aunque se licenció en Comunicación
Audiovisual, ser taquillera es una forma de sacar dinero y de vez en cuando ver
trozos de películas. “Soy hija de profesores y mis padres tenían otras
expectativas conmigo. No me lo dicen a las claras, pero lo intuyo. Una vez me
comentaron: nos sorprende que te conformes con eso. La frase se me quedó
grabada”. Terminará de pagar los 46 metros dentro de 13 años. A pesar de la
deuda, no se siente atada, planea recorrer mundo, aunque conservando ese
refugio mágico.
Ha llovido desde entonces sobre el mundo que he recorrido. Tuve
una letra cómoda de pagar gracias a la ayuda de mis padres para la entrada (aunque sin
ella me hubiese comprado la casa igualmente), y con mucho menos de mil euros al
mes en el año 2000 ya tenía casa propia y vivía independiente. Alquilaba una
habitación y eso me ayudaba a ahorrar, cosa que nunca dejé de hacer. Así, antes
de que venciera la hipoteca conseguí pagar mi casa. Después me emparejé y tuve
un hijo, lo que originó más gastos en mi vida. Pero como ya no tenía hipoteca, ese
dinero fue el que destiné posteriormente a mi familia. Mi pareja y yo dedicamos la misma cantidad para los gastos comunes. Otra
cosa me parecería injusto. Divido mi sueldo en cinco partidas (gracias, David,
por enseñármelo): dinero común (comida, suministros, coche, seguros, hijo…); gastos
ordinarios (caprichos, ocio…); gastos gordos (viajes, médicos…); regalos y
ayudas (compras y ayudas a los demás); ahorros. He cobrado siempre en torno a
los setecientos euros y después de liquidar todos los gastos mensuales ¡hasta a veces me sobra!
Cada año casi todo sube de precio
y yo compro menos. Desde que cumplí los cincuenta no me compro nada. https://macarenamenasantos.blogspot.com/2025/01/me-jubilo-de-comprar.html
Antes comía un menú por diez euros y ahora lo hago por quince, pero como no me
compro cosas, el dinero que antes empleaba en eso ahora
lo empleo en comer o tomar algo fuera.
Cada año mi sueldo aumenta un
poquito y yo he ido reduciendo las horas de trabajo. Ahora gano lo mismo que
ganaba hace años trabajando cinco días a la semana en lugar de dos que trabajo
ahora. Antes tenía menos tiempo para escribir, viajar, estar con
gente..., pero como ahora trabajo menos horas el tiempo que antes empleaba en
trabajar ahora lo dedico para todo eso.