Leemé

miércoles, 5 de octubre de 2011

Romeo mama


Museo del Jamón, metida en los servicios de un supermercado, en un banco, en el Inem, Parque de las Dalias, Plaza de Santo Domingo, en el bar de la morcilla, en clase de masaje de bebés, en Cibeles, en los columpios de la Plaza de Felipe II, en las butacas de un cine, en la Plaza de Callao, en los servicios de El Corte Inglés, en Tráfico, en la Plaza Vázquez de Mella, en el Parque de Madrid Río, en una iglesia, en el bar del centro comercial de Tirso de Molina, en Ikea, en el centro de Línea Madrid, en el Vips, en la taquilla, frente a un jardín impresionista en una exposición, Tabakalera, en el andén del metro, en el Parque de Puerta de Toledo, Delegación de Hacienda, Casa de Campo, en el Cañas y Tapas, en el Retiro, en la Oficina de Turismo de la Plaza Mayor, en una feria de autocaravanas, frente a la iglesia de la Paloma, CentroCentro, el nuevo Centro Cultural en el Palacio de Cibeles, en un banco de Callao, en el Palazzo de Gran Vía, frente a las ermitas que pintó Goya. Este es parte del viaje que Romeo ha realizado desde que nació hasta ahora que tiene un año y veintitrés días de teta en teta, bueno más bien de tetada en tetada porque la teta siempre era la misma, la mía, claro. Dar de mamar a Romeo ha sido todo un descubrimiento dentro del descubrimiento que es la maternidad. Yo que dudaba si iba a tener leche suficiente, que mi madre me repetía que ojalá no te salgan grietas como a mí... y yo que lo temía por aquello de la predisposición genética. Como voy contando por ahí cuando surge el tema, pasada la primera semana que es horrible porque te duele, por el enganche, porque se te ponen las tetas hinchadísimas de toda la leche que se queda dentro sin salir... Como digo, pasada la primera semana para mi fue muy fácil y muy placentero. Mi hijo pegadito a mí, yo con mi hijo. Verle cómo iba creciendo gracias al alimento de mi cuerpo. Aparte de todas las experiencias variopintas que he vivido con Romeo mamando aquí y allí, las perspectivas imaginadas desde la teta, las miradas de la gente, los paisajes con Romeo como protagonista... Y lo mejor, las siestas con Romeo mamando, un placer. Encima mío, pegadito, pegadito, que se despierta hasta sudando leche... Un placer, ya digo.

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