Leemé

jueves, 25 de septiembre de 2014

Romeo tiene manías







Romeo como todo el mundo tiene sus cosas. Cosas que para mí eran cuestiones a resolver o a comprender, como los despertares llorando de la siesta o el no querer hacer caca ni pis, pero a las que con el paso del tiempo hemos adoptado. Como por ejemplo:


A Romeo no le gusta que los pantalones le lleguen por las pantorrillas o se le remanguen. Desde muy pequeño decía “palopó” cuando el pantalón se le quedaba enrollado en la mitad de la pierna.


A Romeo no le gustan las cosas sin acabar: los cajones a medio cerrar, los puzles sin terminar, las cosas medio colocadas.


Romeo sigue un ritual de entrada a la escuelita que consiste en llamar los dos a  la vez  con todo lo que llevemos: nuestras manos, los cascos de la bici, las bolsas, mochilas…


Cuando come, los cachos pequeños no le gustan y los deja. Todo lo come en trozos grandes.


No quiere quitarse el abrigo, bufanda ni gorro casi nunca, aunque tenga el cuerpo ardiendo.


Hubo un tiempo que quería hacer todo de todo: montarse en todos los columpios que haya en el parque, escuchar todas las canciones del cd, leer todos los cuentos…


No le gusta la palabra "pequeño".


Son las cosas de Romeo y yo que observo y golpeo el teclado.


 


 


 


 


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