En primavera le dieron
el alta. Hemos estado desde el 28 de noviembre enganchados a la historia de un
ojo. Ese día se dio un golpe con el picaporte de una puerta. Cuando lo ví
apenas tenía nada y no le dimos importancia. Pero esa misma madrugada se
levantó de la cama con el ojo cerrado completamente como una pelota de pin-pon.
Al verle, después de trabajar, de madrugada, en brazos de su padre de esa guisa, casi me da algo. Enseguida le pusimos hielo, aunque apenas se dejaba, y viendo que
por la mañana nada había mejorado le llevamos a urgencias. A partir de ahí se
sucedieron varios acontecimientos que ahora ya los tengo desenfocados en
la memoria, pero era algo así como: antibióticos vía oral, celulitis ocular,
oftalmólogo, especialista de infecciosos, antibiótico por vena, cara deformada,
el otro ojo hinchado, urgencias de nuevo, una semana ingresado, revisiones y
más revisiones, para finalmente quedar convertido en un ojo-termómetro. Es decir,
que cuando hace frío o calor se le pone rojo, cuando llora o se enfada también…
Yo que visualizaba estando embarazada un hijo con unos ojos perfectos, como los
de su padre, he presenciado en primera
fila una película sobre un ojo con payasos, pelotas volando por la habitación y
bocadillos de queso “porque las enfermeras se han equivocado”, incluidos. Menos
mal que para Romeo todo ha quedado en una semana maravillosa con sus papás en
un hospital mágico.
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jueves, 10 de septiembre de 2015
martes, 26 de mayo de 2015
Romeo va a un concierto
Una tarde a la semana
(a veces más) Romeo se queda en casa de sus abuelos, en Aluche. Le encanta ese "planning", como él dice. Se le ilumina la cara cada vez que le decimos que va a
ir a casa de los abuelos. Allí, nos imaginamos, que es como el paraíso para él.
Todo lo que pide se le da (o casi todo). Por ejemplo, bajar al parque casi
siempre viene acompañado de un viaje en tiovivo y una bola con sorpresa.
Un día, después de
haber estado en el paraíso de los abuelos, le llevamos por primera vez a un
concierto. Eran las fiestas de Aluche y tocaba Danza Invisible. El auditorio estaba
a rebosar. Romeo caminaba como podía entre el bosque de piernas avanzando hacia
donde se oía la música. Le teníamos que agarrar de la capucha para no perderle.
Cuando vio un espacio sin pies, se paró y allí nos quedamos. Su padre le subió
a hombros y así disfrutamos los tres del concierto. A ratos le bajaba, que unos
hombros son unos hombros, y luego vuelta a subir. La cara de Romeo iluminada
por los focos y por el disfrute. Cuando llegaron los bises, él pedía también
otra y otra. No se quería ir. Le encantaba. Estaba tocando el cielo después de
haber estado en el paraíso.
miércoles, 8 de abril de 2015
Romeo va de matanza
En
la cochera os espero, nos dijo Tía Clara. Allí se desarrollaría toda la escena
del fin de semana. Cuando llegamos ya estaba la cerda abierta por la mitad, colgada
boca abajo y desangrándose sobre un barreño. Romeo se acercó a mirarla, como
quien observa una casa, un árbol, o algo que ha visto ya millones de veces,
para nuestra sorpresa. Su padre comenzó con las fotos: Romeo al lado de la
cerda. Yo empecé a registrar en mi interior toda actividad que allí se
desarrollaba: los torreznos en la sartén, las migas volteándose sobre la
lumbre, manos embadurnadas de rojo removían un mejunje de sangre y cebolla
dentro de un barreño. Cerca de allí, la encargada de las natillas echaba leche
en una cazuela gigante. Tía Clara servía los cafés, de puchero calentado al pie
de la lumbre. Los hombres armados con cuchillos y otras herramientas empezaron
el despiece. Primero la cabeza. Entre cuatro tuvieron que rajar y girar la
cabeza para descolgarla. Romeo inmune al primer acto jugaba a los dados y a hacer
juegos de magia a los allí presentes. Después del café acompañado de torreznos
e hígado continuó el trabajo: las
mujeres en torno al fuego, los hombres en torno a la cerda. Romeo nos hizo la
comida sobre un bidón lleno de cenizas: naranjas con pimiento y ajo más sopa,
dijo que era. La otra comida fue al sol, que hacía frío. Aunque más de uno se
tuvo que resguardar de los rayos en la umbría del garaje después de comer las
migas con torreznos, chorizo, lomo, pimientos, miel y leche. Así se comen allí:
migas solas en el plato y aparte cada uno se sirve lo que quiera del resto. La
miel en una puntita de la cuchara cada vez que coges migas. La leche para
añadirla a las migas del fondo del plato, de postre. Romeo bromeaba con unos y
otros: que si como con una cuchara grande de madera, que si me doy culetazos, que si te pillo, que no me
coges... Por la tarde a embuchar las morcillas y seguir cortando a la cerda:
jamones, tocino, orejas… Que todo se aprovecha (hasta los andares), como apunta
el dicho. Terminada la faena del primer día, la cena: carne que se ha separado
para la ocasión, en su jugo, a la lumbre también. Y de postre sopa de ensalada
para bajar la grasa, del mismo plato todos. Acabada la cena comunal se recoge y
para casa. Allí se queda la cerda desestructurada entre barreños y ganchos por
las paredes, y las natillas recién hechas en platos soperos extendidos sobre la
mesa.
