viernes, 25 de septiembre de 2026

Novela de un Yo (37)

 

 

 

Lunes. Eneko se ha despertado cuando ella ha entrado en su habitación a coger un libro. Al principio era sólo el llamado por ellos Cuarto de arte, el lugar donde almacenar los libros ordenados por género y alfabeto, ahora éstos se extienden por otros lugares de la casa como el armario de su hijo o el botiquín del cuarto de baño. A pesar del sigilo con el que lo ha hecho, el hilo invisible que los une desde hace catorce años vibra ante su cercanía. El hijo se ha dado la vuelta y puesto el cojín de Mario Bross encima de la cabeza para seguir durmiendo mientras la madre entornaba la puerta. El insomnio que le produce su estado menopaúsico la ha hecho amanecer muy pronto. Aprovecha esas horas en que la casa está en silencio para leer con la luz anaranjada de la lámpara que le regaló su madre. Todavía es de noche. Cuando se está arropando con la manta de Iberia para estar más a gusto, Eneko se levanta a darla un beso, pero después de ir al baño se vuelve a la cama. También se encuentra en un estado especial por hallarse en la adolescencia, aunque de otra consistencia distinta a la de su madre. El sueño es lo que les diferencia y a su vez les une por tenerlo alterado en ambos casos.

Zumo, desayuno en familia y acicalarse para acompañar a Eneko hasta la mitad del camino al instituto y a continuación hasta el metro donde Daniel junto a más ejecutivos con calvície es succionado para ir a la oficina. Esta vez también le ha dado tiempo a abrir las ventanas de casa antes de salir. Cuando regresa y cierra todo dejan de escucharse las desbrozadoras del Madrid Río y los coches de la M30. Es entonces cuando empieza el golpeteo de sus dedos sobre el teclado. Sigue con los mensajes de su madre. Los revisa, escudriña cada palabra, cada pensamiento, se pone la mano en el pecho y lo baja todo al sentir para después hacer con ello una pelota y tirarlo a la basura. Eso espera.

 

“Me pregunto si estás esperando porque crees que con el tiempo se me pasará el enfado. Como hacíais cuando era pequeña. Como hace Clotilde, que después de lo de Sevilla y sin haberse disculpado, me habla como si nada. Lejos de mejorarlo, creo que tu falta de atención, lo agrava.

Otra vez la misma situación que se repite...  Te olvidas de mí, te lo digo porque me duele y tu silencio.

Me pregunto si harías lo mismo si estuviera enferma de cáncer. Si te olvidarías de mi en un viaje, una comida, una quedada... Si no me llamarías, ni me escribirías, ni leérias y ni me contestarías los mensajes.

Pienso que ha sido una liberación para ti que no vayamos en Navidad. No me llegan tus ganas de pasar ese día con nosotros: ni cuando me lo dijiste ("pues venís en Navidad", como dándolo por hecho, en lugar de preguntar. Te recuerdo que soy adulta con familia propia), ni cuando te dije que no iba. No me llegan tus ganas de hacer nada con nosotros, por eso te olvidas.

Puntualizo lo de Clotilde: no es que yo quiera que se disculpe si no lo siente así (como ya intentó porque se lo habías pedido tú diciéndome "que no sabía por qué me tenía que decir lo siento"), pero no quiero que me hable si soy una extraña para ella como repite de continuo.

Añado: desde que empezaste a hacer de intermediaria para que vea a Eneko, aún más. Nunca me llamó ni llamasteis para ir a comer al Vips o para ir al Cine. En definitiva, para cualquier plan que hacíais con Eneko las dos. De nuevo pensabas por mí (que no podía) y de nuevo Clotilde me ignoraba. Y encima dices que soy yo.

Dices que no sabes improvisar y lo estás haciendo continuamente, como cuando Clotilde te llama porque se pasa a ver a papá. Entiendo que te cueste más improvisar para tres personas, pero no siempre estoy con Daniel y/o Eneko, y si fuera así, puedes no improvisar y planificar. Es otra opción para pasar tiempo juntos, aunque no me pase a ver a papá porque no me sale por tener otra vida y personalidad distinta a Clotilde, otras experiencias con él... etc. Claro que por eso igual a vosotros tampoco os sale, como me dijiste el otro día. Amor condicional. La pescadilla que se muerde la cola. Feliz Noche Buena.

Me dice Eneko que le has dicho que no vas a leer mis mensajes. No te puedes imaginar lo que me ha dolido (una vez más). He subido llorando a la comida en casa de mis suegros. Y encima dices que no hay nada que NO QUIERAS VER y te sigues quejando de la "mala suerte" que has tenido con las cataratas.

¿Y no entiendes que no mire a papá (expresión que usó la tía) cuando afirmas que mis opiniones y comentarios te constriñen y te alejan de mí? Te recuerdo que él fue el que me dijo "menos da una piedra" cuando conseguí mi primer trabajo, "harás lo que yo te diga mientras vivas en mi casa", etc, etc, etc. Por no hablar de su actitud, que ni se levantaba del ordenador para saludarme cuando iba a vuestra casa, o me daba un grito por menos de nada... Todo el mundo se puede equivocar y no paramos de crecer nunca, pienso. También se puede decir "lo siento". Es necesario. Pienso.

