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jueves, 3 de febrero de 2022

Inglés Lección 3

Hoy, día en que se celebra la publicación de los libros de J.K. Rowling, la Harry Potter Book Night, recuerdo una escena reciente que me contó Romeo de su colegio. Estaban leyendo el libro de la asignatura de Inglés y se dieron cuenta que estaba mal escrito, que mencionaban a J.K. Rowling como autora de El Señor de los Anillos.

Romeo me lo contaba alucinado, con mucho énfasis. A pesar de haber perdido la fe en el colegio hace ya tiempo, o quizás nunca la tuvo, ya que en casa nunca creímos en dicha institución, me lo contaba como si fuera algo sobrenatural. Un libro de texto con una errata como la copa de un pino. Un libro de texto sobre el que se vuelcan las esperanzas, confianzas, seguridades, aprendizajes… de tantos niños y niñas, con un fallo tan garrafal.

Enseguida me viene a la memoria una frase que repite una profesora de su colegio como un mantra: "somos humanos". Con esas dos palabras valida todo error cometido. A mi no me sirve. No me sirve para calmar mi ira. El hecho de que seamos humanos no puede justificar el que se escriban libros de texto con errores. Libros de texto que forman parte del tinglado  “educativo”. Tinglado de cuyo montaje nos hacen partícipes aunque no queramos.

Pienso en la desgana y desconfianza que debe generar leer un libro así. Seguramente la misma con la que fue hecho. Libros hechos con menos interés lector que un churro en una churrería.     

jueves, 25 de noviembre de 2021

Salutear II

  

Ando metida en otros escritos y no pensaba soltar esto por aquí tan pronto, pero si no lo hago reviento. Ayer me contó Romeo que la directora, que es su profesora de Valores este año, entró en clase como un toro de Miura. Sin saludar, bufó un ¡VAMOS! Todo lo contrario a lo que ella predica. Romeo le dijo: “Buenos días, Mari Ángeles”. Y ella contestó algo así como: “muy buenos no son…” Hablando con Romeo de esta escena, llegamos a la conclusión de que tuvo un mal día. Por lo visto unos niños se habían insultado y/o peleado. Romeo sigue sorprendiéndose cada vez que un adulto del colegio les trata como rebaño. En este caso Mari Ángeles. No entiende como ellos, los adultos, pueden tener un mal día y expresarlo muchas veces agrediéndoles, y ellos, los niños y niñas, por el contrario, no pueden ni alzar la voz para sacar su malestar y no digo ya, insultar, pelearse…etc. Muy injusto, piensa. Todo este cúmulo de injusticias acumuladas en un espacio carcelario como el colegio revienta como yo si no lo cuento por aquí.

miércoles, 9 de junio de 2021

Mentidir II

En el colegio de Romeo enseñan a mentir. Me temo que no es en el único que lo hacen. El otro día para averiguar quién había llenado de crema solar la mochila de una niña, la directora les dijo que iba a revisar las imágenes tomadas por las cámaras de vídeo, y que si el culpable no delataba antes, le impondría un castigo más duro cuando lo descubriera. Enseguida los niños y niñas se dieron cuenta de que no había ninguna cámara de vídeo. No son tontos, a pesar de que muchos adultos así lo piensan. Pero ya era tarde, la mentira había servido para conseguir lo que el adulto quería: que saliera el culpable. Romeo aprendió aquel día que la mentira se usa y sirve; a pesar de que en el colegio le quieran inculcar lo contrario a base de rellenar fichas, hacer dibujos y otros pasa-tiempos en la asignatura de Valor o en talleres de competencias transversales.

lunes, 7 de junio de 2021

Respondier

El otro día el profesor de inglés les comunicó que había un setenta y cinco por ciento de posibilidades de que el lunes tuvieran un examen. A Romeo le sorprendió esta afirmación. Así es que levantó la mano para preguntar al profesor por qué había un setenta y cinco por ciento y no un ochenta.

-Sigue con tu tarea. Le contestó.

 Le mandaron callar por ser niño, por tener curiosidad, porque el adulto no sabía responder a esa curiosidad. Romeo detectó esa carencia y por eso me lo contó. Con lo fácil que hubiera sido contestar:

-Bueno, he dicho un setenta y cinco por ciento como podía haber dicho un ochenta. Lo que quiero decir es que hay bastantes posibilidades de que tengáis un examen el lunes, por eso dije un número cercano al cien.