Al
día siguiente se continúa la faena. Dejaros hueco en el desayuno para probar la
sorda, nos dice Tía Clara. Efectivamente, nada más llegar vemos que ya están
probando los torreznos y la carne del chorizo frita, riquísima. Después las
mujeres hacen los chorizos en torno al fuego para no pasar frío. Una mete la
carne en la picadora, la otra sujeta la tripa, otra anuda, otro lo lleva. Romeo
con su padre se encargó de esta última labor; todo contento iba ensartando los
collares de chorizos en las estacas. Así como de pincharlos para sacarles el
aire. Unos gordos, otros finos y luego todos ahumados sobre la lumbre,
directora de escena de la matanza. Los hombres al cuchillo siguen cortando el
tocino y colgando los jamones. Para comer, cocido, que lleva desde primera hora
de la mañana sobre el fuego, al lado del puchero del café que a cada rato se
sirve junto con torreznos o lo que haya. El cocido riquísimo: sopa con fideos,
garbanzos, carne de cerdo, jamón, chorizo, tocino… aderezado con vino de pitarra
y pan blanco. Rico, Rico. Y de postre natillas, como manda la tradición. Romeo
se pone morado. Y esa es la escena final, que ya todos recogen y se van para
sus casas. Acabada la matanza de Tía Clara y Tío Jose damos un paseo por el
campo. Vemos un burro a lo lejos y Romeo pregunta si es una estatua. Es lo que
tiene venir de la ciudad.
jueves, 20 de noviembre de 2014
Romeo piensa
En mayo del 2012, meses antes de cumplir
los dos años, Romeo dijo: "he ido vayuyú y me he caído". Era la primera vez que
Romeo elaboraba una frase explicando un hecho y una consecuencia relacionada
(para él) con ese hecho.
Es algo que, junto con la adquisición
del lenguaje, me causa admiración y curiosidad en la evolución de los niños.
Cómo la mente va llenándose de palabras y pensamientos, y cómo estos salen al
exterior. He disfrutado y disfruto muchísimo escuchando a Romeo. Desde que Romeo
empezó a expresarse http://macarenamenasantos.blogspot.com.es/2011/09/romeo-se-expresa.html,
después a hablar http://macarenamenasantos.blogspot.com.es/2011/09/romeo-se-expresa.html, y a comprender http://macarenamenasantos.blogspot.com.es/2012/01/romeo-comprende.html.
Estos son algunos de sus
pensamientos que quería compartir antes de que la lista siga creciendo:
02-4-2013:
Le pregunto que qué hacía cuando
estaba dentro de la tripita de mamá y me dice que comer churros y porras con
chocolate que tomaba de una taza.
08-10-2013:
Al contarle lo que era mi copa
menstrual me ha dicho que cuando sea mayor le ponga una vagina para tenerla él
también.
19-11-2013:
Dice que él tiene el hoyito de
debajo de la nariz como un círculo y yo como un triángulo, y que en Madrid Río
hay muchos hoyitos que han dejado en un banco.
01-04-2014:
Cuando pasamos por el Vips hay
una señora pidiendo en la puerta. No le gusta verla y ayer cerraba los ojos
subido en la bici para no verla. Después dijo: "está pidiendo porque no tiene
dinero para comer en el Vips".
08-04-2014:
“El pis se me va al culo. El
intestino se junta con la caca, el pis y los mocos”.
06-05-2014:
Esta mañana Romeo me preguntaba
por los pájaros de mi güipil. Decía que eran muy bonitos. Le cuento que esa
camiseta la tengo desde que era pequeña y me dice que ahora la camiseta ha crecido.
Estas vacaciones (06-2014):
En Viena me dijo que la luna me
iba a taponar las manos si pasaba por el paso de cebra pisando las líneas
blancas. Que hasta Garrucha no se me destaponarían.
En Buzovgrad dijo que el bosque
tenía partes que se hacían de día y otras de noche.
