jueves, 6 de agosto de 2026

Novela de un Yo (30)

 



El lunes 8 de abril entra la luz por la ventana a las ocho de la mañana, pero Macarena hace un rato que está levantada haciendo pesas. Después se dará crema hidratante por ese cuerpo donde empiezan a aparecer las primeras señales de otra edad. Hace tiempo fue lienzo para sus ideas, ahora prefiere las libretas. Sólo las manos le sirven de papel en sucio donde anotar algo rápido cuando no tiene dónde. Acumula cuadernos y libretas que trae de sus viajes junto a su escritorio. También las tiene regaladas y otras que le ha hecho su sobrina Carolina. Quince minutos después de embadurnarse todo el cuerpo con crema de aloe vera, Eneko le da los besos de buenos días. Daniel a continuación, y al rato empieza a hacer el zumo de naranja para los tres. Durante una hora la actividad no para en casa, después se queda en silencio y Macarena escribe. Tiene una incomodidad desde febrero cuando vio en la pantalla de su ordenador a Clotilde en la fiesta de cumpleaños de su tío abuelo. Un no entender que desemboca en necesidad de sentirse incluida no satisfecha.

Herida N. º 34:

4 de febrero, cumpleaños de su tío abuelo, hermano de su abuelo, el padre de su madre. Es la persona cercana más longeva que le queda a Macarenita. Mantiene con él una relación estrecha heredada de su madre de quien éste fue padrino. Tuvo hacia su ahijada la misma predilección que su hermano por su nieta Macarenita. Ser una nieta estudiosa le valió para disfrutar de favoritismos. Todo lo que hablaban de ella era bueno a diferencia de lo que hablaban de sus primos de Alcalá. Eneko heredó este privilegio más tarde, que además fue a la escuela muy cerca de donde vivía el tío abuelo. Esto le permitió a Macarenita compartir desayunos con él, pues cada vez que iba a dejar a su hijo en la escuela se pasaba a verle. Así es que en esa época se relacionaron a base de desayunos en el Vips aderezados con historias de guerra.

Hoy cumplía cien años y como ya no salía de la casa de Arenas de San Pedro donde vivía ahora con su hija Carmen, hacían una videoconferencia con toda la familia para celebrarlo. Macarenita se conectó puntual a la hora citada. Fue la primera. Nada más aparecer en la pantalla su tío abuelo vio también a Carmen. Detrás, al fondo, le pareció ver a Clotilde. Sí, era ella. Macarenita sintió dolor. Otra vez le sangró la herida. No entendió la situación. Tampoco más tarde cuando su tía le explicó que Clotilde se había presentado allí por sorpresa. No entendió por qué no le dijo que Clotilde estaba allí. Le pareció que quería ocultarle algo. Tanto le dolió que apagó el ordenador de golpe sin opción a que Eneko le pudiera felicitar al llegar del colegio. Al menos le pudo decir “felicidades, tío” antes de doblarse por el dolor.

Cuando terminó de vomitar esta herida se preparó un plato de pasta y la cena para llevar. Como Eneko hoy salía tarde comió sola viendo, como antaño, una película: La elegancia del erizo. No le dio tiempo a verla entera pero no le importó, que la ha visto muchas veces, y está acostumbrada a vérselas en raciones. Reclinarse en el sofá gris junto a la ventana que da al Madrid Río con la bandeja mesa blanca de IKEA que regaló a su hijo mientras devora un plato de pasta rellena y ve una película es uno de los mayores placeres de su vida. Le gusta su vida. Cuando Eneko llega del colegio apenas tiene tiempo de darle un súper beso. Se calza los zapatos y la mochila y se despide con un “¡pura vida!” al estilo costraricense, del último viaje que habían hecho. Siempre le gustó viajar y desde que se casó con Daniel disfruta de los privilegios de ser la mujer de un agente de viajes: vuelos gratis, hoteles gratis, ofertas de circuitos organizados...

