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viernes, 18 de julio de 2014

Romeo duerme la siesta


 

Queda registrado, cuatro horas de siesta, el 27 de Noviembre del 2012. Algo fuera de lo habitual en los ritmos de Romeo. Además se despertó riendo, cosa que tampoco es muy habitual últimamente. Ayer me enteré que los niños casi nunca quieren dormir la siesta. Mientras me contaban esto yo pensaba en mis siestas de guardería, sobre la colchoneta verde, tapada con una manta, oyendo llover…  Una delicia. Antes había estado sobre el sillón relax, tapada con una manta, oyendo llover… con Romeo dormido sobre mí. Una delicia. De bebé Romeo no dormía demasiado por el día; al menos no lo que nosotros necesitábamos que durmiera para hacer nuestras cosas, descansar… Después empezamos a ver en él la verdadera necesidad de siesta; no para nosotros tener tiempo, sino para que él estuviera bien después, que si no estaba irascible y perreoso. Así es que paralizábamos todo alrededor y poníamos los medios para invocar al sueño: la teta, después fueron las nanas, mecer el carrito, oscuridad… Y ahora la siesta se la encajamos casi sin que se dé cuenta, pues si la invocamos la rechaza y no quiere. Por el contrario, si le pilla desprevenido, de paseo en el carrito, cae muerto de sueño al instante. Lo peor de estas siestas metidas con calzador son los despertares llorando, aunque cuando se sitúa en el tiempo y en el espacio se le pasa. Y es que como ya dije en otra entrada: las siestas de Romeo son una incógnita, que parece que no se quiere perder ni un cachito de mundo ni de tiempo ya con lo pequeñito que es.

viernes, 20 de julio de 2012

Romeo disfruta


Ayer fuimos a los chorros del Madrid Río. La abuela había llamado la semana pasada diciendo que le quería llevar, que aún recuerda la mañana que pasamos el año anterior cuando Romeo aún gateaba y se iba a los agujeritos por donde salía el agua para meter el dedo, o se sentaba en el borde para jugar con los envases de yogurt (por entonces aún no teníamos cubo ni pala). Su cara era más de interés y concentración que de otra cosa. Si se reía, solía ser porque yo me reía al mirarle. Pero el otro día Romeo era la felicidad danzando de un chorro a otro, cogiéndolos con la mano, taponando los agujeritos esta vez con el pie, tiritando de frío cuando salían los chorros flojos como los llamábamos para diferenciarlos de los altos y más calentitos. Yo me metí con él, la abuela se metió también y hasta el abuelo que no se había traído bañador ni chanclas se descalzó para contagiarse de los gritos de Romeo, los ojos que se le cerraban del agua, el chapoteo de sus piernecitas, la naricilla arrugada...
Observar a los niños mientras juegan, ver coches desde la terraza, chapotear en una piscina, los molinillos de papel de colores, ver un ventilador en movimiento, chupar pajitas, escuchar El Vals de Amélie y La Quinta Sinfonía de Beethoven, coger piedrecitas del parque, tapar tarros y botellas, dar vueltas a cosas, llamar al ascensor, coger los imanes de la nevera, meter palitos y pinceles en botes, llevar algo alargado en la mano, ver funcionar la lavadora, que termine de sonar el radiocasset y haga “click”, montar en metro, ver la luna, subir al ascensor, descubrir números, echar pan a los patos, sentarse sobre una pelota desinflada, ver coches amarillos, buscar círculos, triángulos y cuadrados, y ahora además los chorros del Madrid Río.

