viernes, 4 de septiembre de 2026

Novela de un Yo (34)

 

 

Después de comer y tras los respectivos descansos, Macarena leyendo en la cama y Eneko con la videoconsola en el salón, comparten tarde. Es viernes de cena de país. También quieren ir a ver a los abuelos, pero…:

-Hola, soy mamá. Mira, que no podemos quedar porque papá ha tenido delirios esta noche.

- ¿Cómo que delirios?

- Sí, ha estado toda la noche señalando a la ventana y diciendo que quiénes eran esas brujas. Miraba con los ojos bien abiertos, todo sudado, y señalaba hacia fuera que estaba completamente oscuro.

A través del teléfono han salido imágenes proyectadas que inundan toda la casa: brujas con narices averrugadas, aquelarres en tinieblas, danzas en torno al fuego con calaveras… La escena que ha montado esta vez la madre tiene todos los elementos de una película de miedo.

Tras colgar, Macarena se queda pensando en aquella otra vez en la que no pudieron ir a Guadalajara de excursión con sus padres porque eran elecciones municipales y querían seguir todo el proceso electoral desde el barrio. Recuerda no entender nada de la explicación que le dieron y cómo empezó su cabeza a proyectar imágenes de políticos gritando y telediarios en bucle.

Ante la barrera relacional que les pone la madre se quedan por la tarde en casa preparando una cena de país. Esta vez será el país inventado por Eneko, El universo abuelístico. Albóndigas de la abuela. Cuando llega Daniel ya está todo hecho y servido en la mesa que separa el salón de la cocina. Para ilustrar el momento comentan aquella vez que Eneko le pidió un helado de chocolate a la abuela por la noche y ésta se lo llevó a la cama sin bacilar, las subidas y bajadas montado a caballito en la abuela por la cuesta de los columpios, la nevada que cayó en el barrio y cómo el abuelo construyó un trineo… Con las risas la llaga de Macarena ha cauterizado un poquito y el entrecejo de Daniel se ha relajado, que no era el mismo después de enterarse que tres de sus compañeros de trabajo se marchan. Además, Eneko ha mostrado su mejor sonrisa, esa de boca abierta hasta verse la campanilla y lágrimas cayendo por sus mejillas.  

 

“Te agradezco que hayas reconocido tu error de no tratarme, de no atenderme, porque con Eneko te olvidas de mí. Me alegro de haber corregido tu creencia de que cuando quedáis con Eneko yo siempre aprovecho para hacer algo. En los orígenes nos ayudabais quedándoos con él. Ahora ya no es necesario (salvo excepciones). Sin embargo, seguías con esa actitud: creer que nos haces un favor cada vez que estáis con él sin nosotros. Espero que después de hablarlo te haya quedado claro que no es así. Que si no nos vemos es porque: no os sale, no nos sale, estáis con Eneko creyendo que nos hacéis un favor. Espero que dejéis de juzgarme por ello y no vuelvas a decir por ahí que no os quiero ver.”

 

Fin de semana con desayunos de tortitas en casa, paseos en bicicleta por el río, canchas de baloncesto en el barrio y compras en el centro. La madre de Macarena les ha dicho que no podían verse ninguno de los dos días porque estaban de obras en el edificio, que una vecina tenía goteras y resulta que investigando se dieron cuenta que la humedad venía de bla, bla, bla….