Capítulo 2
Abril. Lunes. Han
pasado unos cuantos años. Ahora Macarena tiene esa edad en la que únicamente se
ve con sus padres en el centro de operaciones. Así llama a la casa de éstos,
pues allí se concentran todos los conatos de relación entre ambos: si quiere
verlos o quieren verla, si se tienen que dar algo, decir... Es el barrio del
sur de Madrid donde viven y vivió ella hasta los veinticinco años, donde la
madre dispone de toda la indumentaria escenográfica para seguir montando escenas.
Aquella mañana después de
llevar a Eneko al colegio se fue a Aluche porque tenía que recoger una camiseta
en la tienda de impresiones. Se estaba haciendo una colección de camisetas con dibujos
de niños: hijas de amigas, sobrinos… Algo que empezó hace unos años, piensa,
como inicio del camino inconsciente que recorrería para ser madre. Se presentó
en casa de sus padres sin avisar. La madre abrió la puerta.
- ¡Sorpresa!
-Hola, hija.
-Menuda cara, ¿qué pasa?
-Nada, que no me lo esperaba.
-Bueno, ¿y te alegras o no?
-Sí, pero es que nos estábamos
preparando para ir a Alcalá, que resulta que tu primo se mareó el otro día y tu
tía anda preocupada.
Por detrás de la madre han
aparecido dos hologramas de sendos personajes. Su tía y su primo. Los dos con
cara de preocupación se cogen la mano mientras la madre se da la vuelta para
dar la espalda a su hija y unirse al abrazo holográfico. Sigue relatando la
escena, mientras Macarena la observa con cara de haber visto un ovni. No
entiende que por un simple mareo su madre quiera ir a ver a su sobrino, cuando
a ella por una operación no ha ido a visitarla. Aquí hay gato encerrado, piensa
Macarena. La madre sigue dibujando en el aire:
-La idea es ir allí para que
tu tía se desahogue, que desde la muerte del tío Ángel no da pie con bola…
Una pelota de pingpong sale
del dedo de la madre, que en este caso no necesita del bolso de Mary Poppins.
-Luego iremos a la Universidad
para que tu primo se matricule, que no puede ir sólo…
La entrada de un edificio
histórico de estilo plateresco aparece el instante… y libros, muchos libros...
cuando la madre comenta que ha decidido matricularse en Historia a la vez que
muestra una sonrisa orgullosa. Macarena no puede más, se rompe por dentro. Su
único día libre en toda la semana, después de un mes sin verlos, y sus padres
deciden ir a Alcalá. El trato de sus padres hacia los demás que considera
exagerado pone en demasiada evidencia sus carencias.
Volver con su ex fue como una
tabla de salvación en el tsunami de su situación familiar. Su padre cada vez
más desconectado observando todo desde la barrera para no interferir en los
conflictos; con su hermana no podía relacionarse porque cada vez que lo hacían
le salían sapos y culebras de la boca por las injusticias sufridas; y con su
madre había llegado a la conclusión de que era una especie de analfabeta
emocional debido a un bloqueo causado por los múltiples traumas de infancia.
Un día Macarena preguntó a ésta
por qué habían dejado de darles besos y abrazos y contestó que por pudor.
Macarena no se imagina dejar de dar besos y abrazos a su hijo por pudor. Su tía
María le contó una vez que cuando eran pequeñas sus padres no querían que nadie
las cogiese en brazos porque si lo hacían, no se hacían fuertes. Cuando en
verano va a la piscina de la urbanización de sus padres, éstos no la prestan
atención, a pesar de que desde hace tiempo apenas se ven. Su madre
pega la hebra con las vecinas y le dice que se tiene que
relacionar más con la gente. Este es otro motivo de supuración de pus en su
herida. Ella va allí por estar con sus padres y si puede darse un baño, pero apenas
le dirigen la palabra y si lo hacen es siempre con el rabillo del ojo mirando a
las vecinas. El padre, cual torero desde la barrera, ídem.