Me da mucha pena que se ahoguen las preguntas de los niños y niñas con gritos o con mandatos porque así se mata la curiosidad, la emoción por las cosas, que es lo que mueve el mundo. No me extraña que haya tantos muertos en vida que necesiten de estímulos externos para emocionarse, sentirse vivos. 

jueves, 3 de junio de 2021

Romeo se relaciona

 El mundo eres tú y tus relaciones con lo que hay en él. Algo así me dijo un amigo y se me quedó en la cabeza porque me gustó.

Una de las cosas que más me gustan es observar cómo se relaciona Romeo con su mundo. Durante unos años se relacionó conmigo a través de una historia que nos inventamos poniendo nombre a nuestras respectivas bicicletas, Dera y Deristicón. Todos los días al ir al cole, íbamos hablando con ellas, poniéndoles voz y creando historias.

Con su padre sigue teniendo el juego del cachorreo, que ha ido adaptándose y cambiando con el tiempo. Ahora que hacen abdominales juntos llaman “perreto” al hecho de estar revolcándose por el sofá haciéndose cosquillas cuando terminan.

Con los abuelos comparten un mundo paralelo que ha ido creciendo y perfeccionando con el tiempo: el mundo de los Pinyas. Disfraces, revistas, espectáculos, manualidades… Todo un universo en torno a los Pinyas.

Con los yayos está “la terraza”, de la que brotan regalos cada vez que les visita.

Con su mejor amigo Paco desarrolla un juego llamado Come Día-Come Noche, una versión perfeccionada del pilla-pilla.

Con otro amigo, Omar, cada vez que se juntan retoman el juego simulado en “tercera dimensión” de algún videojuego propuesto por él.

Hace tiempo, cada vez que venía a casa un amigo sueco disparaban hojas de papel dibujadas por ellos al mapamundi que teníamos en la pared del salón. Era la “mapa tonta”. Otro mundo, quizás, de Romeo.

 

 

 

Emocionear

 

Currículo transversal. Talleres. Proyectos. Necesidad de instrumentalizar o asignutear todo. Romeo me contaba esta semana que habían tenido de nuevo un taller sobre emociones. Me lo contaba haciendo bromas con los nombres de las emociones, burlándose del profesor/ora. Hace años cuando empecé a oír la palabra emoción en el ámbito de la crianza, quizás, me hubiera alegrado de que Romeo hiciera un taller sobre emociones en el colegio. Hoy me parece una pérdida de tiempo, recursos, dinero… No encuentro el sentido de hacer un taller de emociones cuando no les dejan emocionarse. Hace poco expresaron su contento por tener clase de gimnasia y les castigaron. Un día obligaron a Romeo a comerse un puré de calabaza y no le dejaron llorar. ¿Cómo se les ocurre hacer talleres de emociones si no les dejan expresarlas? Son los adultos los que tendrían que formarse más en acompañamiento a la infancia y dejar de formar a la infancia que llegan al mundo bastante completos. Pienso. No quiero que Romeo haga talleres de emociones con mi dinero.    

lunes, 31 de mayo de 2021

Deberizar 2

El otro día Romeo tenía que hacer un circuito eléctrico para el colegio. Como se había dejado el libro de Ciencias Naturales en clase y no sabía cómo tenía que hacerlo, tuvimos que preguntar en el grupo de whatsapp de madres y padres, porque nosotros de electricidad no tenemos ni pajotera idea. Un padre nos dijo que en el Chino vendían el kit básico para hacerlo. Está todo pensado, pensé. Va a llegar un momento en que, como el sistema educativo no cambia, se vendan por kits todos los deberes que los niños y niñas tengan que hacer. Compramos el kit, pero nada. Aquello no funcionaba. Volví a pensar que qué palurdos somos, ni cambiar una lámpara sabemos... No te digo ya, cambiar un enchufe o hacer un circuito…  Recordé que en mi colegio, en algún momento, también tuve que hacer lo que ahora le estaban pidiendo a Romeo. Me di cuenta que aquello no me había servido de nada, pues con diez años no tuve necesidad de realizar un circuito eléctrico, y ahora con cuarenta y siete y casa propia no tengo ni idea de hacerlo. Aquella tarde Romeo perdió el tiempo. Su única e irrepetible tarde del 12 de mayo del 2021. Cuando después le pregunté por el circuito, no mostró ni pizca de interés. El profesor se lo había arreglado y listo. Dudo que se haya enterado de cómo lo hizo. ¿Por qué se empeñan en meter en la cabeza de los niños y niñas cosas que no les interesa? No digo que a todos los niños y niñas no les interese, pero a Romeo esa tarde, no. Esa tarde quería haber hecho la “revista abuelística” y no pudo. ¿Por qué esa necesidad de frustrar? 

miércoles, 26 de mayo de 2021

Concursear

 