En Garrucha dijo que quería ir
hasta el fondo del mar.
26-08-2014:
Si haces cosas muy rápidas en el
cuarto de baño huele a flan.
Otros pensamientos recurrentes
que tiene son:
Que las cosas se pueden decir de
dos maneras: por ejemplo hierba-césped; uno-one…
Que puede leer los libros de dos
maneras: desde atrás él y desde adelante con alguien que se los lea.
¿No es para comérselo con
patatas?
jueves, 13 de noviembre de 2014
Romeo me abraza
Tengo grabada en mi
cabeza una imagen: Cora, la hija de unos amigos, abrazando a su padre. Yo
embelesada y embarazada les observaba. Nuestro amigo que se dio cuenta me dijo:
ya verás, cuando te pase esto, es lo más maravilloso del mundo. Imagen y frase se me quedaron en la cabeza.
Cuando Romeo tenía dos años y tres meses lo pude comprobar. Me abrazó y fue lo
más maravilloso del mundo. Sus bracitos alrededor de mi cuello con presión. No
como otras veces en que los colocaba ahí porque en algún sitio los tenía que dejar cuando yo le cogía. Por acto reflejo le
abracé también y nos quedamos entreabrazados. Entonces me acordé de nuestro amigo y su hija.
No recuerdo dónde se
perdieron los abrazos con mis padres, pero lo cierto es que los perdimos. Hace
poco lo hablé con ellos y me dijeron que fue el pudor. El pudor los perdió.
Ahora es muy difícil encontrarlos. Ha pasado tiempo y han quedado muy
enterrados.
Yo espero seguir saboreando
lo más maravilloso del mundo con Romeo siempre. Tendré cuidado para que el
pudor no nos los pierda.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Romeo viaja a Garrucha
Todos los veranos reservamos una semana
de las vacaciones para ir a Garrucha. Quiero imaginarme ahora lo que ve Romeo desde
la ventanilla del coche cuando llegamos cada mes de junio. Edificios de color
claro, unos beis, otros rosáceos, que se levantan hacia el cielo azul hasta que
ese cielo azul se hace un único edificio color beis y blanco. En él hay muchas
terrazas. Una de ellas es la de los yayos, círcula,
como le gusta decir. En medio de los tres bloques que forman la urbanización
está la fuente donde mete siempre la mano. Alguna gaviota revolotea por
lo más alto siempre y cuando los cds colgados no las asusten. Arriba del todo,
en la azotea, está la piscina donde hace “anilisis” y otras peripecias
inventadas con su padre. Pero esto no alcanza a verlo ahora desde el coche.
Abajo la cuestecita en curva que tanto le gusta, por donde entramos antes de
abrir la verja. A continuación,
al lado de esta, la puerta granate del garaje que se va abriendo despacio hacia
un lado mientras Romeo sigue observando. Por la otra ventanilla, a su izquierda,
cerca de la carretera y en primer lugar están los contenedores de basura: uno
azul para mamá (porque le gusta el azul, diría él), otro verde para papá
(porque le gusta el color verde) y el amarillo para Romeo. Esa ha sido la
cantinela colorística de este verano. Tras éstos, las escaleras para bajar al
Paseo Marítimo. A su lado la rampa para descender también donde una vez se hizo
caca. Más allá, casi al borde del puerto, debería estar el puesto de helados, pero
ya no alcanza a verlo desde su sillita del coche. Por último, al fondo, descubre
el cielo entre los edificios y se pone la mar de contento imaginándose las olas
en él.
martes, 28 de octubre de 2014
Romeo habla inglés
Lo tengo
apuntado, fue el 11-11-12, cuando Romeo por primera vez dijo los números en
inglés. Una amiga, Raffaela, le había regalado en su segundo cumpleaños un
cuento con los números del uno al diez en inglés y de tanto verlo se los
aprendió.
Después vino la
película de Robin Hood que tanto le gustó y tantas veces se ha visto. "Shutting",
dice.
Estos días tengo
conversaciones en torno a la educación de Romeo. Recuerdo en una sesión
pedagógica del año pasado cómo se habló de la obsesión que hay ahora porque los
niños aprendan inglés. Todo derivado de la carencia sufrida por los padres de
esos niños. Los padres de esos niños aprendimos en el colegio, mejor dicho no
aprendimos, un idioma extranjero, inglés o francés. Los que tuvimos más suerte,
o peor, nos llevaron a Inglaterra, nos apuntaron al Instituto Británico o nos
dieron clases particulares de inglés. Pero seguíamos sin aprender ni una pizca
de inglés porque no estaba en nosotros el interés por aprenderlo
(independientemente del sistema para hacerlo), sino en nuestros padres, que
quizás se habían topado con trabas laborales o viajeras por no saber inglés. Yo
aprendí inglés cuando me interesó aprenderlo, cuando quise viajar y quise
comunicarme en esos viajes, no antes, a pesar de todo el tiempo y dinero
gastado. Por eso no me pre-ocupo porque Romeo hable inglés, entre otras cosas
porque no sé cómo va a ser el mundo de Romeo más adelante. Ahora sé que le
interesa el inglés de las películas que le ponemos y el de los cuentos que
vemos. El otro ya llegará si tiene que llegar.