lunes, 30 de abril de 2012

Romeo visita un museo


Embarazada ya me paseé entre otros por el Instituto Cervantes para ver la colección de caracolas de Pablo Neruda y desde la barriga le contaba lo que iba viendo. Cuando Romeo tenía pocos meses visité una exposición de jardines impresionistas en la Fundación Caja Madrid. Más tarde visité otras en sitios como el Círculo de Bellas Artes, Fundación ABC, la Casa Encendida o la Biblioteca Regional, que desde que descubrí que los espacios diáfanos de los museos con su suelo de madera bien liso y limpio era buenos lugares para suplir la carencia de espacio de nuestra casa, los he usado para que Romeo gateara a sus anchas. Pero el gran día fue el día que Romeo entró por primera vez en el Museo del Prado invitado por mi tío abuelo Pedro. Enseguida descubrió manzanas y peras en los lienzos y los señalaba desde su carrito o llamaba a los perros que al óleo no se inmutaban. Luego pidió “a juabar” y se paseó por las salas divertido entre las piernas y zapatos de la gente. Afuera correteó esta vez ante la atenta mirada de Velázquez. El otro día le llevé a ver los caballos de Chagall pero no le sorprendieron tanto como pensé, que debe ser que en su imaginario estos son también azules y rojos. Encontró mucho más interesantes las luces del suelo, así es que allí estuvimos resguardados de la lluvia saltando divertidos sobre los focos en una de nuestras casas-museo.

sábado, 28 de abril de 2012

Romeo pinta


Este niño coge el lápiz como un pincel, dice la abuela. En realidad todo lo que tenga forma alargada lo coge así, y vuelve a decir la abuela que es porque yo un día le mostré un vaso con agua para que pintara con pincel sobre un papel. El caso es que guardo el folio con los primeros garabatos que hizo Romeo porque me hizo mucha ilusión, la misma que cuando me los encontré en la pared del pasillo y en el water. Bueno, estos garabatos, los de la tapa del water, en concreto me hicieron reír. Claro, como está justo a su altura. Y es que Romeo pinta y pinta mucho. Ya lo hacía cuando con la papilla se le caían los pegotes al suelo y se quedaba ensimismado mirando las formas que adoptaba sobre los azulejos. Y ahora pinta hasta en el aire, que coge un palito (otra de sus características particulares) y no lo suelta durante un buen rato moviéndolo de acá para allá. Lo que más le gusta pintar son uvas y también le gusta que se las pinte su mamá. Recuerdo un largo viaje en coche que hicimos por Florida lo contento que se ponía cada vez que le pintaba un racimo de uvas. En breve le pintaremos la pared de su habitación de pizarra para que pinte allí, aunque espero que también siga haciéndolo en otras paredes de la casa y si es en el water o en los sosos electrodomésticos mejor que mejor.

sábado, 21 de abril de 2012

Romeo dice mamá

La primera palabra entendible que dijo Romeo fue agua. La vida viene del agua. La segunda fue papá. Y a su alrededor todos deseaban que dijera mamá... Que hay que ver con el esfuerzo con el que les traemos al mundo y dicen antes papá que mamá... Tardó en llamarme, que decía la gente que como me tenía siempre, no le hacía falta hacerlo. Cuando lo hizo por primera vez dijo baba y me encantó. Lo hacía con una entonación especial que ninguno hemos podido imitar. Yo cada vez que le oía me derretía. Aunque tengo que admitir que al principio me sonaba a mama y no me agradaba demasiado, que me gusta más mamá, pero luego le cogí el gustillo. Me hacía pensar en los cuentos de Barbapapá con aquellos dibujos tan algodonosos y me encantaba. Papá y baba, baba y papá, y no había forma que dijera los dos con la misma acentuación. Curioso, muy curioso. Hasta que un día dijo mamá. Fue de repente, le miré y le pregunté: ¿has dicho mamá? Y se rió y ya desde entonces me llamó mamá. Y a partir de ahí hubo otro gran cambio, pues empezó a llamarme, que antes sólo decía mamá, baba en este caso, cuando alguien le preguntaba por mi existencia o porque sí. Pero ahora se puede decir que me llama, que ha cambiado el llanto por la palabra mamá. Cuando más se nota es por las noches, pues antes se despertaba llorando y ahora directamente pide mi presencia: mamá, mamá, dice. Y los gritos también han pasado ahora a transformarse en "mamás porque sí". Mamá, dime, mamá, qué, mamá, hola, mamá, Romeo, mamá... Esa es nuestra nueva canción.

