Hace poco alguien comentó que los
hijos no están obligados a cuidar a los padres, pero sí a la inversa. Lo
explicaba diciendo que no han elegido nacer, pero los padres sí han elegido
tener hijos. Debe ser por eso que a una madre/padre no se le cuestiona casi
nunca nada de lo que hace con relación a sus hijos y, sin embargo, a la inversa
sí. Sin embargo, entiendo que si fuera como me dijeron, a quién deberíamos
exigir un comportamiento determinado es a los padres y no a los hijos.
Ya son varias veces las que oigo
y leo cosas acerca de la amnistía de los padres. Con la idea de que cualquier padre/madre
lo hace todo lo bien que puede y sabe no está bien visto pensar ni hablar en
cómo lo hicieron. Está claro que nadie hace nada sin poder y sin saber, o lo
que es lo mismo: todos hacemos las cosas según podemos y sabemos. Partiendo de
esto, pienso que, para conocernos, conocer este mundo, está bien hablar del
pasado, igual que lo hacen los historiadores. Está bien hablar de aquello que
se podría haber hecho mejor o peor, siempre teniendo en cuenta que es desde el punto de vista del que
habla y de los tiempos que corren, claro, que serán distintos a otros. Pero no
por ello tiene que ser silenciado. Pienso. Como tampoco se silencia el
comportamiento de un hijo con sus padres en un momento determinado de su
desarrollo: que vaya perra, que qué mal educado, que no se puede tolerar que un
hijo/a hable así…
Me pregunto por qué una madre que
sabe que su hija acaba de tener un accidente y se ha quedado sin coche que necesita para trabajar, regala el
suyo a los afectados de tal o cual desgracia noticiosa. La respuesta me viene
en forma de sueño en el que la madre muy atenta a todo lo que sucede por el
televisor ignora a su hija que llora agarrada a sus faldas. Me pregunto por qué
esto no es cuestionado y sin embargo sí lo es el que a un hijo/a en un momento dado no le apetezca ver a sus
padres. Me lo pregunto como me pregunté cómo pudo Aurora Rodríguez Carballeira
hacer lo que hizo.