Aparte, pienso, que la
única manera de que una persona aprenda a hablar un idioma nuevo es hablándolo
y sólo se habla cuando quieres hacerlo. Si no quieres, por mucho que te
intenten enseñar, no lo aprendes. Como todo, pienso, en esta vida.
Por otro lado me llegan
informaciones de que la disposición del niño para los idiomas es mucho mejor
en edades tempranas que más adelante. Tenemos la suerte de que en nuestro proyecto de vida a
medio plazo contemplamos vivir en el extranjero y que será ahí cuando Romeo
pueda beneficiarse de esa fácil disposición de ahora. Nos apetece por nosotros,
por él. Pero sin pre-ocupaciones, sin pensar en futuros que desconocemos, sino
porque nos apetece ahora por el ahora.
No sabemos si Romeo
querrá hablar cuando vivamos en otro país, pero sí sabemos que le queremos
hacer ese regalo: vivir en el extranjero. Luego que él lo use a su manera, pues
como dice mi refrán: "a regalo regalado mira todo lo que lo tengas que mirar y si
no te sirve, reciclaló".
jueves, 16 de octubre de 2014
Romeo duerme
27-9-12, de 21:30 a
8:30. No nos lo creíamos. Algo tan vital como el dormir y todavía no he escrito
nada sobre el sueño de Romeo, a pesar de que es algo que hace desde que nació.
Pero es ahora cuando nos hemos empezado a dar cuenta que Romeo duerme. Que
duerme ya en el sentido que dormimos nosotros. Antes era como algo que hacía porque
lo hacen también los bebés, porque estaba en la rutina de sus actividades: para
engordar, nos decían; para crecer; porque sí. Primero dormía todo el día y
noche, con intervalos para mamar; luego también introdujo intervalos de vigilia
para otras cosas; más tarde empezaron la siestas: dos por la mañana y dos por
la tarde, una por la mañana y una por la tarde, una por la tarde; hasta que
desapareció la siesta. Esto ha sido hace poco. Ya no duerme siesta, salvo que ésta
le pille desprevenido en el carrito o en el coche. Con el destete nocturno
empezó a dormir más horas seguidas por la noche, que hasta entonces era un
chorreo continuo de despertares. En ese época dormía nueve horas por la noche y una o dos por la tarde.
Ahora, sin siesta, son entre diez y once horas por la noche. Romeo se acuesta
en torno a las 21:00 y se levanta sobre las 7:30. Durante ese tiempo, aparte de
soñar, se suceden siempre dos acontecimientos: papá y mamá entran a darle un
besito, arroparle si hace falta y observarle antes de irse a acostar. El otro acontecimiento
impepinable es que Romeo pide “a la cama de los papás”. Es en torno a las 3 de
la mañana cuando Romeo coge el metro para desplazarse a ese otro universo
grande y calentito entre papá y mamá. Normalmente la transportadora es mamá,
así lo pide, que cuando se acerca papá muchas veces no le quiere ni ver.
Pero otras veces las agarraderas del metro nocturno son las de papá. El sueño
en dos episodios que me parten la noche y los enfados diarios, se desvanecen
cuando veo la carita de Romeo dormido. Desde que nació, no ha habido ni un solo
día en que hayamos faltado a esta cita: ver cómo duerme Romeo. Qué rico,
decimos siempre al salir de su cuarto.
lunes, 13 de octubre de 2014
Romeo me da un beso
Ya apunté en este blog que Romeo
besaba: http://macarenamenasantos.blogspot.com.es/2012/11/romeo-besa.html.
Ahora quiero hablar de los besos que Romeo me da. Tengo apuntado que el primer
beso que me dio fue el 11 de mayo del 2012. Desde entonces no han cesado los besos. Al principio me sorprendía mucho por el
historial que tiene mi familia. Aunque mezclado con el de la familia de Carlos,
ahora no me extraña el resultado. El caso es que Romeo desde que se levanta hasta que
se acuesta me propicia besos y más besos. Ya desde la cama, desperezándose, busca mi
cara para darme un beso en la mejilla, primero en una y luego en la otra. Tiene
que ser así siempre. Y si yo no muevo la cara, me la mueve él. Me agarra la
nariz como si fuera el timón y me planta un beso en la mejilla que falta. Luego a lo largo del día van cayendo más
besos: en la despedida en la puerta de
"Momo", en la recogida de "Momo", en otras despedidas y en otras recogidas, cuando
leemos juntitos un cuento, cuando le cojo en brazos porque está cansado o
porque sí, cuando está comiendo y le apetece darme un beso, cuando se le están
cerrando los ojillos por la noche, o por nada, porque sí… Mi sola presencia le incita a darme un beso.
