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viernes, 11 de junio de 2021

A no tiene casa

 Mi hermana A no tiene casa. Ahora vive con mis padres. Conozco a personas así. Dos de mis compañeras de trabajo también viven con su padre una y la otra con su madre. Además, si pienso en mis viajes recuerdo casas compartidas por miembros de varias generaciones de la misma familia. Cuando trabaja mi hermana A alquila una casa en el sitio donde está trabajando. Entonces deja cosas en casa de mis padres. Cuando voy a casa de mis padres y veo sus libros, sus muñecos, su ropa allí, me llama la atención. Me parece como si no quisiera romper de alguna manera el cordón umbilical, o como si se desparramara por el mundo teniendo cosas en varias casas. 

Una vez mi padre me dijo: mientras vivas en esta casa harás lo que yo te diga. Desde aquel día me marqué una meta: tener una casa propia. Es una de las prioridades de mi vida: mi casa. Tanto es así que pienso que, de seguir el sistema educativo de adoctrinamiento que tenemos ahora, sería mucho más beneficioso si en lugar de las mismas asignaturas de siempre, enseñaran los pasos que hay que dar para tener una casa: desde hacerla hasta comprarla o alquilarla.  Para mí vivir empieza por tener mi espacio.

A sorpresea

Creo que a mi hermana A le gustan las sorpresas. Al menos se relaciona conmigo mediante sorpresas. Sorpresas que en mí producen el efecto de problema pasado el breve impacto de la sorpresa. Esa es la danza que bailo con mi hermana desde hace tiempo. Una rutina de pasos de baile que he intentado desmontar y he fracasado.

Romeo ayer tenía que hacer un ejercicio para el colegio: traducir mediante emoticonos un refrán. Cuando terminó de hacerlo me lo mandó por whatsapp para que lo pudiera ver. El refrán escogido era: a caballo regalado no le mires el diente. Sabe que ese refrán yo lo reinventé: a caballo regalado mírale el diente y si no te gusta descambialó. Me niego a quedarme con algo que me han regalado si no va conmigo o ya lo tengo. No creo en el yugo sentimental del regalo.

Mi hermana, sin embargo, es de las de quedarse el caballo. Por eso nuestro baile se convierte en batalla:

Unas navidades me regaló un cacharro para hacer fundí muy parecido a uno que ya tenía. Lo quise descambiar. Se enfadó.

A Romeo por su cumpleaños le regaló un libro que ya tenía. Lo quisimos descambiar. Se enfadó.

Hace poco nos regaló unas entradas para un espectáculo que ya habíamos visto dos veces. Cuando le dije que nos preguntara antes de comprar entradas la próxima vez, se enfadó.

Entiendo que para ella son muy importantes las sorpresas y que por ello no quiere consultar antes de comprar. Para mi es muy importante gestionar los recursos del mundo, mi espacio y mi tiempo.

Entiendo también que me siento no escuchada cuando este problema se repite, y eso hace que después de la breve sorpresa me exprese con enfado que, a su vez, hace que se acreciente el suyo. Entiendo que entender lo que me pasa cuando tengo un problema es el primer paso para arreglarlo. Gracias por leerme.