Después de comer y tras los
respectivos descansos, Macarena leyendo en la cama y Eneko con la videoconsola
en el salón, comparten tarde. Es viernes de cena de país. También quieren ir a
ver a los abuelos, pero…:
-Hola, soy mamá. Mira, que no
podemos quedar porque papá ha tenido delirios esta noche.
- ¿Cómo que delirios?
- Sí, ha estado toda la noche
señalando a la ventana y diciendo que quiénes eran esas brujas. Miraba con los
ojos bien abiertos, todo sudado, y señalaba hacia fuera que estaba
completamente oscuro.
A través del teléfono han
salido imágenes proyectadas que inundan toda la casa: brujas con narices averrugadas,
aquelarres en tinieblas, danzas en torno al fuego con calaveras… La escena que ha montado esta vez la madre tiene todos los elementos de una película de
miedo.
Tras colgar, Macarena se queda pensando en aquella otra vez en la que no pudieron ir a Guadalajara
de excursión con sus padres porque eran elecciones municipales y querían seguir
todo el proceso electoral desde el barrio. Recuerda no entender
nada de la explicación que le dieron y cómo empezó su cabeza a proyectar
imágenes de políticos gritando y telediarios en bucle.
Ante la barrera relacional que
les pone la madre se quedan por la tarde en casa preparando una cena de país. Esta
vez será el país inventado por Eneko, El universo abuelístico.
Albóndigas de la abuela. Cuando llega Daniel ya está todo hecho y servido en la mesa que separa el salón de la cocina. Para
ilustrar el momento comentan aquella vez que Eneko le pidió un helado de chocolate a la
abuela por la noche y ésta se lo llevó a la cama sin bacilar, las subidas y
bajadas montado a caballito en la abuela por la cuesta de los columpios, la
nevada que cayó en el barrio y cómo el abuelo construyó un trineo… Con las risas
la llaga de Macarena ha cauterizado un poquito y el entrecejo de Daniel se ha
relajado, que no era el mismo después de enterarse que tres de sus compañeros de trabajo se marchan.
Además, Eneko ha mostrado su mejor sonrisa, esa de boca abierta hasta verse la
campanilla y lágrimas cayendo por sus mejillas.
“Te agradezco que hayas
reconocido tu error de no tratarme, de no atenderme, porque con Eneko te
olvidas de mí. Me alegro de haber corregido tu creencia de que cuando quedáis
con Eneko yo siempre aprovecho para hacer algo. En los orígenes nos ayudabais quedándoos
con él. Ahora ya no es necesario (salvo excepciones). Sin embargo, seguías con
esa actitud: creer que nos haces un favor cada vez que estáis con él sin
nosotros. Espero que después de hablarlo te haya quedado claro que no es así.
Que si no nos vemos es porque: no os sale, no nos sale, estáis con Eneko
creyendo que nos hacéis un favor. Espero que dejéis de juzgarme por ello y no
vuelvas a decir por ahí que no os quiero ver.”
Fin de semana con desayunos de
tortitas en casa, paseos en bicicleta por el río, canchas de baloncesto en el
barrio y compras en el centro. La madre de Macarena les ha dicho que no podían verse ninguno de los dos días porque estaban de obras en el edificio, que una
vecina tenía goteras y resulta que investigando se dieron cuenta que la humedad
venía de bla, bla, bla….