Un trozo de mi carne al descubierto, aunque no sea la cara, también. No ocurre
lo mismo con su padre. Es como si se recargara con los besos que me da y así pudiera continuar con sus quehaceres. También me gusta pensar que todos los besos que no me han dado,
que echo en falta de mis padres, me los da mi hijo, que son para rellenar ese
hueco. Una vez más mi hijo me regala vida.
miércoles, 8 de octubre de 2014
Romeo va a la feria
La primera vez que llevamos a
Romeo a la feria fue en San Isidro. Nos encanta ir el día 15 de mayo a la
pradera de San Isidro y así fue también hace tres años. No expresó admiración
por nada. Sin embargo, la noria vista desde casa por la noche, le maravillaba.
La incluimos en el ritual nocturno: baño, cena, cuentos, ver la noria,
caricitas y dormir. Cuando la quitaron también: baño, cena, cuentos, ver dónde
estaba puesta la noria, caricitas y dormir. La segunda feria a la que asistió
Romeo fue la de La Melonera, nuestro barrio. También había noria y como a Romeo
le gustan mucho las cosas que dan vueltas, le encantó aquella feria también,
aunque no se montara en nada. Fue este año, por San Isidro de nuevo, cuando por
primera vez se montó en unos cochecitos de un pequeño carrusel. Qué feliz se le
veía con su volante. Más adelante, en vacaciones, en el Parque de Atracciones
de Viena también se montó en uno. Meses más tarde los abuelos le subieron al
que hay permanente en el Parque de Aluche. Y hace poco montó en el de
La Melonera. Siempre que ve neones de colores u oye la palabra fiesta, Romeo se emociona. Y es que Romeo nació en un día
de feria, o el mundo hizo fiesta cuando nació él. Nuestras queridas fiestas de La Melonera, que desde el taxi veíamos las
atracciones ya de regreso a casa, y digo yo que algo de eso se le habrá metido
dentro. Me gusta pensarlo así.
martes, 30 de septiembre de 2014
Romeo habla con papá
Ayer vi Boyhood, una película que muestra los momentos en la vida de un niño de
los 6 a los 18 años. Sin que Romeo haya llegado aún a esa edad, hubo cosas que
me recordaron a él. Habiendo pasado ya esa edad hubo cosas que me recordaron
a mí. La magia del cine.
Me gustó una escena en la que el
padre va en coche con sus hijos y les pregunta qué tal, para que le cuenten
algo de sus vidas. Los niños responden que todo bien, poca cosa, sin entrar en
ningún tipo de detalles. El padre se queja, no quiere una relación así con sus
hijos, quiere saber más de ellos. El hijo le dice que él también quiere saber
más de él. Aparte de que vivieran separados, se percibía una falta de comunicación
entre unos y otros, una falta de fluidez en este sentido, como si en la rutina de sus días no se contemplara el hablar.
Tengo miedo de repetir los mismos
esquemas vividos de niña con mi hijo. En mi casa, los momentos de la comida se
compartían con el telediario. Yo no veo el telediario, pero creo que mis sentidos no están al cien por cien con mi
hijo cuando comemos, cuando le escucho…
Hace poco le oí hablar con su
papá. Daba gusto oírles hablar desde el salón. Creo que hablaban del día que
habían tenido cada uno, con todo lujo de detalles. Me encantó.
Ayer Romeo me contó que un amigo
de su escuela había perseguido a otro con un “gralluno”. Ni él ni yo sabemos lo
que es, pero nos reímos hablando e imaginando lo que podía ser.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Romeo tiene manías
Romeo como todo el
mundo tiene sus cosas. Cosas que para mí eran cuestiones a resolver o a
comprender, como los despertares llorando de la siesta o el no querer hacer
caca ni pis, pero a las que con el paso del tiempo hemos adoptado. Como por
ejemplo:
A Romeo no le gusta que
los pantalones le lleguen por las pantorrillas o se le remanguen. Desde muy
pequeño decía “palopó” cuando el pantalón se le quedaba enrollado en la mitad
de la pierna.
A Romeo no le gustan
las cosas sin acabar: los cajones a medio cerrar, los puzles sin terminar, las
cosas medio colocadas.