He participado en muchos concursos. He ganado algunos, no he ganado muchos y he quedado sin saber resultado en muchísimos. Esto último hace que ya no quiera participar en ninguno. Recuerdo uno de un suplemento dominical en el que estuve persiguiendo el fallo, llamando a unos y a otros, hasta que finalmente me di por vencida. Supuse que jamás se falló o se hizo a puerta cerrada con el consiguiente chanchulleo del premio. Hace poco me ha vuelto a pasar porque caí en la propuesta al pensar en mi tía como perfecta candidata. En la memoria de todos, tenía por título la convocatoria. Se trataba de escribir una historia sobre las manchas de ropa. Esta vez era un sorteo. Es decir, que no se elegía al mejor sino que entre todos los participantes se sorteaba el premio. Estoy cansada de preguntarles por el resultado del sorteo. Lo han conseguido. Reclutar lectores, anunciar el producto ofertado como premio y producir de nuevo mi hartazgo y desconfianza. Espero no volver a caer. Creo que tengo un poco espíritu de Charlie y por eso nunca lo dejo del todo.

Por el Día del Libro en el colegio de Romeo se convocó un concurso literario. Romeo no quiso participar porque dice que siempre gana el participante más pequeño o el más pelota, “que es el que escucha mucho, no habla nada y hace todo lo que le dicen”.

También en el colegio, por Halloween, hubo un concurso de calabazas del que nunca supimos resultado. Lo mismo con el concurso de dibujo para el diseño de las camisetas de la carrera escolar.

Creo que en el mundo de Romeo ocurre lo mismo que en el mío. ¿Esto se hereda?

martes, 25 de mayo de 2021

Deberizar

Le ha pasado varias veces. Lleva hecho lo que le mandan y luego no se lo piden. Deberes, materiales, trabajos… Romeo ha aprendido a sortear estas exigencias. Se ha hecho experto en averiguar cuándo debe llevarlas y cuándo no. Lejos de un obediente, como pretenden hacerle ser, Romeo es un experto en intenciones humanas. Sabe cuándo la profesora le pide algo para luego no volvérselo a pedir. Escudriña cada gesto de la profesora o profesor y según el tono de voz y la tarea en sí, actúa llevándolo o no.

Una vez la profesora de gimnasia les mandó hacer un trabajo escrito sobre una deportista. Tenía que escribir hitos importantes que hubiera alcanzado dicha mujer. Lo hizo a regañadientes. Estaba hastiado del tema de la igualdad con el que le han hostigado este año y esto colmaba el vaso de su hartazgo. Un trabajo más y encima de gimnasia, la única asignatura en la que mueve el culo del asiento. Nunca jamás se lo pidieron y maldijo el tiempo perdido buscando información sobre alguien que no le interesaba lo más mínimo.

Otro día, la profesora sustituta de inglés les mandó llevar materiales para realizar fósiles: hojas, piedras, harina, un cuenco… Le daba mucha pereza preparar todo el listado en casa. Se arriesgó y no lo llevó. Acertó. No se lo pidieron.

No entiendo qué pretenden enseñar con esta artimaña llevada a cabo por algunos profesores y profesoras: ocupar su precioso tiempo de infancia para que los padres estén tranquilos creyendo que así se forman, dejar tiempo a los padres que no saben qué hacer con sus hijos en casa... Romeo ha aprendido a no obedecer y a no fiarse.

jueves, 20 de mayo de 2021

SALUTEAR

 Al poco de entrar Romeo en el colegio tuve que estar en la mesa electoral para el Consejo Escolar. Pasé muchas horas ese día dentro del centro. Una de las cosas que vi y que aún hoy tengo en la cabeza, fue cuando un grupo de chicos y chicas del instituto entraron hablando y a mogollón. Venían al comedor. La directora que pasaba por allí en ese momento les dijo que así no se entraba en un colegio. Que tenían que saludar al entrar. Les hizo salir y volver a entrar emitiendo un forzado saludo.

Hace poco traje esta imagen de mi memoria al presente porque observé cómo la directora salió del colegio para dirigirse a mí y sin saludar me preguntó si había firmado un justificante. Me llamó mucho la atención porque he mantenido una relación cordial con ella y hasta he colaborado en actividades que me ha propuesto. Pero, sobre todo, me llamó la atención ver que ella no era lo que pretende enseñar. Todos nos equivocamos, es su lema. Quiero quedarme con eso o con que tenía un mal día. O, quizás, es que fuera del centro educativo las convenciones sociales son otras y se puede abordar a alguien sin saludarle.

lunes, 8 de marzo de 2021

ENSEFOMENTAR II

 

Hace tiempo me contaba Romeo acerca de una salida que tenían en el colegio. Yo había leído algo también sobre ello en un comunicado, pero me pareció entender que era un taller. Así es que le pregunté:

-¿Estás seguro que es una salida y no un taller dentro del colegio?

