No recuerdo cuando empezó mi
curiosidad por las fiestas tradicionales. Quizás fue una Semana Santa en
Sevilla. Mi nombre viaja a ese lugar y tiempo siempre. Creo que fue a partir de
ver a los nazarenos con sus capas ondeando cuando caminan deprisa para enderezar
la fila, o cuando recogía cera de la que se caía de los cirios en una bola que
iba agrandando todos los años, o al vivir la “levantá” de un paso con el grito
del capataz, las respiraciones de los costaleros, la emoción de la gente… Creo
que fue todo eso lo que me hizo atarme definitivamente a las celebraciones, al
vivir, al emocionarme con la exaltación de las cosas… Desde ahí fui tirando de un hilo invisible
que me llevó a las Fallas de Valencia, los Carnavales de Cádiz y Gran Canaria,
las Cruces de Granada, Los Patios de Córdoba, San Mateo en Gijón… y un sinfín
de fiestas más. Me he recorrido España y parte del extranjero a través de sus
fiestas. Me gustan las fiestas religiosas y las paganas, las individuales y las
colectivas. Me gusta investigar sobre el origen de cualquier celebración. Me
gusta celebrar mi vida: nacimiento, emparejamiento, hijos, muerte… Pienso que
la muerte se tendría que celebrar tanto como un nacimiento.
Cuando nació nuestro hijo
empezamos a celebrar los cumplemeses de todos los miembros de la familia, no
sólo del bebé que acababa de nacer. Este verano celebraremos su “temible
estirón” (así es como hemos llamado al paso de la niñez a la pubertad). También
celebro todos los años la llegada de Marchenera (nuestro coche) y el estreno de
nuestra casa. También el día que me regalaron mi última bicicleta.
He observado que a la vez que voy
celebrando más cosas en mi vida mi madre va descelebrando. Empezando por su
aniversario de boda y ahora los cumpleaños y las navidades.
Esto me ha hecho entender que hay
muchas fiestas tradicionales que se celebran por tradición y no por devoción. He
aprendido que yo quiero celebrar todo por devoción. Por eso ahora celebro mi
año nuevo el nueve de mayo, que es cuando nací, y en lugar de celebrar el
nacimiento y muerte de Jesús celebro los nacimientos y muertes de mis
ancestros. Pero no me olvido de la gente que me rodea y que celebra el año
nuevo cuando marca el calendario o que celebra el nacimiento y muerte de Jesús, así es que les sigo acompañando en dichas celebraciones, aunque yo
no las festeje de igual manera. Para mí un mundo ideal sería aquel en el que
cada uno pudiera elegir sus catorce festivos al año. Me pone triste pensar que
mi madre ha estado celebrando las navidades durante mucho tiempo sin apetecerle
celebrarlas.
Hace poco leí un libro que me
entusiasmó, Algo que celebrar, de Lola Mayenco. Es un libro sin
fronteras. Cuando acabé de leer el libro entendí que mi mundo es un país único
donde se mezclan razas, religiones, idiomas. Un lugar donde todos podemos
celebrar todas las fiestas tradicionales que queramos. Lola propone para
realizar en tu vida versiones del Hanami Japonés, el Songkran tailandés, el
Mojonamiento peruano, el Sabbat judío… y me encanta.