jueves, 30 de julio de 2026

Novela de un Yo (29)

 


 

Domingo. Hoy comen con los yayos, los padres de Daniel. Macarena siente admiración por la matriarca de esta familia. Le gusta observar cómo trabaja la familia, cómo organiza su vida en función de los suyos y cómo consigue que ninguno se sienta no querido. Nada más llegar ven la mesa en el centro del salón repleta de especialidades. Cada una dedicada a uno de ellos: las patatas con mejillones y las salchichas de Eneko, los boquerones en vinagre y el pescado en adobo que tanto le gustan a Daniel y el queso y la ensalada de tomates de Macarena. Además, les tiene preparado para llevarse a casa un paquete con tres palmeras de chocolate, “para que desayunéis mañana”, y “la sorpresa de la terraza”, un detalle que da a cada nieto cada vez que van a visitarles. Puede ser un muñeco pequeño de goma, un sobre de cromos, un juego de mesa en miniatura… Lo que va recopilando a lo largo de la semana de las tiendas por las que pasa en sus paseos a la compra. Comparten una comida agradable poniéndose al día de las historias de la familia. Cuatro hijos, cuatro familias y muchas historias. Cuando vuelven a casa, Macarena no puede evitar escribir:

Herida N.º 33:

Carmen, una prima de la madre de Macarenita que vive en Arenas de San Pedro, la llama para decirle que va a casa de sus padres a comer el sábado, que también va Clotilde. Macarenita la escucha y se le paraliza el corazón al instante. Otra vez más. No entiende por qué su madre no le ha invitado a ella. Por qué invita a Clotilde y a ella no. Cuál es el origen de esa diferencia de trato. Cuando habla con su madre que le ha llamado por teléfono para preguntarle una cosa, se lo comenta:

-Hola, soy mamá, mira te quería preguntar si tú quieres una plancha de hierro antigua que tengo de la abuela.

-Sí, claro, mamá, me encantaría.

-Vale, te la limpio y te la guardo.

-Oye, yo tengo otra pregunta: ¿cómo es que no me has invitado a la comida que hacéis este sábado con Carmen? Me ha llamado y me lo ha dicho.

-Ay, hija, bueno, pues no sé… Como estás así últimamente… que parece que todo te molesta…

-Y más que me va a molestar, mamá, si no me invitas. ¿Puedes pensar cómo me siento por un instante? No me incluyes en la familia. No sé qué te pasa conmigo. Vais a comer fuera y nada, a desayunar al Vips y nada, al teatro y nada, a un concierto y nada…. ¿Me lo explicas?

De nuevo del auricular telefónico salen imágenes proyectadas que Macarenita ve en la pared de su casa: un médico en bata blanca, una bailaora de flamenco, un reloj que marca las nueve de la mañana en punto…. Todas son imágenes de excusas que su madre le está poniendo. El color rojo de la pared del salón no consigue sobreponerse a ellas. Esta vez la película se titula: La excusa.

Escribir esta escena le ha provocado malestar. Todavía le duele sentirse rechazada. A pesar de todo el recorrido que lleva hecho investigando sobre las causas de su herida, ha descubierto que cavar en el yacimiento arqueológico no le ayuda demasiado. Colocar los huesecillos en orden cronológico para recomponer a Macarenita no alivia el escozor que sigue sintiendo en el corazón.

 

“Otra noche más de no poder dormir con el malestar que me genera tu silencio. Conforme van pasando los días, peor me siento. Siento que se me está enquistando este tema y que cada vez que algo me lo recuerda sangro.

El sábado pasado invitaste a Carmen a comer. Me llamó, me lo dijo, por si yo podía ir. Me pregunto por qué no me lo dijiste tú. Independientemente de que pudiera o no, me apetezca o no, creo que había quedado claro que me sirve (para no sentirme rechazada) que me hagas partícipe de planes familiares. 

He vuelto a pensar en todo lo que pasó cuando os olvidasteis de mí al ir a Sevilla. El que Clotilde os preguntara si me habíais llamado para contarme que había muerto el tío Pedro, no quiere decir que se acordara de mí para ir a Sevilla. En ningún momento nadie propuso ir a buscarme para que me uniera al viaje. Cuánto duele”.

 

Por la tarde lee junto a la ventana del salón mientras Eneko hace deberes y su marido ve un partido de baloncesto. Le gusta la relación que tiene Calpurnia con su abuelo. Piensa en la relación que tiene Eneko con los yayos (los padres de Daniel) y la relación que tiene con los abuelos (sus padres). Muy distintas ambas. Con unos parece que está en continua guardia y con otros en continua broma. Quizás tenga que ver con la relación que Daniel tiene con sus padres y que ella tiene con los suyos. Aunque en realidad sabe que no es así.

 

 No sé si todo esto te explicará o te aclarará algo. Lo he hecho malamente como he podido, con más dificultades de las que quisiera, porque nos importas y eres nuestra hija y aunque pienses lo contrario te queremos.

Y yo te lo agradezco el esfuerzo. Aunque me llega tarde, casi dos meses después de haberte escrito yo. Que durante este tiempo lo he pasado muy mal, he estado muy triste pensando que no era tu prioridad de este momento, que bastante tenías con papá, con Clotilde a la que siempre creéis más sola... Pensaba que si te importaba me llamarías para, en lugar de escribir, aclararlo por teléfono. Que ni siquiera sabía si te había llegado...

Como sé que pones atención a las enfermedades, me sale decirte que ayer tuve que ir al fisio porque tengo la espalda llena de contracturas y el cuello fatal. En Navidades casi no lo podía mover. Que pienso todo se ha producido por mi necesidad de ser incluida y tenida en cuenta no satisfecha. Lo de Sevilla fue un varapalo muy grande y últimamente me ha afectado mucho lo de la comida que hiciste con Carmen y lo del cumpleaños del tío. Me siento muy desplazada por parte de la familia.

Si te resulta muy complicado volver a contestar este mensaje, (creo que han quedado todavía muchas cosas por resolver), puedes mandarme mensajes de voz al móvil o llamarme (intentaré controlar mi pronto).

Besos.”