Romeo sigue un ritual
de entrada a la escuelita que consiste en llamar los dos a la vez
con todo lo que llevemos: nuestras manos, los cascos de la bici, las
bolsas, mochilas…
Cuando come, los cachos
pequeños no le gustan y los deja. Todo lo come en trozos grandes.
No quiere quitarse el
abrigo, bufanda ni gorro casi nunca, aunque tenga el cuerpo ardiendo.
Hubo un tiempo que
quería hacer todo de todo: montarse en todos los columpios que haya en el
parque, escuchar todas las canciones del cd, leer todos los cuentos…
No le gusta la palabra
"pequeño".
Son las cosas de Romeo
y yo que observo y golpeo el teclado.
martes, 23 de septiembre de 2014
Romeo come churros
Ayer su padre trajo porras y
churros para desayunar. Cogió una porra con una mano y con un churro en la otra metió los dos a la vez en su tazón de chocolate. Primero una cosa y cuando te
la acabes comes otra, le decimos
siempre. Pero nos pilló hablando y no nos dimos cuenta. Así es que así se los
comió, a la vez. Recuerdo los desayunos en Valor cuando era más pequeño. Se
bañaba en chocolate y el churro lo zarandeaba de tal manera que estar a su lado
daba miedo. Un señor le dijo una vez que daba gusto verle comer los churros,
que cómo se estaba poniendo. En el pueblo de mi padre se llaman calentitos y
están deliciosos. Un invierno allí los tomamos y Romeo se puso las botas. Como
le gustan. También en Peloche, nuestro otro pueblo, los tomamos y Romeo de lo
que le gustan no quería esperar a que se enfriaran. Tuvimos que pedir más. De
lazo, calentitos, estilo porras… De todas las maneras le gustan a Romeo los
churros. O le gustaban, que ahora de vez en cuando no le apetecen y me
sorprendo. Aunque no sé por qué, que el gusto, como La Tierra, también cambia.
viernes, 19 de septiembre de 2014
Romeo se queda a dormir con los abuelos
La primera noche quedó
reflejada aquí: http://macarenamenasantos.blogspot.com.es/2014/06/romeo-se-queda-dormir-con-los-abuelos.html
Segunda noche, regalo
de Amaya y Orlando a Romeo por su tercer cumpleaños. Nosotros cenamos,
salimos, fuimos al cine, quedamos con amigos. 29-11-13
La tercera noche se
queda con los abuelos y luego le llevan a Alcalá de Henares donde tenemos
comida familiar. Yo salgo con Laura por Lavapiés y aprovecho la mañana para
trabajar y correr. 13-12-13
La cuarta noche, Carlos
y yo queríamos ir al cine y como la película acababa tarde se queda en casa de
los abuelos que además ha llegado la tía María de Sevilla. 30-5-14
Y ya pierdo la cuenta,
que este verano se ha quedado varias noches, las que yo salía tarde de
trabajar. Feliz de estar con sus abuelos toda la tarde, toda la noche y en el desayuno. Y es que Romeo se hace mayor. Lo
noto muchas veces. Por ejemplo cuando dice que toda la vida le gustaría estar
en casa de los abuelos, de sus primos, de su amigo Leo… Lo noto sobre todo cuando
se despide de mí al quedarse en casa de algún amigo. Ya no pide ese beso que se
alarga hasta el infinito con el que luego pegado al nudo de la
garganta, yo me voy.
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Romeo va a ver los títeres
Como todo, también lo
tengo apuntado: fue el 7 de abril del 2012 la primera vez que fuimos a ver
títeres, al Retiro.
Se fijaba atento cuando salía el ratón que movía una señora vestida de negro. De vez en cuando sonreía. Pero se le hizo largo y nos fuimos. En otra ocasión, en Titiriluche, disfrutó muchísimo con unas vacas que bailaban al son de canciones muy conocidas. Se plantó de pie, delante de los demás niños, y ahí se quedó hipnotizado durante toda la actuación. Un día en casa viendo dibujos animados no quería ver la escena donde salen unos títeres que se pegan entre ellos. La tuvimos que pasar y no ha querido volver a ver ese capítulo. Esta primavera acudimos a Titirimundi, a ver un espectáculo búlgaro preciosísimo en el Casino de la Reina, y los dos lo disfrutamos muchísimo. Lo que más nos gustó fue ver cómo los paños de cocina se pueden transformar en marionetas. En verano hemos estado también en el Retiro, en Titirilandia, y también le ha entusiasmado ver cómo todo lo que metía el cocinero en una máquina se transformaba en hamburguesa. Sin embargo, en casa todavía no hemos conseguido crear un ambiente de títeres, a pesar de tenerlo todo: títeres de dedo, de mano, de palo y hasta un teatrillo que le hizo su yaya inspirado en un catálogo de juguetes. No le gusta ver las piernas de mamá por un lado y escuchar mi voz distinta a la habitual por otro lado. Viene corriendo y se coloca detrás del teatrillo junto a mí para ver la trastienda de las historias, ya sin magia.