-Bueno, no sé. Es de salud o algo así…

Me pregunto si a las demás niñas y niños se les queda algo de lo que en esos talleres o actividades les explican y/o hacen. A Romeo nada. Ni sabe qué significan muchos de esos conceptos, ni se entera de nada de lo que pretenden inculcarle.

Es más, a veces acaba tan saturado del concepto en sí, que acaba repudiándolo, como si esa palabra ya no tuviera cabida en su cuerpo. Ha ocurrido hoy. No quiere ni oír hablar de la palabra “igualdad”. La semana pasada le robaron una hora de ukelele, dice. En la hora de la asignatura de Música tuvieron que escuchar una canción que trataba el tema (reconozco que a mí también me da ya grima de tanto como la oigo por aquí y por allá). El único efecto que produjo esta acción en él es odiar todavía más la campaña. Está cansado de que le hablen de mujeres científicas, de los mensajitos en los libros y en los audiovisuales que ven en clase… No puede oír más la palabra Igualdad.   

Siento como si estuviera de moda hablar de ciertos conceptos, y como si de tanto mencionarlos se hubieran vaciado de sentido. Como si fueran envoltorios de caramelos sin caramelo. Siento como si el caramelo, el concepto, fuera por un lado y el envoltorio por otro. De hecho, me parece que al envolverlos tanto, con actividades, talleres… etc, se pierde el interés (si es que tiene que haberlo) por ellos. Pienso esto de todos los planes de fomento: fomento de la lectura, fomento de la igualdad, fomento de la diversidad, fomento de lo saludable…

No creo en la intención de fomentar nada en nadie. Creo en ocuparme de lo que me incomoda en mí y dejar tranquilos a los demás.  Somos personas haciendo esto y lo otro, viviendo, qué más da el género, sexo, capacidades, gustos...

Es decir, que pienso que al querer promover tanto ciertos principios que no vemos en nosotros, en nuestro universo, alejamos a los que son objeto de nuestra intención de fomentar, de ellos. Los niños y niñas nacen iguales, no hace falta que nadie se lo diga. Si no paramos de decírselo, es cuando perciben la desigualdad encubierta que practican quienes pretenden inculcarles dicha igualdad. Lo mismo con el principio saludable, sostenible... etc.

martes, 2 de marzo de 2021

INJUSTICIAR

  

“La vida es injusta”, así le contestó su tutor cuando se quejó de no haber tenido clase de Tecnología. Por lo visto hubo un problema en el patio, dos niños se pelearon, y después en clase, en la hora de Tecnología, estuvieron hablando de ello, el tutor habló de ello. Cuando Romeo preguntó si no iban a tener Tecnología, el profesor contestó que ya no la estaban teniendo, que ya se había pasado la hora. Romeo se enfadó y tiró los libros al suelo diciendo: ¡qué injusto!

Ese día Romeo aprendió que haga lo que haga hay una persona por encima de él que decide sobre su tiempo. Da igual si pega o no, si grita, si corre, lo que sea que vaya contra las normas de colegio… Siempre habrá alguien que maneje a su antojo los hilos de su vida. Imposible así responsabilizarse de la misma. No me extraña que el mundo esté lleno de adultos irresponsables. 

Ante la enorme frustración con la que Romeo llegó a casa ese día, tuvimos que hacer de sus portavoces y trasladamos al tutor su sentimiento, el cual él mismo no le había podido hacer llegar (no hay tiempo ni espacio para ello en el currículum). “Yo es que utilizo estas situaciones para hacerles reflexionar, aunque no sean culpables de lo ocurrido”, me contestó. Patidifusa me quedé. Le contestaré que si cuando a un compañero suyo le sancionan por algo que ha hecho, le gustaría que le sancionaran a él también para ayudarle a reflexionar.   

Ayer, más de lo mismo con el agravante de privarles de una de sus necesidades básicas. Esta vez, castigados por una conducta que expresaba contento. En el caso de Romeo, contento contenido (ya que en el colegio no les dejan gritar). La directora les anunció un cambio en el orden de las clases: en lugar de no sé qué asignatura iban a tener Educación Física. Las alumnas y alumnos se pusieron contentísimos gritando en clase. Ante esta reacción la directora se enfadó, les dejó sin gimnasia y les mandó hacer una redacción titulada: “Cómo nos debemos comportar cuando nos dicen que vamos a hacer Educación Física”. Parece de chiste, a mí me lo parece, de chiste de Jaimito o episodio de Zipi y Zape. Pero no, ocurrió ayer en un colegio público de la Comunidad de Madrid en el que los niños y niñas permanecen casi cinco horas sentados al día con las únicas excepciones de media hora al día de patio y dos horas a la semana de educación física.

