A la mañana siguiente, sábado,
el ritmo en la casa es otro, pero no en el cuerpo de Macarena. Son las nueve y ya se ha bebido su vaso de agua caliente
que la prepara para ir al baño, se ha lavado la cara y los dientes, ha estirado
piernas y brazos, hecho pesas, se ha duchado y dado crema, ha seleccionado las
naranjas y revisado su agenda. Mientras padre e hijo se levantan les espera
para desayunar leyendo junto a la ventana del salón en el sofá gris con una
naranja cortada en gajos y una taza de té verde.
Hoy viene la mujer que limpia
la casa cada quince días, y para dejarla vía libre han planificado una salida
al campo. Irán a Hoyo de Manzanares, que es donde Daniel hizo la mili y conoce
un bosque por allí para caminar. Eneko aprovecha ese momento caminando junto a
sus padres para contar cosas de la semana. Como, por ejemplo, que ha decidido
que en Inglés tiene que aprovechar el tiempo jugando en el teléfono móvil,
porque la asignatura le parece un rollazo y con esa profe le entra sueño. Para
ello ha ideado un “chiringo” consistente en un abrigo sobre sus rodillas donde
esconde el móvil y juega. Macarena se imagina la escena y al momento se mezclan
en ella sentimientos de miedo por si le pillan y de orgullo de ver a su hijo
surfear los inconvenientes de la vida.
Cuando llegan a casa, antes de
calentar las lentejas, se tiene que poner un rato a escribir:
Herida Nº 32:
Regalo de Reyes a sus padres:
viaje a Toledo para ir a ver un espectáculo ambientado en episodios de la
Historia de España. Nada más empezar a planificarlo, la madre escenificó una
dificultad invisible:
-Hija,
es que dos días va a ser mucho para tu padre.
-Pero
si habéis estado en El Hierro una semana, mamá….
-Ya,
hija, pero es distinto…
-
¿Por?
-No
sé, quizás porque estábamos en casa de Clotilde…
-En
Toledo vais a estar en un hotel muy cómodo y sólo son dos noches.
Batalla
perdida. Su madre se ha atrincherado de nuevo y no hay manera de hacerla ver
las similitudes, de hacerla comprender que ella es su hija también, que con
ellos también pueden disfrutar… Ahora Toledo está lejos, ahora Toledo está
lleno de gente, turistas como ellos. Ahora Toledo ya no es tan interesante como
El Hierro. Ahora Toledo… Un escenario monumental donde conviven tres religiones
se ha apoderado de la casa de Macarenita que escucha a su madre por teléfono,
pero quiere colgarla ya.
Por la tarde Daniel trabaja al
ordenador, Eneko hace deberes en su ordenador portátil y ella lee en el sofá
gris La evolución de Calpurnia Tate mientras le viene a la memoria aquella
maquinita de videojuegos que tenía su amiga Teresa del colegio en la que
aparecía un gorila. Le encantaba, no sabe si por el juego o por el objeto en
sí. Ver cerrar a su amiga aquel estuchito naranja brillante y suave, que más
parecía una pieza de tocador de señoras que un juguete, le producía una
sensación embelesadora y envidiosa. Sus padres se habían negado en rotundo a
que tuviera videojuegos. A lo máximo que podían aspirar era a un simulador de
aviones para el Amstrand “porque ese era un juego que podía servir para algo,
prepararlas para trabajar como piloto de aviones”. Pero a Macarena aquel juego
le parecía un aburrimiento en verde y negro, similar a lo que le producían sus
veranos marrones y verdes. Más tarde, cuando quiso tener otra cosa a la que sus
padres también se negaban, los pantalones de cuero, no lo resolvería de la
misma forma. Tampoco después con la casa, ni con su vida.
“Cuando Clotilde estaba
trabajando en El Hierro enseguida buscasteis días y modo de ir allí. Sin
embargo, cuando te propuse pasar con nosotros un mísero fin de semana en Toledo
no hacías más que poner pegas: que si era mucho tiempo, que si papá se cansaba…
¿Por qué vais hasta Sebastopol y los días que hagan falta a ver a Clotilde y no
sois capaces de ir a verme ni siquiera al Cine donde trabajo en el mismo
Madrid? “
“Otro malentendido: no sabía
que Toledo había supuesto tal esfuerzo para papá. Lo disimulasteis muy bien.
Pensé que os lo habíais pasado bien. Siento que ya no tendremos ocasiones de
viajes juntos. Siento también que, si no es por algo especial, como lo de
vuestra consuegra o el trabajo de Clotilde, no hacéis nada. Me parece como si
sólo os moviera lo extraordinario, las situaciones complicadas... Y esto me
lleva a pensar en las atenciones a los que pensáis que están solos, enfermos...
Prioridad a los débiles y pobres... También el telediario muestra sólo esa
parte del mundo que parece es sólo lo que lo mueve, las desgracias (por desgracia). Pienso.
Aunque pierda vuestra atención no caeré en esa trampa. A mí no me mueve el
"pobrecismo", sino todo lo contrario, me aleja”.
“Estamos destrozados por lo
que me dijiste de Toledo. Nos ha dejado sin fuerzas para planificar nada con
vosotros. No tendréis que aguantar nuestras caras largas (imposible tenerla de
otra manera con tanto dolor) por mucho tiempo. A lo mejor era lo que queríais.
Por cierto, mi malestar emocional ahora también es físico. Llevo toda la tarde
con febrícula”.
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