Todo el mundo decía que
volverían. Se habían conocido en el instituto y fue un amor platónico sujeto a
un tira y afloja continuo. Para cuando Daniel se fijó en ella como chica con la
que salir, Macarena aparentó indiferencia, la misma con la que él había actuado
antes, cada vez que se liaban en las discotecas. Finalmente, la cuerda se tensó
demasiado por ambos lados y comenzaron a salir, “que ya eran adultos y sabían
lo que querían”. Sin embargo, cuando acabaron el instituto cada uno tiró para
un lado y aquello les distanció. Macarena se fue con una beca a Italia a cursar
un año de la carrera de Imagen y Sonido, y su novio hacía la mili mientras pensaba
qué quería hacer con su vida. Arte y armas no empastaban bien. Sin embargo,
volvieron. Después de vivir sus vidas por separado formaron otra en común con
las experiencias vividas individualmente. Hasta tuvieron un hijo, solo uno, que
Macarena no quería que sufriera las mismas injusticias que había sufrido ella
por ser la mayor. No ha parado de darle besos desde entonces, diez años ya.
Ahora viven en una casa más grande
que la que se compró cuando se independizó. Eneko va al colegio, Daniel trabaja
como asesor de viajes, pues descubrió su pasión por viajar desde su destino
militar, y ella sigue escribiendo y en el Cine. Aún no ha curado su herida
interior.
David se lo dijo: “tus padres
no te van a dar ya lo que nunca te dieron y menos con el nacimiento de un
nieto”. Desde que nació Eneko tiene una llaga aún más grande en el corazón. Es
algo natural que, por lo visto, les pasa a todos los que tienen hijos, o al
menos los que tienen hijos y padres a la vez. Sin embargo, ve diferencias con respecto
a muchas familias cercanas. Aunque lo ha querido comprender y aceptar, le
cuesta porque mientras tanto se ha sentido juzgada.
Juzgada cuando su tía le dijo
con tono de crítica en pregunta retórica que por qué no miraba a su padre, ¡que
eran sus padres y no les podía hacer eso! Fue hace años cuando la llamó por
teléfono para felicitarla por su cumpleaños y ésta aprovechó para ponerla
verde. Por entonces, hacía tiempo que ella y su padre no coincidían en el
tiempo ni en el espacio. Ella estudia que te estudia y él escribe que te
escribe apenas hablaban ni compartían momentos. Cuando llegaba el final del día
y los dos habían terminado sus respectivas labores intelectuales, como era
costumbre familiar, se colocaban frente al televisor, y salvo los días en que
ya estaba estipulado de antemano el programa a compartir, era el momento de la
lucha por el mando. Macarena acababa encerrada en su habitación viendo alguna
película en vhs en la televisión que le regaló su novio. La madre le había
contado esto a su tía, que padre e hija llevaban un tiempo sin hablarse, y ésta
se lo reprochó a Macarena viendo lo mal que estaba su querida hermana pequeña
por esto. Después vino lo de su prima, también la criticó. Esta vez mediante
mensajitos en el móvil. Que por qué no había querido ir en Reyes a casa de sus
padres. Y como todos van en cadena, cinco hijos y una hija criados a ritmo
militar, caído un naipe, caían todos. La dejaron de hablar, fue desterrada de
la familia materna. Actuaron con ella igual que con los demás primos: los dos
del único hermano, con quien su madre hacía tiempo no se hablaba y por
consiguiente su hermana y el clan de los seis hijos tampoco; y los dos de la
hermana mayor muerta en un accidente de tráfico, a quienes también habían
desterrado después de una difícil convivencia por el momento de duelo con
adolescencia jamás comprendido. El juez dictaminó que aquellos menores de edad
supervivientes del fatal accidente tenían que vivir con la hermana que precedía
en edad a la fallecida, que además era la que tenía más hijos, la del clan de
los seis, y aquella convivencia multitudinaria y cuartelaria se hizo
insufrible. Jamás contaron qué pasó en aquella casa.
Macarena ha ido sintiendo más distancia
aún hacia sus padres porque poco a poco con Eneko se ha disipado más el interés
de ellos hacia ella. Además, siguen sin contar con ella para planes familiares,
como en cambio sí hacen con Clotilde. La reclaman la misma atención que les da su
otra hija. Sin embargo, ellos no se comportan igual que con su otra hija. Ya le
dijo su madre una vez y le dolió mucho, que a ella la ayudaban con Eneko. Es la
pescadilla que se muerde la cola: distancia de sus padres hacia ella aumentada
a partir de que nace Eneko y por consiguiente de ella hacia ellos, pero a ella
la juzgan. Intenta hacerles ver la distancia y diferencia de trato que recibe
ella con respecto a su hermana que, a su juicio, han practicado siempre, pero
es batalla perdida y siempre agua pasada, aunque acabe de pasar. No lo ven o no
lo quieren ver. Esa pescadilla es lo que sostiene la no relación que hay ahora.