"Hay un montón de pruebas que demuestran la fuerte conexión entre movimiento y aprendizaje, y su implicación emocional. Según el libro Teaching with the Brain in Mind de Eric Jansen en el capítulo 4 Movimiento y aprendizaje afirma que actualmente la base de datos MEDLINE muestra más de 33.000 artículos científicos sobre el tema del movimiento (en el juego, en el ejercicio físico…) y el desarrollo cerebral. Podríamos afirmar que las conexiones cerebrales de un niño/a se observan a través de sus movimientos. En definitiva,  el movimiento fortalece el aprendizaje, mejora la memoria y la atención y aumenta la motivación y la autoestima del niño/a".

Lo que tendría que reflexionar esta señora es por qué los niños reaccionan así ante la noticia de tener Educación Física. Esa es la redacción que tendría que hacer ella, pienso. Y después preguntarse si lo que quiere en su colegio son peleles que no expresen sentimientos y/o niños y niñas tristes que odien el colegio como mi hijo salió diciendo ayer.  

 

domingo, 12 de enero de 2020

Romeo tiene manías (2)



No sé cuándo se originó o si venía de serie cuando la descubrí. Pero la recuerdo de muy antiguo, en la prehistoria de Romeo. No puede comer con cuchara pequeña, ni siquiera tocarla, ni verla puede. Le pasaba también con el tenedor, pero ahora se apaña para apenas rozarlo cuando tiene que comer con uno de tamaño habitual. Con la cuchara esto es más difícil. Tiene sus propios cubiertos, cuchara y tenedor grandes, que yo le regalé hace un par de años porque eran dorados y grandes y le gusta mucho lo dorado y grande. Se los lleva a todos lados y cuando se le olvida, o no come o se apaña haciendo malabares. No come en el colegio porque no le dejan llevarse sus cubiertos. Al principio, cuando a veces se quedaba, engañaba a las cuidadoras del comedor pidiendo cuchara para comer el filete. Se lo escondía para el yogurt, mejor una cuchara de sopa que no una cuchara de postre. 

jueves, 19 de diciembre de 2019

Fomentear



Ayer en el grupo de madres y padres de la clase de Romeo, surgió un debate acerca de si era apropiada o no la medida que toma el colegio para fomentar la alimentación saludable. La profesora con ayuda de un niño o niña (cada día le toca a uno o una distinto) supervisa el almuerzo de cada alumna y alumno y requisa lo que el colegio considera no saludables (bollería, patatas fritas, zumos… etc).
Pienso que es una responsabilidad que no corresponde al niño o niña en cuestión, hacer de policía o ayudante de policía, de sus compañeros. Somos los padres y madres quienes compramos la comida a nuestras hijas e hijos, y es por esto que opino que debería ser a los padres y madres a los que se nos debería revisar y requisar si procede.
Entiendo que si es un colegio que tiene como característica poseer el “sello de vida saludable”, tenga que mantener “el tipo” evitando que sus alumnos y alumnas consuman productos poco o nada saludables. Nosotros al apuntar a Romeo al colegio lo sabíamos, se nos informó y nos pareció bien como respaldo a los cuidados de nuestro hijo. Romeo lleva fruta de almuerzo todos los días, si sus compañeros llevaran otra cosa, quizás sería más complicado para nosotros conservar su ingesta diaria de fruta. Sin embargo, no comparto la forma cómo mantienen “el tipo”. Es decir, no creo que se fomente nada en la niña o niño colocándole de policía, ni otorgándole puntos si lleva almuerzo saludable… etc. Osea, creo que los premios y los castigos no fomentan nada, sino todo lo contrario. Pienso que son las herramientas que dispone el colegio porque no conocen otras, pero que lejos de fomentar, lo que hacen es someter. Hacen que los niños y niñas obedezcan, cumplan las normas de una autoridad sin aprender más que la obediencia incuestionable. (Así, a lo mejor cuando sean mayores lamen el suelo de la oficina si su jefe se lo ordena). Soy consciente de que se les explica el concepto de vida saludable, así como otros conceptos de moda con múltiples artimañas. Aquí escribí sobre ello: https://macarenamenasantos.blogspot.com/2019/10/ensefomentar.html
Pero no creo que sea eficiente, útil ni necesario; sino todo lo contrario.
Desconozco si el “sello de vida saludable” lleva implícito la norma del control del almuerzo, y/o  si es lícito que un colegio opere como le da la gana para que en su patio de recreo no haya envoltorios de bollos ni chucherías; pero pienso que independientemente de ello, los niños y niñas no son responsables de esto. Es a los padres y madres a los que se nos debería informar sobre la norma, sobre la vida saludable y sobre las necesidades alimentarias de nuestros hijos e hijas, si es que los docentes saben sobre ello. (Me permito el beneficio de la duda, de dudarlo).
También desconozco si el hecho en sí es tal cual me hice ayer la composición de la escena: un niño o niña al lado de la profe mirando en las tarteras de sus compañeras y compañeros y señalando lo no saludable. Es más, al comentárselo a Romeo nos dijo que: "¡va, es que a la profe sola, con la prisa que se dan para salir los niños, no le da tiempo!" Es decir, parecer ser que el niño o niña en cuestión ejerce de apoyo de la profe, quien castiga o premia un acto cuya responsabilidad, repito, pienso no es del niño o niña. Pero por lo que expresó Romeo, no parece que les suponga ningún problema ni cause rivalidad entre ellos, por contra a lo que se dijo ayer en el debate.
De nuevo observo con esto la falta de comunicación entre unos y otros, entre colegio y familias. Se nos debería informar de todo lo que lleva implícito el sello de vida saludable y de la normativa vigente sobre ello. Se evitarían así, creo, muchas dudas, conjeturas, debates. También veo el miedo de unos y otros. De unos, el colegio, a perder su estatus de autoridad incuestionable, y de otros, las familias, a responsabilizarse de sus actos, del acto de acompañar el crecimiento de sus hijos/as al decir que los niños y niñas tienen que respetar las normas, sin más. 












