lunes, 1 de junio de 2026

Academia de inglés

  

No entiendo cómo existen todavía las academias de inglés. Y eso que tengo una amiga profe de inglés que montó de la nada una academia en Galicia y le va muy bien.

Mis padres querían que aprendiéramos inglés porque ellos no lo habían aprendido. Nos apuntaron a academias, al Instituto Británico y a veranos en Inglaterra. Nunca aprendimos inglés así. El inglés que sé lo he aprendido hablando inglés. Cuando lo he empezado a necesitar por viajes, trabajo, lecturas, películas… es cuando lo he aprendido. Es decir, cuando me ha interesado y lo he usado, como todo lo que se aprende en esta vida, pienso.

Veo a mi sobrina dormida en sus clases de inglés extraescolares por las tardes. Veo a ejecutivos repitiendo todos al unísono lo que un profesor de inglés no inglés les dice que digan. Veo horas y más horas de hincar los codos para aprender phrasal verbs antes de un examen de Cambridge, perdidas.

En realidad, lo que no entiendo es como todos esos estudiosos de inglés no se dan cuenta de que el tiempo y el dinero que emplean en ello así no les cunde ni les rinde. A lo mejor hay a algunos que sí les cunde y les rinde. Quiero pensar que los que van a la academia de mi amiga americana en Galicia sí aprenden. Sin embargo, eso no me cuadra con lo que veo: cómo se multiplican las academias de inglés para niños y niñas a lo largo y ancho del país. Lo que confirma mi sospecha de que la labor de las mismas es más de guardería que de otra cosa. También pienso que hay mucha gente que cree en el dios dinero: donde está se obra el milagro.

Así es que creo que existen las academias de inglés porque la academia de mi amiga funciona, porque hay quien cree que pagando se consigue lo que sea y porque hacen labores de guardería en un mundo en el que los niños y las niñas cada vez están más solos.