Se fijaba atento cuando salía el ratón que movía una señora vestida de negro. De vez en cuando sonreía. Pero se le hizo largo y nos fuimos. En otra ocasión, en Titiriluche, disfrutó muchísimo con unas vacas que bailaban al son de canciones muy conocidas. Se plantó de pie, delante de los demás niños, y ahí se quedó hipnotizado durante toda la actuación. Un día en casa viendo dibujos animados no quería ver la escena donde salen unos títeres que se pegan entre ellos. La tuvimos que pasar y no ha querido volver a ver ese capítulo. Esta primavera acudimos a Titirimundi, a ver un espectáculo búlgaro preciosísimo en el Casino de la Reina, y los dos lo disfrutamos muchísimo. Lo que más nos gustó fue ver cómo los paños de cocina se pueden transformar en marionetas. En verano hemos estado también en el Retiro, en Titirilandia, y también le ha entusiasmado ver cómo todo lo que metía el cocinero en una máquina se transformaba en hamburguesa. Sin embargo, en casa todavía no hemos conseguido crear un ambiente de títeres, a pesar de tenerlo todo: títeres de dedo, de mano, de palo y hasta un teatrillo que le hizo su yaya inspirado en un catálogo de juguetes. No le gusta ver las piernas de mamá por un lado y escuchar mi voz distinta a la habitual por otro lado. Viene corriendo y se coloca detrás del teatrillo junto a mí para ver la trastienda de las historias, ya sin magia.
martes, 8 de julio de 2014
Romeo va a la librería
El Día del Libro le
recogí de la escuelita y nos fuimos a respirar por el centro aires de día de
libro. En la calle Embajadores me topé con la librería Venir a cuento, que
estaba muy animada. Entramos. Rebusqué. Él observaba desde el carro y me
señalaba todo lo que le llamaba la atención: una barca llena de cuentos y más
cosas. Pero yo andaba ya metida en las estanterías. Salí de los cuentos cuando
Romeo me señaló uno con mucha insistencia. Lo tenía la señora del mostrador,
señaló. Lo estaba envolviendo y no lo pude ver. Sin embargo, con las palabras
que fui sacando de la conversación entre dependienta y clienta adiviné de cuál
se trataba y lo localicé. Unas tetas enormes dibujadas. De la misma colección
había pies, agujeros de la nariz… Romeo escogió el de los pies y lo compramos.
Ahora faltaba encontrar un sitio donde leerlo juntos y así descansar, pues hoy
habíamos sacado el descanso de casa para llevarlo a las librerías, así como los
libros habían salido a la calle por ser su día.
lunes, 7 de julio de 2014
Romeo monta en tren
Normalmente vamos a
Aluche en metro desde Pirámides, pero esta vez cogimos el tren en Embajadores.
Iba emocionado, aunque cansado y en el carrito. Nada más llegar al andén se
quiso sentar en un banco como yo a esperar el tren. Me dijo: ya viene mamá. Yo
le contesté sí, sumida en mis pensamientos, pero sin moverme creyendo que se
trataba del otro. De repente vi el vagón en frente nuestro
y me sorprendí de lo desconectada que puedo estar a veces del mundo.
Subió solo y yo detrás con el carrito. Nos sentamos. Él frente a una
señora al lado de la ventana. Aunque quería encima de mí, pero no se podía todo,
que yo sujetaba con el pie el carro en el pasillo para que no se moviera con el
traqueteo. Al final escogió la ventana por donde vería todo. Le gusta escuchar
el ti-ti-ti de las puertas cuando se van a cerrar. Me dijo que cuando se
volvieran a abrir me iba a enseñar una tarta con sombrero. Yo imaginé que sería
un cartel de publicidad de la estación y que ya no lo veríamos más, para pena
de él. Siguiente estación y las puertas no se abrieron porque no bajó nadie.
A la siguiente tampoco. A la siguiente sí y yo pensé: ahora viene la
decepción. Pero no, efectivamente había una tarta con un sombrero. Una pegatina
en el marco de la puerta que sólo se veía cuando éstas se abrían. De nuevo
pensé que Romeo lleva la magia a todas partes y los trenes nos llevan a esas
todas partes.
Hoy mismo regresamos de unas vacaciones de trenes por Europa del Este.