martes, 12 de noviembre de 2019

Higienizar



Casi nunca me equivoco cuando intuyo que Romeo no ha tenido Educación Física en el colegio. Ayer, antes de llegar a casa, se lo pregunté. Efectivamente. Me dijo que no habían tenido Gimnasia por el taller de “higiene postural”. Entré en cólera. Mi estupor iba aumentando cuando me explicó que el taller había sido exactamente igual al del año pasado con los mismos regalos que el año pasado: un panfleto con un cd. Junto a mí, mientas escribo esto, tengo dos cuadernillos iguales con sendos cds. Gasto absurdo (que puede que yo misma haya pagado) destinado a ningún fin, pues no nos ha despertado ningún interés en un año.
-Claro, mamá, que había niños nuevos que no sabían nada del taller… Pero creo que lo podían haber hecho ellos mientras nosotros hacíamos Gimnasia.
¿Cómo no se les ocurre pensar esto que ha pensado un niño de 9 años? ¿Cómo suprimen la única clase de movimiento al día que tienen por un taller donde se trata la salud física?
Hace poco mi madre me comentó que había leído en el periódico acerca de la importancia de incrementar el movimiento de los alumnos en los colegios. Que se iba a tener más en cuenta. Esto no responde a aquello.
Quiero pensar que ha sido un descuido, que cualquiera tiene un fallo, que somos humanos…  De hecho, no he visto reporte alguno de la actividad en el Twitter del cole que todo lo cuenta. Así es que no me queda otra que desahogarme por aquí denunciándolo y pasar página mientras compenso lo que han descompensado en mi hijo.  



