No sé desde cuándo me gustan las
celebraciones. Creo que desde hace bastante tiempo, desde niña, pero no
recuerdo un acontecimiento que marcara el inicio de esta obsesión. Escribo esto
hoy que es 15 de agosto, uno de los días más celebrados en España. Sí recuerdo una
periodista a la cual me afilié cuando la conocí: María Ángeles Sánchez. Para mí era como una
felixrodríguezdelafuente de las fiestas tradicionales.
El caso es que me gustan las
celebraciones religiosas o paganas, colectivas o individuales, tradicionales o
nuevas… Me gusta conocer la historia, el origen, aunque no todas me gusten presenciarlas
(una vez leí acerca de una en la que tiraban un gallo vivo de un campanario).
Antes de ayer, 13 de agosto, fue
el Aniversario de Boda de mis padres. Una fecha que desde que la conocí ha ido
asociada a mi idea del amor. Recuerdo cómo lo celebrábamos cuando era niña: una cena con velas. Porque en la casa donde vivían aquel día de aquel año se
fue la luz. Después dejamos de celebrarlo. Nunca supe por qué. Ayer mi madre le
contaba a su nieto que habían dejado de celebrarlo cuando su tía y yo nos
fuimos de casa. Es la narrativa que ha construido para explicarse ese hecho.
Sin embargo, yo me recuerdo viviendo aún con ellos y sin celebrarlo.
Mi pasión se ha desarrollado en
el seno de una familia en la que las fiestas han ido desapareciendo: primero
fue el Aniversario de Boda, después los Cumpleaños, la Navidad… Mis padres ya
no celebran nada. Al escribir esto noto que lloro por dentro, que algo de mí se
apaga. Siento como si tuviera vidas apagadas cerca de mí. Hace poco quise
leerme el libro de Lola Mayenco, Algo que celebrar, que me súper encantó
y creo que encendió de nuevo mi pasión.
Recuerdo una vez que mi madre me
dijo que fuéramos a comer en Navidad y yo le dije que no me apetecía, pues no
habíamos comido ni cenado juntos ni una vez durante todo el año. Le dije que si
la relación no estaba para relacionarnos no me apetecía hacer el paripé en la comida
de Navidad. Ahora entiendo que las celebraciones también pueden ser un pretexto
más para relacionarte, aunque no te estés relacionando. Pasa en el seno de mi
familia política. A veces no nos vemos durante todo el año o nos vemos muy poco
y luego llega un cumpleaños y nos juntamos todos y tan a gusto.
Esto me llevó a pensar hace poco
en si me gusta más celebrar porque lo manda la tradición o celebrar por
devoción, porque me apetece, como ya escribí una vez:
https://macarenamenasantos.blogspot.com/2026/04/celebraciones.html
Llegué a la conclusión de que me
gusta más celebrar por devoción, porque me apetezca, aunque respeto el que otra
gente lo haga por tradición. Es más, soy capaz de participar de ese momento
tradicional y disfrutar como la que más. Otra cosa que hago es reciclar
momentos de celebración. Es decir, si siento que no me concierne la celebración
en cuestión, la transformo en mi cabeza en algo que para mí tenga más
significado. También aprovecho encuentros para celebrar cosas mías. Por
ejemplo, mañana tengo una comida con unos amigos en la que yo brindaré por algo personal.
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