viernes, 28 de agosto de 2026

Novela de un Yo (33)

 

 

Suena el despertador que da comienzo al día en la casa junto al Manzanares. Desde las ventanas del salón ven todas las mañanas la frondosidad que le bordea. Cerca de una de estas ventanas, la que está al lado del sofá gris, está Macarena leyendo. Ha amanecido hace tiempo. Ha bebido su vaso de agua hirviendo, se ha lavado la cara y los dientes, ha estirado piernas y brazos, ha hecho pesas (los médicos le han repetido hasta la saciedad que a partir de los cuarenta la musculatura va en detrimento y hay que cuidarse), se ha dado crema por todo el cuerpo, ha revisado su agenda y ha seleccionado las naranjas para el zumo. Besos de buenos días entre qué tal has dormido y estoy cansadísimo se suceden para los tres hasta que se sientan a desayunar. Hoy comentan el capítulo de Cuéntame de ayer.

-Madre mía, Don Pablo, mamá… Lo que le está haciendo al pobre Antonio….

-Sí, hijo, y lo peor es que eso ha ocurrido de verdad. En la época del boom inmobiliario debió pasar de todo…. -Apunta Daniel.

-Sí, mucho engaño a gente que pensó en un enriquecimiento fácil y rápido, y a los que ansiaban tener una vivienda propia. El pelotazo del ladrillo. -Añade Macarena.

Eneko moja las galletas en el Cola-Cao pensativo repitiendo para sus adentros las expresiones boom inmobiliario y pelotazo del ladrillo.

Terminado el desayuno, acaba la conversación que seguirán en la comida. Despedidas y casa vacía para Macarena.

Café en taza Segafredo sobre la vieja enciclopedia verde de su tío abuelo, Ataita para escribir y silla de oficina color chocolate que le regaló Daniel. Sigue con el tema del Día de Reyes que tantos disgustos le ha dado.

Herida Nº 37:

-Hola, soy mamá. Mira, que he pensado que mejor os vengáis en Reyes a casa, que está la madre de Orlando y se va a quedar unos días…

-No, mamá. Ya te dije que Eneko necesita estar con sus regalos ese día, que si queréis vengáis vosotros, pero que nosotros no vamos a ir.

-Hija, por favor, es que la madre de Orlando no se puede mover…

-Pues que no venga. No hace falta que venga ella, venid vosotros si queréis. O si no queréis, no vengáis, no pasa nada. Nosotros Los Reyes los pasamos en nuestra casa. Ya te expliqué el estrés que nos supone ir para allá ese día… Me gustaría que lo entendieras.

-Pero, hija, cómo vamos a dejar a la madre de Orlando sola…

-Pues no vengáis mamá, no pasa nada, ya nos reuniremos otro día.

-Pero, por favor, cómo vamos a pasar ese día separados…

-Pues haberlo pensado antes, mamá, cuando invitasteis a la madre de Orlando, si tan importante era para ti pasarlo juntos. Para nosotros es muy importante pasar Los Reyes en casa. Ya te lo expliqué hace tiempo.

-Vale, hija, pues nada, ya nos veremos otro día.

A pesar de esta conversación, la madre y la hermana se presentaron en casa de Daniel, Eneko y Macarenita con los regalos. Fue todo muy frío. El padre no fue. Enseguida les echaron en cara que no hubiesen querido ir a Aluche. Se le abrió la llaga del corazón y se acordó de cuando se fueron a Suiza a pasar las navidades porque su hermana estaba allí o cuando celebraban la Nochevieja con los vecinos sin preguntarles si les parecía bien. También se pregunta por qué a sus padres les cuesta tanto ir a su casa. Una vez su madre ante esta cuestión le dijo que olía mal. Como siempre le montó una escena que incluía zapatos malolientes en la entrada y basura preparada para bajar. Si algún día por casualidad se presentaban en su casa su padre miraba continuamente el reloj. Un año que por fin se decidieron a ir en Reyes, su hermana no fue porque se quedó a dormir con el novio en casa de los padres. No les pareció mal. Eso, dormir hasta las tantas con el novio en casa de los padres, ella jamás lo pudo hacer.

Desde que nació Eneko lo de ir en Reyes les supone un estrés. Un año Macarenita decidió no ir y se lo explicó a su madre. Su prima Elena lo interpretó a su manera y la criticó por WhatsApp siguiendo la costumbre generalizada del clan de los seis de meterse en su vida. Le sentó fatal que la juzgaran y desde aquel día en Reyes hace lo contrario de lo que su prima le dijo debía hacer.

Cuando llega Eneko del colegio canturrea por el telefonillo a su madre que le responde de igual modo. Si alguna vez no lo hiciera así pensaría que algo malo le habría pasado en el instituto. Madre e hijo comen juntos mirándose a los ojos, lo que nunca hizo ella con sus padres. Como buenos historiadores siempre estuvieron pendientes del curso de la historia a través del telediario o las noticias de los vecinos. Incapaces de estar con su hija.

Por la tarde están separados: ella en el Cine, Eneko en casa de los abuelos donde se atiborra de comida y juegan al Universo Abuelístico, una suerte de mundo que Eneko ha creado con su abuela. Daniel sigue en la oficina.

En el Cine Antonio le ha contado que antes sufría “trastorno obsesivo compulsivo”, que consiste en una corrección de la mente mediante algún ritual impuesto por uno mismo. Es decir, cuando se le venía a la mente una imagen que no le gustaba tenía que sacársela, por ejemplo, destrozando el dibujo que estuviera haciendo en ese momento, tocando lo que había tocado mientras tenía esa imagen… etc. Le ha parecido muy curioso, como muchas de las cosas que le cuenta o hace Antonio.

Por lo demás la jornada se ha sucedido sin alteraciones dando lugar también a un final rutinario: recaudar el dinero, apagar el ordenador, cambiarse, despedirse de sus compañeros y marchar.

Macarena llega a casa y disfruta antes de acostarse viendo una serie con Daniel mientras Eneko duerme en su habitación. Las paredes parecen hechas de papel en las viviendas de ahora y el pavés que pusieron para aprovechar la luminosidad de esa habitación hace que los reflejos de la pantalla puedan también despertarle. Aún así, disfrutan de ese instante de serie compartida como si fuera a ser el último o estuvieran haciendo pellas a la vida.  

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