jueves, 17 de octubre de 2019

Ensefomentar



Ayer me contaba Romeo que el lunes próximo tienen una salida. Yo había leído algo también sobre ello en un comunicado del colegio, pero me pareció entender que era un taller. Así es que le pregunté:
-¿Estás seguro que es una salida y no un taller dentro del colegio?
-Bueno, no sé. Es algo de salud o algo así…
Me pregunto si a las demás niñas y niños se les queda algo de lo que en esos talleres o actividades les explican y/o hacen.  A Romeo nada. Ni sabe qué significan muchos de esos conceptos, ni se entera de nada de lo que pretenden inculcarle.
Estos días estoy con un libro sobre diversidad sexual donde leo esto: “La dirección de la escuela es quien asume la responsabilidad última de que se apliquen medidas activas y eficaces para promover la igualdad de género. En todas estas normas se establece la misión de la escuela infantil de educar en igualdad. Hoy en día tanto educadores y educadoras, como el equipo directivo de las escuelas infantiles son altamente conscientes de que deben trabajar para promover la igualdad, pero todavía muchas no saben cómo llevar los principios a la práctica”.
Siento como si estuviera de moda hablar de ciertos conceptos, y como si de tanto usarlos se hubieran vaciado de sentido. Como si fueran envoltorios de caramelos sin caramelo. Siento como si el caramelo, el concepto, fuera por un lado y el envoltorio por otro. De hecho, me parece que al envolver tanto dichos conceptos, con actividades, talleres… etc, se pierde el interés (si es que tiene que haberlo) por ellos. Demasiado bonito el papel para que luego pretendan que me quede sólo con el regalo. Pienso esto de todos los planes de fomento: fomento de la lectura, fomento de la igualdad, fomento de la diversidad, fomento de lo saludable…
No creo en la intención de fomentar nada en nadie. Creo que si hay algo que me incomoda, haría mucho al mundo ocupándome de ello en mí. Los educadores y educadoras no saben, pienso, porque no tienen que saberlo, sino serlo. 
Me explico: que si una niña utiliza una cocinita de juguete para hacer comiditas, dejemos que las haga y no queramos que haga ladrillos o la utilice para lanzar misiles. Que si para un niño un Batman no es un muñeco, dejemos que lo llame como le de la gana. Si una mamá no quiere hacer la comida todos los días, puede hacer una propuesta a su familia o inventarse una fórmula para no tener que cocinar todos los días. Son personas haciendo esto y lo otro, qué más da el género.
La tarea estaría, opino, en mi propio universo, cambiando o aceptando lo que me incomoda de mí, y no pretender que los niños y niñas se hagan fotos jugando con juguetes que no van con ellos para promover la igualdad de género.  
Es decir, que pienso que al querer promover tanto ciertos principios que no vemos en nosotros, en nuestro universo, les alejamos de ellos. Los niños y niñas nacen iguales, no hace falta que nadie se lo diga. Si no paramos de decírselo, es cuando perciben la desigualdad encubierta que practican quienes pretenden inculcarles dicha igualdad. Lo mismo con el principio saludable, sostenible... etc. Con los premios y castigos me pasa un poco lo mismo. Que, pienso, son envoltorios que hacen que el ser humano ya no quiera seguir aprendiendo por sí mismo.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Subconocer



El otro día Romeo salió del cole muy enfadado por lo que le había dicho su profesor de Tecnología. Era la primera clase que tenían sobre esta materia y en un momento dado quiso saber si iban a hacer algo de Scratch. El profesor le contestó que quizás algo de Scratch junior, pero que eso era muy difícil para él. Esto fue lo que molestó a Romeo, que le dijera lo que era difícil para él. ¿Acaso sabe el profesor lo que Romeo considera difícil? ¿Acaso puede predecir lo que Romeo considerará difícil? ¿Acaso son todos los niños y niñas iguales? 
Por supuesto que el profesor de Tecnología no sabe que Romeo es un "experto" en Scratch, que lo lleva practicando más de dos años. No tiene por qué saberlo si Romeo no se lo dice. Igual que no tiene por qué saber lo que Romeo considera difícil, ya que él no es Romeo. Obvio.
¿Por qué se subestima a las niñas y niños? ¿Por qué no les escuchan? (Pienso que el profesor tuvo ese día una muy buena ocasión, ante la pregunta de Romeo, para averiguar qué sabe y qué le interesa saber). ¿Por qué no les dejan dirigir su propio aprendizaje?
Le contamos el enfado a un papá amigo y se reía diciendo que uno de estos días van a llegar fulanito y menganito y le van a dar lecciones de tecnología al profesor.
A pesar de todo, de los intereses creados, sé que las fábricas de iguales desaparecerán en un futuro.

lunes, 7 de octubre de 2019

Cositas de colegio (2)


El colegio como institución ya no cumple la función para la que se creó, pienso. Ahora los colegios son aparca niños, donde los padres dejan a sus hijos porque no saben qué hacer con ellos si no y/o  porque muchos no se cuestionan otra cosa. Piensan que es allí donde sus hijos e hijas van a aprender lo que necesitan para vivir. Delegan el acompañamiento del desarrollo de sus hijas e hijos en los profesionales del sistema educativo establecido. Y porque, además, no queremos problemas con la ley y otras razones. Me incluyo en estos últimos. Luego cada familia buscamos el colegio acorde a nuestra historia personal. O sea que de haberlos, pienso, tendría que haber tantos colegios como familias. Como no los hay, no me gustan los colegios.
Sin embargo, de vez en cuando cuento por aquí cositas del colegio de Romeo que me gustan. Creo que lo hago para no sentirme culpable. 
Hoy me apetece hablar de la página web del colegio. La semana pasada nos informaron de su existencia, aunque sé que existe desde hace unos años. A través de la nueva web he redescubierto el colegio de mi hijo y he podido organizar la información que iba recabando poco a poco en reuniones y boletines. Proyectos, actividades transversales, planes de mejora, recursos… eran palabras que bailaban en mi cabeza sin ton ni son y ahora, gracias al trabajazo de dejar todo plasmado en la web, he podido ordenar. También leí la historia del colegio no sé en qué apartado de la web, aunque ahora al escribir esto la quiero volver a leer y no la encuentro. Mediante dos vídeos se nos explica el funcionamiento del mismo y su localización dentro del planeta Tierra. Además se menciona el juego de palabras con el que se enorgullece su nombre: Estados-Estamos Unidos. Enhorabuena a los artífices de la web.   