En el Cine hoy tendrían historia: los Reyes de España fueron a ver la última película de Almodóvar, Dolor y Gloria. La anécdota la protagonizó doña Leticia cuando fue a comprar palomitas y no quedaban. Entonces, se acercó un guardaespaldas y pidió que hicieran más. Una mirada sutil de la reina al guardaespaldas tras decirle Macarena a ésta que no quedaban sirvió de orden para que éste intentara convencer a la palomitera. Macarena se fue a casa pensando en lo incómodo que debe ser salir a la calle siendo reina, lo delgada que parecía Leticia, lo saludables que deben ser las palomitas… Cuando llegó a casa, Daniel estaba viendo un partido de baloncesto grabado en la tele y su hijo la esperaba medio dormido en la cama para darle el beso de buenas noches. Mañana en el desayuno recordadme que os cuente lo que me ha pasado hoy en el Cine, les dijo.

 

“Pensaba llamarte. Es lo primero que se me ha ocurrido buscando consuelo, para intentar comprender también. Pero estoy destrozada, no puedo hablar y creo que por aquí me saldrá mejor. Aparte de que no creo que me fueras a consolar.  Seguramente me dirás que "¿qué quieres que le haga si a ti no te invitan?", como me dijiste cuando Javier os invitó a su casa el año pasado. Con tan poca empatía por tu parte como siempre. He felicitado al tío por zoom y me he enterado de que estaba Clotilde. No entiendo por qué a mí no me han invitado. Se me ocurre pensar varias cosas y con todas me siento fatal. De nuevo, no incluida. Me dices que te gustaría que compartiera cosas con Clotilde cuando ella es la primera que no comparte conmigo. El tema de su ropa fue el comienzo. Ahora esto, su plan de ir a Arenas a felicitar al tío. Por no mencionar de nuevo lo de Sevilla y un montón de cosas más. Me siento no tenida en cuenta. Necesito que gestiones tú nuestro fin de semana en la casa de la sierra. Es la única manera que encuentro ahora de ser tenida en cuenta, incluida. Es una necesidad primaria que no tengo satisfecha. Si se ha ido a Arenas un día, se podrá ir un fin de semana a dónde sea. Haz de intermediaria como hiciste cuando me robaste la ropa.

“Sentimos que sin la familia estamos desprotegidos, desamparados. De ahí deriva esta profunda necesidad de pertenencia. Al venir al mundo estamos desprotegidos y la familia es la salvación. Navidad significa nacimiento”.

“Creo que Eneko se ha quedado con ganas de ver a su tío bisabuelo al llegar del colegio, pero mi pena me ha impedido facilitárselo. Doble pena.

Otra cosa: yo no tengo trabajo fijo. Según tu lógica debería tener derecho a vivir en una casa gratis o casi gratis también. Si no, es injusticia.

Por favor, lee otra vez el WhatsApp que te mandé sobre este tema. No has entendido nada. Yo no he dicho que os hubieran invitado y tampoco lo pienso. Tampoco he dicho que no me habías incluido, ni que tuvieras que ver en que hubieran invitado a Clotilde y no me incluyeran. (Me duele leer tus palabras, "es penoso...", con ese desprecio que denoto al leerlo). Veo que no entiendes lo que te cuento. Lo que te dije es que no entendía por qué a mí no me habían invitado (aunque luego me enterara que Clotilde se presentó de sorpresa) y por qué no me dijo Clotilde que iba. Quise llamarte para que me consolaras porque me sentía muy triste con esto. Pero sé que eres incapaz, no me entiendes. De nuevo te siento perdida como madre. Ha sido la misma sensación de cuando lo de Javier. Te lo conté porque preguntaste qué me pasaba, porque estaba llorando. Yo sabía que no iba a servir de nada contártelo, pero Daniel me animó a que lo hiciera y me facilitó el momento yéndose de la habitación para dejarme sola contigo. Pero no sirvió de nada. Me entristeció aún más escuchar tu anti-empatía: "¿y yo qué quieres que te haga si a ti no te invitan?"  Me siento muy desplazada y abandonada cuando me entero de un plan en el que no se me ha invitado y más aún cuando mi madre no me consuela”. 


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