Me pregunto cómo puedes haberme abandonado. Cómo una madre puede abandonar a su hija. Cómo es capaz de no llamarla, leerla, escucharla, responder. Quisiera pensar que no existes para que no me duela tanto.

Son casi las dos de la madrugada. Acabo de llegar del Cine. Pienso, de nuevo: Eneko me comentó que le habías dicho el día de Navidad que Clotilde le quería ver. No recuerdo ni una sola vez que me haya querido ver a mí. Así dice y hace siempre: el resto no existimos. Como te dije desde que se fue de casa (aunque en realidad nunca se ha ido) se olvidó de mí, agravado aún más cuando nació Eneko, y encima tú te conviertes en su cómplice-intermediaria y dices que soy yo la que no la hablo. El colmo. Como puedes estar tan ciega que NO LO QUIERES VER.

Sigues haciendo lo mismo desde hace tiempo: evitarme para no tener que contar conmigo. Mientras no me incluyas en tu vida, no puedo pertenecer a la tuya. ¿Cómo puedes ignorarme de esta manera?

Dices Sí a todo lo que te digo cuando te hablo (a veces cortándome, como el último día, para que no siga o me calle), como haciéndome entender que me comprendes y/o que te estás enterando de lo que te digo, y luego no haces nada de eso que te digo y pareces entender.

Hoy ha llamado Clotilde. Me ha dicho que le recuerde a Eneko que le habéis llamado varias veces. Le tenía que haber contestado que te dijera que yo te he escrito otras mil tantas veces y tampoco me haces ni caso.

¿Por qué me has abandonado? No entiendo a la madre que abandona a una hija/o. Qué dolor.

¿Por qué no quieres leerme? Cuando te llame por teléfono, te quedarás sorda.

Te has cargado mi relación con mi tía y primos, a quienes nunca volveré a ver. Así como las celebraciones y rituales que compartíamos en familia. Jamás me contestaste a la pregunta de por qué dejamos de celebrar el trece de agosto o por qué no podíamos ir en Reyes a Sevilla en lugar de Nochebuena.

Me pone muy triste que sigas haciendo lo que te expliqué me hacía sentirme no querida. ¿Por qué sigues haciendo planes con Eneko, Clotilde... etc sin incluirme? ¿Por qué te olvidas de tu hija mayor?

¿Hasta cuándo va a durar tu silencio? Es una agresión muy dura y grave lo que estás haciendo: retirarme la palabra. Ignorarme.

Explícame, por favor, por qué hasta hoy, diez de enero, desde el veinticinco de diciembre que sabes que te había escrito, no me has llamado para decirme que no ibas a leer mis WhatsApps y que prefieres que te lo diga en persona.

Mañana te llamo y te leo por teléfono todos lo que te he escrito en estos días. Estoy hasta las narices de tenerlo que hacer como tú dices. Nunca me lees ni me contestas. Sólo una vez hiciste el esfuerzo. Yo hago un terrible esfuerzo cada vez que quedo contigo para hablar. Y ya hemos quedado varias veces. Te llamaré mañana, aunque igual me dices que no puedes oírme.

A partir de ahora, hasta que me digas lo contrario, no te escribiré más WhatsApps y tampoco esperaré los tuyos.

Estoy muy cansada, triste, desilusionada, enfadada... Ya no puedo más.

¿Tan difícil es que me tengas en cuenta?

Llamas "pronto" a cuando papá no quiso ver las fotos de nuestro viaje aquel día. Y así lo justificas. Supongo que si yo un día no quiero hacer algo con vosotros también puede ser un “pronto” y no me lo tienes por qué reprochar como has hecho hoy. Vuelvo a decir que lo que me recrimináis lo hacéis vosotros también.

Cada vez que te comento algún malestar mío, me sacas uno tuyo. De esa manera nunca me siento comprendida ni apoyada. Imagínate que cada vez que vas al médico éste te contara una enfermedad suya sin hacer caso de lo que le cuentas tú. Pues igual me siento yo. El otro día lo volviste a hacer toooodoooo el rato.”

 

Cuando su hijo llama al telefonillo como si fuera un piano, deja de escribir y se levanta a contestarle en modo morse. Llega sudando, que han tenido Educa a última hora. Para su sorpresa no viene a comer, sino que coge la bola, cómo llama a la de baloncesto ahora, para irse a las canchas donde ha quedado con sus amigos. Eneko empieza a despegar cuando Macarena también lo hace para dejar de ser mendiga del amor de su madre. Parece que tienen adolescencias paralelas, aunque una ya es adulta y el otro todavía un niño.

En el Cine cuando ha terminado el descanso ha llegado La Tauro que es una clienta habitual que se mete a ver trozos de películas cuando ha visto empezada una o se ha tenido que salir antes de alguna otra. Quería ver el final de Mujeres en el parque. Un día tuvo una conversación con ella que la dejó incómoda: “que ella se había dado cuenta hace mucho que la Universidad no servía para nada.”

Cuando llega a casa le da vueltas a la idea de La Tauro.