Sábado. Se levanta emperezada
y cansada. Ha soñado de nuevo que discutía con su madre y esto hace que no haya
tenido una noche reparadora. Para recuperarse, no tiene más remedio que ponerse
a escribir, que así sale todo.
Herida N.º 17:
Parque
de Aluche. Llegan su madre y hermana muy arregladas, pintadas como puertas y
calzando tacones. Por lo visto van a un concierto. Macarenita ha llamado a su
madre porque estaba por allí. Ha ido a hacer unas compras al centro comercial que
está al lado del parque y como sabe que había llegado su hermana de Suiza
quiere aprovechar para verla. Más tarde se lamentaría de haberlo hecho.
-Vaya,
vaya… Con que, a ver a Sabina, ¿eh? Y yo que creía que ya te habías quitado de
esos saraos, mamá. Como me dijiste que te agobiaba ir a sitios multitudinarios…
-Bueno,
hija, es que tu hermana me ha regalado la entrada al concierto….
-Sí,
lo sé, ya me lo has dicho. Yo también te quise regalar una a un concierto de
Mocedades y me dijiste que no.
-Ay,
hija, ya estás como siempre… Mira, el sábado que viene voy a ir con tu hermana
a tu Cine con tus entradas…
-
¿Cómo que vais a ir a mi Cine con mis entradas…? Esas entradas eran para que fuerais papá y
tú…
-Ya,
bueno, papá no tiene muchas ganas…
-
¿Cómo que no…? Si a mí me dijo que quería ir…. Si le pregunté expresamente para
eso, para ver si le sacaba entrada….
-Ya,
pues ahora dice que no sabe…
-Luego
le llamo.
Después
de un rato de dolorosa conversación las ve alejarse hacia el metro y llama a
su padre:
-Papá,
¿tú quieres ir al cine a ver la película de Charlot con concierto en directo
que te dije? Es el sábado que viene.
-Sí,
claro, con tu madre.
-Vale,
papá, era lo que quería saber. Un beso.
-Un
beso. Adiós.
Cuando pone el último punto
final suena el teléfono:
-Hola hija, soy mamá. Mira, que
te llamaba para preguntarte si puedes venir mañana a comer. Sería pronto, a la
una.
-Ah, vale, es verdad, que es
tu cumpleaños. Me parece bien, no me importa comer pronto.
Según cuelga se queda
pensando. Le extraña esta llamada de su madre, pues había dejado de celebrar su
cumpleaños hace tiempo. Le extraña también la hora a la que la ha citado…
Aunque a lo mejor ha tenido en cuenta su horario de trabajo, pero en realidad
eso es algo también extraño en ella… Es todo muy extraño, piensa. Seguro que le
monta una escena.
Se dirige a la cocina para
abrir el frigorífico mientras sigue pensando. Con las cuatro cosas que tiene se
hará una tortilla. Vuelve al salón para recoger la bandeja mesa, el ordenador y
la taza. Casi es la hora de prepararse, así es que repasa el contenido de la mochila asegurándose
que esté en ella la sudadera de la R. Esta noche cuando regrese la meterá en el cesto
de la ropa sucia porque mañana empieza un nuevo mes.
“Te
quería decir que no me gustó nada cómo te apropiaste de la entrada de cine que era para papá sin preguntarme antes. Me dolió mucho.
Como siempre haga lo
que haga, mal. Siento haber cogido la entrada de cine que era para papá. Él a
bote pronto no le apeteció ir y me la ofreció. Ya le diré que nunca me la
vuelva a ofrecer ni yo la aceptaré. No sabíamos que te podía molestar. No
volverá a suceder. LO SIENTO.
Vaya. Siento que tengas esa
sensación de que me parece mal todo lo que haces. La próxima vez, si es que la
hay, me puedes preguntar antes para que no me siente mal. Como dije, me hacía ilusión
que fueran los dos. Papá no me dijo EN NINGÚN MOMENTO que no quisiera ir. Igual
me lo tenía que haber dicho él antes de ofrecértela a ti. Fue a él a quien le
pregunté primero si les apetecía el plan de ir a mi Cine y parecía encantado.