Una vez le dijeron que estaban
más pendientes de su hermana por estar sola, enferma y sin trabajo fijo. Tres
cualidades que, por lo visto, hay que cumplir para poder ser maternada.
Macarena no las cumple. Cada vez que Clotilde se relaciona con sus padres monta
el espectáculo. Ha seguido los pasos de su madre, escenógrafa profesional.
Madre e hija han aprendido a hacerlo de la misma forma: montar escenas para
llamar la atención, que al ser las pequeñas de la familia tuvieron que sortear
a los primogénitos para ser escuchadas.
Los primeros años eran los
estudios, las malas notas en los exámenes. Pasado un tiempo cuando regresó de
su periplo estudiantil por diversas tierras de España e Italia con la ilusa
idea de acabar la carrera le ponían casa gratis en Madrid. Por no estudiar
había conseguido una vida independiente y más tarde también casa gratis en
Madrid, y ella por estudiar no obtuvo nada a cambio: ni el prometido trabajo
que le dijo un día su padre, “si no quieres barrer, estudia”; ni la atención de
sus padres, que opinaban que no debían elogiarla por estudiar, pues eso sería
“como premiar al que respira”.
Más tarde los accidentes y
enfermedades. Para entonces ya se había chupado muchos telediarios y periódicos
y sabía cómo tratar la noticia para acaparar la atención de sus padres. Después
llegó la crisis. Sus padres no tuvieron más remedio que mantenerla y aceptaron
enseguida la idea que se le había ocurrido: ocupar la casa de la sierra. Los
llamados trabajos precarios han sido guiones también de escena. Así les contó
lo duro que se le hacía salir a la una de la madrugada de la cafetería donde
fue heladera un verano. Para ello colocó una sábana azul oscura colgada sobre
una de las paredes del salón a la que pegó una luna llena de cartulina, se
montó a una vieja bicicleta del padre que subió del trastero y se pintó ojeras
para escenificar lo inhumano que era volver a casa de madrugada. Trabajo duro,
cursos y entrenamientos han sido los motivos para escenificar su necesidad de
ocupar la casa de la sierra. Y la coletilla de estar sola, sin pareja, ha
acompañado siempre las demás desgracias y circunstancias.
Cuando llegó a casa tuvo que
plasmar las vivencias de aquel fin de semana. No sabía dónde iba a llegar aquel
patchwork de dolores e injusticias.
Herida Nº. 26:
Macarenita
se ha enterado de que sus padres han ido a un espectáculo de Flamenco en
Torrelodones a una hora en tren y varios trasbordos. A su Cine no van porque
está lejos y les da pereza coger el metro. Lo tenían planificado desde hace dos
meses. A ella le dicen que no pueden planificar nada, que viven al día, según
esté el padre. Han ido por la tarde-noche mientras a ella le dicen que a esa
hora no salen porque su padre se desorienta. No van al Cine de la hija
taquillera y viven pegados a las escenas que monta la hija peliculera.
Eneko continua en el colegio y
Daniel en la oficina cuando Macarena deja de escribir para irse al Cine. Antes
deja escrito en un post-it que pega en la nevera las instrucciones para la cena
y se prepara la suya para llevar: calabacín al estilo de su suegra. Crudo en
rodajas finas, regado con sal, aceite, piñones y lascas de queso. Atraviesa
Madrid en metro. Desde que dejó la bicicleta porque se le hacían muy cuesta
arriba las cuestas arribas de la ciudad, se queda un rato traspuesta durante el
trayecto. Justo hasta que la voz anunciadora dice “Goya”. Le sabes a gloria esos
minutos.
En el Cine hoy tendrán
historia. Un señor casi se infarta, según una señora que ha bajado corriendo de
la sala para decir que cogieran el desfibrilador y llamaran al 112. Al final
resultó ser atragantamiento por palomita.
