Leemé

jueves, 29 de marzo de 2012

Romeo va al colegio

Se despertó al llegar, así es que desperezándose fue descubriendo algo del entorno. Un niño desde lo alto de un pilar de piedra observaba a los que entrábamos haciendo alarde de dos de las banderas que ondean en el lugar: confianza y libertad. Romeo pasó en carrito, pero pronto pidió bajar que había muchas cosas que ver. Unos niños jugaban en unos columpios de madera que estaban atados a dos fuertes troncos de unos árboles donde a su vez había construida una cabaña. Romeo ya se movía por aquí y por allá en el espacio variopinto de Alavida: dos casitas, la de infantil con un gran ventanal, a la de primaria le seguía la carpintería y el aseo; una tienda de campaña grande donde se hizo el cuenta cuentos; puestos de perfumes, bebidas, tartas y libros preparados para la ocasión (algunas de las cosas hechas expresamente por los niños); un arenero, una alberca y al lado un pequeño teatro improvisado, y un campito de fútbol junto al huerto donde unos niños construían una casa con cimientos y todo. Romeo jugó en el arenero acompañado de su tía mientras sus papás visitaban el edificio de infantil; luego se quedó un rato con su papá y otro con su mamá mientras estos turnándose iban visitando el edificio de primaria. Mamó en el alfeizar de la ventana de dicho edificio. Se sentó y levantó muchas veces de unos tronquitos que a su altura hacían las veces de asiento y estaba encantado. Mientras los papás asistían a la charla que dieron Tinus y Beatriz, Romeo se quedaba con su tía en el teatro, aunque pronto prefirió imaginarse “tooganes” en las placas solares o buscar colores en las plantas, que números no había. El terreno no muy llano no impidió que diera pasitos por aquí y por allá la mar de contento como si llevara en A-la-vida toda la vida, que yo creo que así es.

1 comentario:

Ines dijo...

Precioso Macarena...
Un abrazo,
Inés