Leer lo que dices sobre este tema me pone triste de nuevo.
En relación a las llamadas de teléfono te quería aclarar una cosa. No es que me siente mal que me llames cuando no puedo hablar, sino que no puedo hablar y si tu intención es hablar conmigo no lo podrás hacer. Tú decides si quieres hablar conmigo o seguir quejándote de que todo me parece mal.
Tú decides si quieres seguir relacionándote conmigo repitiendo las cosas que me pueden sentar mal o no.”
La jornada se desarrolla sin
sobresaltos. En el descanso, esta vez en lugar de festival del humor, debate:
discusión acalorada sobre si bajarte películas de internet es robar o no. Macarena no lo tiene claro. Pensará en ello. Tras despedirse de
sus compañeros se va a casa en bicicleta atravesando Madrid de noche, pensando
en si cuando ella comparte cosas también está induciendo al robo de esos
productos. Cada vez le cuesta más subir la bicicleta hasta el segundo piso. Más de
una vez ha pensado dejarla atada en el patio del edificio, pero teme que se la
roben, a pesar de que el candado que se trajo de Italia es muy bueno. De hecho,
ya le dijo su amigo Rashid que valía más que la bicicleta. Después de lavarse
los dientes, la cara y ponerse el pijama sobre su cuerpo desnudo de letras, se
enfunda en el saco y se pone a leer. Tiene ganas de acabar Guerra y Paz
y empezar el siguiente. Le gusta el instante de empezar una nueva lectura:
elegir el título cuidadosamente, meterlo en la bolsa que ella misma confeccionó
para sus lecturas (donde guarda un bolígrafo para apuntar las palabras que no
conoce, lápiz para subrayar, linterna para leer cuando está en la cama y cajita
con chocolate negro para ocasiones especiales) y coger al azar un marcapáginas
donde apuntará todos los vocablos nuevos. Cuando lo termina busca todas esas
palabras en el libro mágico, como le gusta llamar al diccionario.
“Tú
misma me lo has dicho, que, por estar sola, enferma y sin trabajo fijo habéis
estado más pendiente de ella. Tengo la sensación de que nunca has tenido tiempo
para dedicármelo plenamente. Igual mi primer año de vida, sólo. Por eso no
hemos tenido más "paseos", ni más nada. Las otras ocupaciones te
ocupan. Y lo entiendo. Como te he dicho antes, quizás esa carencia maternal ya
no se puede cubrir.
Pero
entonces, no me juzguéis por mi poca atención hacia vosotros porque no me sale
daros más. Si no me atiendes más por lo que sea, deja de tachar mi
comportamiento de falta de atención hacia vosotros.”
“Cuando os invité a mi Cine,
quisiste dar la entrada de papá a Clotilde sin mi permiso. Al quejarme dijiste
que papá no quería ir al centro. Le llamé para preguntarle si había cambiado de
opinión (dado que cuando se lo pregunté la primera vez el plan le hacía mucha
ilusión) y resulta que en ese momento que le llamé estaba en el CENTRO porque
iba a un concierto contigo y con Clotilde (al cual, por cierto, yo no fui
invitada). ¿Por qué me dijiste que papá no quería ir al centro? ¿Por qué no me
preguntaste si le podíais dar su entrada a Clotilde? Sentí que me
mentiste y que no contasteis conmigo, ni para el plan del concierto, ni para
gestionar mi entrada.
Lo de las entradas de tu cine
estuvo mal. Papá dijo una cosa, luego dijo otra. No debimos utilizar tu entrada.
No ocurrirá más. Lo siento.
Por
fin, lo sientes. Me parece increíble que te cueste tanto ver lo que yo te
cuento, sentirlo, reconocer tu error...
Además, pienso que esto ha venido provocado y agravado por la espinita que tengo clavada porque nunca venís a mi Cine, ni
ahora ni antes. Por más que me has explicado por qué, no lo entiendo y me sigue
doliendo.”