Macarena se queda a cerrar y,
como siempre hace desde que nació Eneko porque tenía que trabajar el suelo
pélvico, aprovecha esos momentos de soledad para hacer yoga. Le viene muy bien
para estirar músculos, relajarse y mover partes de su cuerpo que de otra manera
no movería. También para el suelo pélvico. Regresa a casa en metro a las tantas
de la madrugada. No puede evitar acordarse de la cara de emoticono de pobrecita
de su hermana cuando estaba trabajando de heladera en la sierra y escenificó la
situación en el salón de la casa de Aluche.
En casa procura no hacer
ruido. Sus chicos duermen.
“No estoy de acuerdo con lo
que dices con respecto a que como tengo una hija que no es más débil y no se
siente sola (tú misma lo dijiste, también papá lo dijo
cuando habló conmigo), me olvide de ti. No me olvido de ti y la falta
de atención que dices no es tal o a lo mejor es la pescadilla que se muerde la
cola. Yo siento a veces que nos ves de otro mundo muy diferente al tuyo. Siempre
nos has visto con distancia y molesta por nuestra manera de ver las cosas y por
nuestras costumbres. Ha sido así en todas las generaciones y las cosas que
interesan a unos, el mundo que nos rodea y lo que pasa, a otros no interesa.
Tú
misma lo has dicho, es la pescadilla que se muerde la cola. Por otra parte, no
creo que ver el mundo de otra manera, como tú dices, tenga que ser un
impedimento para relacionarnos.”
“En todas las situaciones que
te he descrito en el correo me he sentido muy sola: planes sin incluirme o
dando por hecho que no podía, reuniones familiares sin contar conmigo, juicios
sin preguntarme ni escucharme, preguntas que no se me han contestado... Son
todo momentos en los que me he sentido muy sola. Sólo sabías de la soledad de
Clotilde porque sólo la conoces a ella. Me gustaría que me
dijeras que lo sientes, que no sabías de mi soledad y malestar en todas
aquellas situaciones, que todos estos años has estado más pendiente de
Clotilde, pero que ahora me tendrás en cuenta. Me gustaría que hablaras conmigo
en la piscina porque nos vemos muy poco y los vecinos lo entenderán, que contaras
conmigo cuando se os ocurra un plan familiar... La soledad tiene muchas formas,
igual que pobres no son sólo los que no tienen dinero”.
“A lo mejor no os hablaba
mucho (o nada) en aquellos años porque no tenía costumbre de hacerlo. Quizás
aquellas primeras heridas (discoteca, ropa robada para Clotilde...etc.) y el no
poderme quejar para recibir consuelo, empatía, me acostumbraron a callarme todo.
Ahora no quiero callarme nada. Aunque no sé si seréis capaces de darme consuelo
(una semana te ha costado decirme que sentías no haberme llamado para ir a
Sevilla), al menos me vacío. Son muchas heridas acumuladas y en el destierro
vivo con mucha soledad”.
“Después
de leer tu carta he sentido una enorme tristeza y un paso atrás en todo esto.
Me produce dolor saber que no me conocéis. No sabéis quién soy.
No
mencionas prácticamente nada de lo que os cuento en la carta. Como si me
comunicara con un muro, de nuevo me he sentido no escuchada. Te limitas a
buscar explicación de esos sentimientos que os expreso en unos “hipotéticos
males, sinsabores y falta de definición”.
Lo
que os he intentado explicar y os repito de nuevo, es que me da mucha rabia y
rencor pensar en todos los años malgastados de estudio, años que podía haber
dedicado a hacer lo que me gustaba en ese momento, en cada momento. Así se hace
una vida feliz y no malgastando tiempo de preparación para un trabajo que ni
siquiera se sabe si va a existir en un futuro o te va a gustar llegado el momento. También rabia
por no haberse cumplido lo que asegurabais: que el título servía para conseguir
trabajo; y rabia por no tener vuestra atención. Aparte de rabia por todas las
injusticias que veo en vuestro comportamiento con Clotilde. Y concretando más,
mucho enfado y dolor por cómo se ha tratado la última vez el tema de la casa de
la sierra, por no poder usar la casa de la sierra como hasta ahora habíamos
hecho: consultando a la tía y a mamá, y desde que Clotilde se fue a vivir allí
también comunicándoselo a ella. Por lo visto ahora dependemos de cuando ella
viaje para poder ir”.