jueves, 29 de marzo de 2012

Romeo va al colegio

Se despertó al llegar, así es que desperezándose fue descubriendo algo del entorno. Un niño desde lo alto de un pilar de piedra observaba a los que entrábamos haciendo alarde de dos de las banderas que ondean en el lugar: confianza y libertad. Romeo pasó en carrito, pero pronto pidió bajar que había muchas cosas que ver. Unos niños jugaban en unos columpios de madera que estaban atados a dos fuertes troncos de unos árboles donde a su vez había construida una cabaña. Romeo ya se movía por aquí y por allá en el espacio variopinto de Alavida: dos casitas, la de infantil con un gran ventanal, a la de primaria le seguía la carpintería y el aseo; una tienda de campaña grande donde se hizo el cuenta cuentos; puestos de perfumes, bebidas, tartas y libros preparados para la ocasión (algunas de las cosas hechas expresamente por los niños); un arenero, una alberca y al lado un pequeño teatro improvisado, y un campito de fútbol junto al huerto donde unos niños construían una casa con cimientos y todo. Romeo jugó en el arenero acompañado de su tía mientras sus papás visitaban el edificio de infantil; luego se quedó un rato con su papá y otro con su mamá mientras estos turnándose iban visitando el edificio de primaria. Mamó en el alfeizar de la ventana de dicho edificio. Se sentó y levantó muchas veces de unos tronquitos que a su altura hacían las veces de asiento y estaba encantado. Mientras los papás asistían a la charla que dieron Tinus y Beatriz, Romeo se quedaba con su tía en el teatro, aunque pronto prefirió imaginarse “tooganes” en las placas solares o buscar colores en las plantas, que números no había. El terreno no muy llano no impidió que diera pasitos por aquí y por allá la mar de contento como si llevara en A-la-vida toda la vida, que yo creo que así es.

jueves, 8 de marzo de 2012

Romeo se sorprende

Era muy pequeñito Romeo cuando empezó a decir ¡ohhhhh! Nos sorprendió su expresión de sorpresa, tan clara, tan marcada. Una amiga me dijo que mi cara era todo un ohhhh, que no sabía de qué me sorprendía si era igualito que yo. Puede ser. Hace poco descubrí que yo estaba aquí para transmitir la pasión por la vida y a lo mejor Romeo viene a lo mismo, o no. Su tío Jorge le preguntó un día: ¿te sorprende la vida Romeo? Ver coches desde la terraza, molinillos de papel al viento, un ventilador en movimiento, la lavadora, los botones del ascensor, los relojes que hacen tic-tac, los luminosos de las tiendas, la luna... El caso es que cuando Romeo absorbe un pedacito de vida exclama un sonoro y pronunciado ¡OHHHH! que sorprende hasta al más sorprendido.

viernes, 17 de febrero de 2012

Romeo anda

¿Te ha cambiado mucho la vida? Me preguntó ayer una mamá amiga. Me quedé un instante pensando y le contesté: pues la verdad es que no. Sin embargo hoy la he vuelto a ver y le he dicho: creo que sí, que me está empezando a cambiar la vida. Mi mirada ya no cae tan baja como antes, cae baja, pero casi un metro más arriba que antes, lo que mide Romeo. Mis movimientos para evitar accidentes o roturas de cosas son más rápidos. No le tengo que poner un pantalón para casa y otro para salir. Mi espalda creo que a partir de ahora va a sufrir menos y ya empiezo a pensar en una vida vertical con Romeo más que horizontal. Definitivamente Romeo se ha soltado, como dicen por ahí (se ha soltado, está con los dientes... frases que se dicen por ahí). Ha sido una evolución preciosa ver cómo de empezar a darse la vuelta, siguió el arrastrarse, el sentarse, el arrastre de “trinchera” (como lo llama otra mamá amiga), el gateo, el levantarse, el sujetarse de pie solito (hacer “piesolismo” lo llamábamos nosotros), dar tres pasitos seguidos hasta caerse... Y desde hace dos días ya se puede decir que anda. Justo el día después de haber cumplido diecisiete meses, justo a los dos días de reincorporarme al trabajo del Cine, justo ahora porque él ha decidido que así sea. Ayer le veía en el parque andando solo y hoy entrando en casa por su propio pie... y de nuevo me viene esa frase a la cabeza de: me parece mentira, si hace nada... Otra frase de esas que se dicen por ahí.