Hoy mismo regresamos de unas vacaciones de trenes por Europa del Este.
viernes, 6 de junio de 2014
Romeo duerme fuera de casa
La primera noche sin él llegué tarde a casa porque salía tarde de trabajar. Eso y el café mañanero hicieron que me costara dormir. O tal vez los nervios de ser la primera noche sin mi hijo. El caso que hasta las 2:30 no pegué ojo y luego me levanté pronto porque en el continente donde estaba Carlos se hacía de noche y si le quería ver despierto tenía que madrugar. Después la mañana fue acelerada. Una llamada para ver si todo marchaba bien. Había pedido leche de mamá con un sollozo, pero se le pasó pronto. Y luego chequear internet y prepararme para despedir los colores de mi casa de Tabernillas. Casualidades de la vida, perdía los colores que le había puesto cuando me independicé a la vez que mi hijo se independizaba por una noche de su mamá. Para seguir con las causalidades fui a ver Tú y yo al cine, una historia sobre un niño que no quiere abrirse a la vida y se esconde del mundo engañando a sus padres durante una semana. Un poco lo que le pasa a Romeo a pequeña escala con su tema de la caca. Llegué por la tarde a recogerle a casa de los abuelos y ni se inmutó. Me dio un beso en la boca por cumplir y siguió a lo suyo, diciendo que quería ir al parque de los patos. Y allí fuimos como si nada hubiese ocurrido. Fue en el verano pasado, a punto de cumplir los tres años.
lunes, 5 de mayo de 2014
Romeo se hace un chichón
26-4-14. Romeo juega
con dos amigos, Martín y Sara, a la pelota. Y aquí me apetece contar que es una
pelota grande y azul que cogimos estas navidades de la Cabalgata de Reyes. Pero
sigo con el chichón… Yo le vi caer a cámara lenta: hacia atrás y la cabeza golpeando
despacio sobre el bordillo. No me pareció que hubiera sido un golpe fuerte,
pero lloró y era un llanto de golpe fuerte. Así es que me acerqué corriendo.
¿Estás bien? le pregunté cómo hago siempre cuando se cae antes de hacer otra
cosa. No me contestó y siguió llorando. No estaba bien. Le cogí, le miré, le
toqué la cabeza y me quedé pasmada del bulto que tenía. Comprobé que en el otro
lado no lo tenía (la vida es sorprendente, siempre) por si fuera algo de su
propia cabeza y efectivamente era un chichón gigante. Me asusté. Le dije a
Carlos que fuera a por hielo al bar de al lado. Romeo seguía llorando y yo con
los latidos a cien por hora. Sin embargo el tiempo en mi cabeza seguía a cámara
lenta, que se me hizo eterno hasta que vi aparecer a Carlos con la bolsa de los
hielos. Pensé en el árnica de Sonsoles y me subí corriendo a casa a por el
botecito. Nada más verlo dijo que no quería que le pusiera nada, bastante mal
lo estaba pasando ya con el hielo. Le expliqué para lo que servía pellizcando el hombro de su
camiseta hacia arriba y bajando la montañita para que viera que así iba a
suceder si le aplicábamos árnica. Se dejó. Y maravilla, no se volvió a quejar.
Aquel ungüento hecho por una mamá amiga dio el resultado esperado: tranquilizar
con un toque suave de mamá y bajar la montañita de la cabeza. Ahora sólo le
queda un pequeño rasguño y nada de dolor. A mí un poquito más de peso en el
bolso, pero me da seguridad.
lunes, 28 de abril de 2014
Romeo me ayuda
Fue el 16 de abril del
2011 cuando apunté esto. Ayer Romeo también me ayudó. Enseguida se dirigió al
cuarto de arte a por su silla. Pero antes de que llegara con ella a la cocina
le dije que no íbamos a cocinar, que sólo íbamos a poner la mesa. La dejó y se
vino corriendo. Colocó los mantelitos, el agua… No recuerdo lo que haría hace
tres años, con meses, cómo me ayudaría por aquel entonces. Lo que sí tengo
fresco en la memoria son varias escenas recientes: Romeo regando las plantas con una regadera más grande que su cabeza,
Romeo dándome la ropa para tender, Romeo subido a su silla para hacer galletas, bizcochos o
magdalenas con mamá, Romeo sujetando el recogedor de la escoba… En definitiva
Romeo feliz. Cada hazaña de estas las logra con voluntad, sin obligación. Y es
que a Romeo le gustan algunas propuestas de las que le hace mamá. Otras, como
por ejemplo ayudarme cuando le tengo que ayudar yo a vestirse, no. Pero comprendo
que en estos momentos nuestros intereses y necesidades no son las mismas, que él quiere jugar
saltando sobre la cama y escapando de las manos de mamá y yo terminar cuanto
antes, que él tiene tres años y medio y yo casi cuarenta.
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