jueves, 3 de octubre de 2019

Aprendar



Otra novedad de la nueva profe es la disposición de los alumnos y alumnas en grupos de cuatro. En la reunión nos explicó que le interesa que las niñas y niños aprendan cooperación, que es por ello que cada uno desempeña un papel en el grupo, los cuales van rotando cada cierto tiempo. Romeo me explicó lo mismo añadiendo que él no quería trabajar en grupo, que no le gusta trabajar así. De nuevo, la fábrica de robots. ¿Por qué no respetan los gustos de cada uno? Sé que la cooperación, el asociacionismo, está de moda. Que como seres sociales que somos vivimos en sociedad y que por ello es útil aprender a trabajar en grupo. También es útil no trabajar en grupo y de ello no se habla porque no está de moda.
Hace unos días Romeo quería hacer los deberes que le habían puesto para quitárselos de encima y no tener pendiente el hacerlos. Se trataba de buscar en internet las lenguas que se hablan en cada comunidad autónoma de España. Dijo que no le hacía falta internet, que nos lo preguntaba a nosotros. Me sorprendió, pues le encanta cacharrear con la tecnología. Se lo quería quitar de encima cuanto antes. ¿De verdad cree la profesora que ese día aprendió las lenguas que se hablan en España? Cuando me preguntaba, de vez en cuando me salía el ramalazo heredado de pretender que pensara y sacara sus propias conclusiones, como hacían mis padres con sus alumnos y alumnas. Pronto me di cuenta que no servía de nada, pues me lo había dicho: "no quiero aprender". Claro, pensé: ¿qué interés puede tener Romeo ahora mismo en saber que en Valencia se habla el valenciano? Ese día no aprendió las lenguas, sino que perdió el tiempo, un tiempo que podía haber empleado en seguir perfeccionando su pinball.
Estos son sólo dos ejemplos, pero así con todo: solidaridad, accidentes geográficos, paz, sumas con llevadas, igualdad, órganos del cuerpo humano… ¿De verdad alguien cree que si un niño o niña dibuja una paloma blanca junto a sus compañeros aprende algo? Sí, pienso que quizás aprende a guerrear cuando le violentan no respetando sus gustos ni sus intereses.


miércoles, 2 de octubre de 2019

Intereser



Me cuenta Romeo que la nueva profe ha traído una novedad: empezar la clase con un vídeo diferente cada día. Me lo cuenta ilusionado. Está encantado con esta artimaña de la profesora. Sin embargo, el otro día me lo contó enfadado: la profe había cortado el vídeo y no habían podido verlo entero. “Ya hemos visto lo interesante”, les dijo.
Romeo: ¿Lo interesante para quién? ¡Para ella, claro!
Sabe que la profesora es quien determina lo interesante para una clase. Es ella quien decide qué es lo que debe interesarle a una alumna o alumno. Pero claro, de ahí a que a ese alumno o alumna le interese puede haber un abismo.
Para mí esta es la clave del desarrollo humano. Lo que interesa a cada persona en cada momento de su vida. Algo tan simple y que muy pocos se atreven a atender, y menos en un colegio, porque no interesa. Interesa construir robots obedientes y eficientes, no personas. Es por ello que se habla tanto de educación y al mismo tiempo, es por ello que hace aguas el sistema educativo convencional, pienso. Nadie pregunta a un niño qué le interesa en un ambiente donde la pregunta que tendría que imperar, en mi opinión, sería esa. Un folio para dibujar lo que quieran de vez en cuando; en Junio, que es el mes que están más cansados, alguna propuesta hecha por los alumnos y alumnas; tiempo libre para jugar o leer (¿es que leer no es jugar?) si les sobra algún minuto después de hacer un examen… Aparte de esas pequeñas pildoritas de libertad (imprescindible para el desarrollo humano), en el currículum escolar no hay ninguna asignatura que demuestre interés por los intereses de los niños y niñas. Nadie les da voz. Pienso que es imposible que alguien aprenda algo si no le interesa, a menos que se ponga en riesgo su salud.
Es decir, pretenden que aprendan lo que a ellos les interesa que aprendan para formar robots; pero no lo aprenden porque no les interesa, ya que no son robots, son personas y como tal llevan intrínseco un programa de desarrollo humano.