Pienso que hay cosas que nos
gustan hacer y que no hacemos, muchas veces, por falta de tiempo. Por ejemplo,
el otro día Carlos me dijo que dejara los pimientos asados, que los pelaba él,
que le gusta pelarlos. Me acordé de la paciencia con la que los pela y,
efectivamente, pensé: esa paciencia no puede ser por otra cosa, sino porque le
gusta hacerlo. Y acto seguido pensé que me daba pena que su trabajo no le
permita hacerlo más veces. Me puse a pensar en las cosas que nos gustan y no
hacemos o no hacemos más.
Un día Romeo me dijo que si no
fuera al instituto se pasaría la mañana tocando canciones que le gustan al
piano. Igual. Me dio pena que no pudiera tocar más el piano.
Me he construído una vida a medida y hoy en día encuentro pocas cosas que me gusten y
que no haga. Hay cosas que me gustan y que me gustaría hacerlas más, pero las
horas tienen los minutos que tienen. Sin embargo, hay una cosa que el otro día
recordé: disfrazarme en una fiesta de Carnaval. Me encanta disfrazarme. Es una
actividad que, además, aúna varias cosas que me gustan: imaginar, crear, hacer con las
manos algo. Sin embargo, sólo recuerdo mis años de niña disfrazándome en
Carnaval para participar en una fiesta o desfile. Una vez junto a mi madre y
hermana, de fichas y dado de parchís. Otra vez me disfracé de fresa con toallas
rojas (en un campamento, tenía que usar lo que tuviera a mano) y gané un
concurso. Ahora me sigo disfrazando en Carnaval un día, pero sin fiesta, porque
no tengo gente afín a mis gustos carnavaleros con quien hacerlo. Hoy, martes de
Carnaval, me he disfrazado de Momo, esa niña inteligente y curiosa del libro de
Michael Ende. He acompañado a mi hijo al instituto vestida de esa guisa: falda
larga, americana grande, peluca de rizos, y me he imaginado que era Momo
luchando contra los hombres grises. Cuando he regresado a casa tenía en el
bolsillo de la americana una chequera de tiempo, la que había quitado a los
hombres grises, y me he puesto a mirar los tejados de Madrid que se ven desde
mi ventana, que me encantan y pocas veces me paro a mirarlos. Pero hoy con la
chequera de tiempo podía hacerlo.