viernes, 6 de noviembre de 2026

Novela de un Yo (43)

 

Llega el día en cuestión, sábado. Van a comer. A pesar de que se plantea cada encuentro con sus padres como si entrara en un santuario donde las palabras son sagradas para cuidar muy mucho todo lo que salga de su boca, vuelve a irse de esa casa con malestar.

-Oye, mamá, ¿sabes si estará libre la casa de la sierra la primera semana de julio?

-Sí, no. No está libre. Se va a quedar una de las nieta de tu tía, que ha encontrado trabajo por allí.

-Anda, pues nosotros queríamos ir la primera semana de julio.

-Pues es que va a estar ella.

-Bueno, pues compartimos, ¿no era esa la norma que impusisteis la tía y tú cuando Clotilde estuvo viviendo allí?

-Vale, se lo digo. Lo que no sé es si ella querrá compartir contigo.

-Bueno, mamá, pues tendrá que hacerlo. Te recuerdo que a mí me obligasteis a compartir la casa con Clotilde a la fuerza y me pusisteis verde porque no quería.

-Ya, pero las cosas cambian…

-Otra de mis frases. Ya veo cómo las usas cuando te interesa…

Macarena tiene de nuevo el corazón encogido, la herida sangrando y muchísimas ganas de salir de esa casa. Sigue comiendo hasta acabarse los tres platos con los que intenta llenarse para no sentir nada. Cuando acaban, Daniel, Eneko y ella se despiden. Forman un equipo perfecto en el que apenas son necesarias palabras en situaciones así. Si se quedan va a ser peor y los tres lo saben. Ya no aguantan más escenografías. Al principio hasta Eneko se divertía, pero ahora le puede el hecho de ver a su madre destrozada.

En casa, nada más llegar, Macarena necesita escribir y sentada frente al ordenador transcribe antiguos mensajes del teléfono móvil:

 

“Mamá me ha dicho que están pensando pasar los Reyes en Asturias estas navidades. Me siento dolida. Me parece injusto, pues cuando hace unos años yo propuse pasarlos en Sevilla, ella dijo que Los Reyes siempre los pasaban en Madrid y ahora que a mi hermana le viene mejor en Asturias para allá que se van. A mí también me venía mejor ese año, pero nadie aceptó mi idea".

“Acabo de ver un trozo de una película donde la hija le dice al padre: me duele que no te intereses por mi vida. Me ha recordado a ti (en el papel del padre). Sigues sin querer saber, ver, nada de mi vida y me duele. Eres la persona que conozco que menos sabe de mi vida actual.

Me pregunto cómo puede ser que desde hace un mes no nos hayamos visto viviendo como vivimos en la misma ciudad, barrio casi. No me creo que no hayáis hecho nada en todo este tiempo por mucha enfermedad y desgracias que os acechen. Sigues igual, sin incluirme en tu vida. Busco respuestas, pero sigo sin encontrarlas.

Ayer cuando pasamos por vuestra casa en nuestro camino a la Renfe, no os llamamos. Por miedo a esas no respuestas, por miedo a descubrir que de nuevo no estoy en vuestra vida.

Mañana nos unirá por unos minutos una mochila de Eneko. Esa es nuestra relación desde hace mucho tiempo. Porque yo no estoy sola, ni enferma y tengo trabajo fijo (aunque esto no sea verdad).

Mañana cumplo lo que ofrecí, ayudar con papá, sin haber cumplido tú lo tuyo: tenerme en cuenta en los planes. Me has vuelto a herir no diciéndome que ibais a Arenas. Hasta que no me incluyas en tu vida no me vuelvas a llamar para ayudaros en nada.

“Clotilde nos salió al paso". Menuda frase para salir del paso. Valga la redundancia.  Como si no lo hubieseis planificado... Y luego soy yo la desapegada y la que no cuento con vosotros...  ¡Menuda jeta tienes!

Me he levantado sin ganas de llevar a papá, herida, no tengo fuerzas para ayudaros. Lo siento.

Es mentira que no puedas ver WhatsApp. Cuando estuvisteis comiendo en casa, buscaste unos que te había mandado la prima Elena.

No hace falta doblar planes para dar afecto a otra hija. Puedes incluirme en tu vida sin hacer las mismas cosas conmigo que haces con Clotilde. Hay muchas maneras de mostrar cariño. Si no puedes, te lo tenías que haber pensado antes de tener dos.

¿Por qué me mentiste con el asunto "Sevilla"? ¿Por qué me dijiste que con el lío de papá os habíais olvidado de mí?  ¿O es que ahora el discurso es otro: que entre los tres decidisteis ir sin mí porque Clotilde y yo no nos hablamos? ¿En qué quedamos?

Me dijiste que "sentías el haberte olvidado de mí" y yo me lo creí.

De nuevo siento vuestro desprecio, y eso que añadiste que "lo de Sevilla" no había sido un desprecio hacia mí. Si no es desprecio el escoger a una hija y a la otra no, ¿qué es?”

 

Macarena ha pasado el resto del día mustia. A pesar de las tonterías que de vez en cuando le hacen sus chicos para que se ría, no han conseguido sacarle más que una sonrisa cuando los ha visto cachorrear y darse besos orejiles, que es como llaman a los besos pequeños cerca de las orejas.

Recuerda un catálogo de besos que hizo cuando su hijo era pequeño. Se duerme recordando ese momento en el que los dos se sentaban a inventar tipos de besos en la mesa de la cocina. Primero lo practicaban en vivo y después lo dibujaban en hojas que luego recortaban del tamaño de un cromo para adaptarlo al espacio de un viejo álbum de billetes.