viernes, 30 de octubre de 2026

Novela de un Yo (42)

  

Lunes. Una hora antes de que se quede en silencio la casa con vistas al Madrid Río. Macarena exprime las naranjas mientras Daniel y Eneko se desperezan. Los dos pasan por la cocina antes de ir al baño para darle un beso de buenos días. Es el motor que les hace funcionar por las mañanas. Lleva una hora levantada, que la luz de casi mayo empieza a asomar antes de las siete por el horizonte y también tras sus pestañas. Vaso de agua caliente, cara, dientes, estirar, pesas, crema, frase inspiradora… Ya está preparada para darse al mundo. Desayunan tarta porque hoy debe ser, seguro, el cumpleaños de alguien y Macarena ayer tenía ganas de hacer una tarta de manzana con la receta que le dio su amiga Laura.

Cuando vuelve de acompañar a su hijo hasta las escaleras en su camino al Instituto, límite entre el Eneko niño y el Eneko adolescente, calienta agua para hacerse un té verde. Coge la taza que más le gusta, la de los girasoles de Van Gogh que le regaló su suegra, y junto al paisaje de tejados sobre el río de Madrid, escribe:

“Pensando otra vez en lo de ayer... Creo que he encontrado otra razón por la que no quiero saber mucho de vuestra vida o no os pregunto. Y es que a veces por preguntar me he enterado de planes en los que no me habéis incluido y me ha dolido mucho.

Dices por un lado que cómo le vas a decir a una persona de cincuenta años algo sobre su no invitación, y, por otra parte, contradiciéndote, me dices que sí se lo dijiste: "Macarena no ha sido invitada". Así en impersonal, que suena cantidad de raro, me dijiste que se lo habías dicho. No me lo creo. Otra mentira más de las tuyas.

Por otra parte, me acuerdo cuando los primos se metían conmigo y tú no hacías nada. Ni cuando tenían quince años les decías nada. No hace falta que tengan cincuenta. Nunca me has defendido de sus agresiones y continúas sin hacerlo. Justificarles es agredirme.

Ahora tu frase es que "no te sale". Es lo que me has dicho estos últimos días, parafraseándome de nuevo: que no te sale llamarme para verme, quedar... Que es lo que yo he dicho desde el principio, cuando me empezasteis a juzgar, y por lo que tanto se me ha criticado.

Dices que estoy mal con vosotros desde que me independicé y/o desde que nació Eneko. Ni tú misma sabes precisar el momento. De los dos momentos que dices te puedo comentar la razón: cuando me independicé ya acarreaba injusticias a mis espaldas y el hecho de que Clotilde dispusiera de la casa gratis sin hacer nada lo agravó. Cuando nació Eneko desviasteis totalmente la atención hacia él. Os olvidasteis de mí. Que por otra parte asumo que es algo normal que puede ocurrir a abuelos primerizos. Pero enseguida recibí críticas de mi actitud hacia vosotros. Aquellos que me juzgaron no entendieron que, si no me dabais atención, cada vez me daban menos ganas de dárosla yo. No me salía, como tú dices ahora.

Me cuenta Eneko que papá no se cree que haya aprendido a leer y a escribir solo. Cuántas cosas no sabéis de mi vida. Y lo que me sorprende aún más: cuántas cosas no sabéis de aprendizaje habiendo sido profesores...”

 

Ha interrumpido la reescritura para abrir a la cartera que le ha traído una carta paquete de su tía María. La felicita por su cumpleaños, aunque faltan nueve días. También se ha levantado para cocer unos garbanzos, que así estarán listos para el mediodía. Ha resuelto varios asuntos pendientes en su hora de gestiones, como el asunto de la devolución de los libros de Eneko, la revisión ginecológica, la transferencia a Daniel por el regalo que le compró el otro día a su padre, revisar las facturas del gas porque cree que se las han duplicado… En definitiva, un puzle, que además ahora está de hacer muchos puzles. Antes era un trapecio por donde se movía la metáfora que le gustaba usar para explicarse la vida. Quería ser funambulista, decía a todo el mundo. Desde que nació su hijo descubrió el mundo de los puzles y juega a ensamblar todos los quehaceres domésticos en una hora.

Cuando llega Eneko se levanta del sofá gris donde ha permanecido leyendo la última hora de la mañana.

Comen juntos una ensalada que se preparan como si fuera un buffet de hotel. Ha dispuesto varios cuencos con cosas a lo largo de la mesa y de ahí van cogiendo y llenándose los platos: lechuga, tomate, zanahoria, pepinillos, arroz, palitos de cangrejo, garbanzos, nueces… Lo que quiera cada uno.

Se cuentan sus respectivas mañanas:

No ha venido la profe de Biología y han podido jugar a baloncesto en clase con una canasta que se han hecho con la papelera. Eneko le cuenta esto a su madre con ojos emocionados y ella lo recibe con una sonrisa aplaudiendo en silencio los movimientos de su hijo para hackear el sistema que tanto detesta.

En el Cine hoy ha pensado que a veces le cuesta mucho que la gente la entienda. Por ejemplo, los mayores. Madre mía, lo que les cuesta entender algunas cosas… Hoy le ha preguntado un señor con una gorra inglesa de cuadros que por qué no ponían más películas en español, que ahora no había ninguna. Macarena le ha explicado que como es un cine en versión original cuando no hay ninguna película española no hay películas en español.

-Pero el otro día pusisteis una de Pedro Almodóvar y estaba en inglés.

-Es que esa película, aunque la dirigía un español, estaba rodada en inglés. Ese era su idioma original.

El señor se encajó aún más la gorra y se dio media vuelta sin decir nada más.

Cuando sufre algo de esto, de falta de paciencia, se tiene que imaginar en otro país. Piensa en lo que le cuesta entender a ella ciertas cosas en un país extranjero y así logra comprenderlo. En eso consiste el vivir, en comprender poniéndote en lugares de otros. 

Piensa también en la invitación de su madre: ¿queréis venir a comer el sábado que viene? Con un puente de cuatro días por delante del que no le comenta nada, se adelanta a preguntarles por el sábado siguiente a dicho puente. Se da cuenta de que a pesar de que su madre le ha dicho que “no a todos los hijos se les quiere por igual” y ella decidió a partir de ese momento no mendigar más amor de madre, en silencio lo sigue haciendo. Sigue preguntándose cómo a una madre le puede bastar ver a su hija una vez al mes o ni eso…

Con esta cuestión Macarena se ha acostado hoy y por supuesto ha tenido insomnio.