jueves, 10 de septiembre de 2026

Novela de un Yo (35)

  

 

Lunes. Dera vuelve a llevarla al Cine. Es la antigua bicicleta que tanto usó como medio de transporte en Italia y cuando volvió de allí. Se ha levantado con ganas de pedalear. Ha sujetado bien la mochila en el transportín con las cinchas que le regaló su padre. Hoy lleva una mochila bastante pesada, pues carga con un libro más de lo habitual porque le quiere enseñar a David un pasaje de Escuela de la Fantasía. Atraviesa la Plaza Mayor, Gran Vía y al llegar a la Plaza de Cibeles se baja de la bicicleta para cruzar andando el paso de peatones. En Centro Centro le llama la atención un cartel que anuncia una exposición y pone “La Felicidad”. Se queda unos minutos mirándolo. Le gustan los colores del cartel: letras en azul eléctrico sobre fondo de otro azul más claro y brillos rosas en las mayúsculas. Vuelve a subirse en la bicicleta para enfilar la cuesta del Retiro al cual se adentra con un pasaje familiar reciente en la cabeza: hace poco le contó su hijo que Clotilde había llegado llorando a casa de los abuelos. Cuando éste preguntó a su abuela por el disgusto de su tía, la abuela le orquestó una escena parecida a la que le había compuesto a ella años atrás.

-Bueno, es que la tía tiene mucha responsabilidad, ¿sabes? Es jefa de bomberos y eso a veces conlleva problemas porque tiene que tomar decisiones en contra de sus compañeros. El otro día se quemó un restaurante italiano en un centro comercial y aunque desalojaron rápido, un gatito se quedó dentro.

¡Miau! se oye en ese momento.

Al mismo tiempo que la narración avanza una escalera de bomberos ha comenzado a elevarse hasta el techo de la casa. Un grupo de bomberos ha irrumpido en el salón donde abuela y nieto hablan y a las órdenes del jefe de bomberos se despliegan por todo el edificio en busca del supuesto gato. Todos llevan su uniforme y casco reglamentario, que en producción cinematográfica la abuela es muy exigente y nunca le falta un detalle. Al final aparecería el bombero más mayor, que entiende de comportamientos animales, con el gatito en brazos.

Eneko se quedó algo insatisfecho con esta respuesta porque veía a su tía llorar y llorar y no entendía que de un final feliz pudiera surgir tanta tristeza. No es la primera vez que a Eneko le incomoda o le parece falto de veracidad el discurso de la abuela. De hecho, Macarena ha notado una capacidad nueva en su hijo. Cada vez que le cuenta algo vivido con los abuelos percibe que adereza la narración con alguna nota de humor. Así una vez, no hace mucho, descubrió un pasaje de humor con su inconfundible sello insertado en el discurso. A Macarena le parecía raro que el abuelo hubiera ido a la pata coja por el pasillo en busca de su boina. Acabó delatándose: “había que poner algo de humor”. Sin embargo, aquel día de la tristeza de su tía no le interesó adornar la escena, pues quería que su madre le explicara la realidad de unos hechos que cree le ocultaron. De abuela peliculera y profesora de Historia, madre investigadora que escribe historias y trabaja en un Cine.

Hoy en el Cine una viejecita se acerca a la taquilla donde está Macarena y compra una entrada para Buenos días, noche, diciéndole que ha visto que esa película está en varios cines en versión original. Le cuenta que cuando ve que una película está en muchos cines en V.O, quiere decir que debe ser buena y entonces va a verla. Coge la entrada y dándole la vuelta descubre que hay algo escrito. Macarena le explica que es una promoción de dos costillas por una en un restaurante mexicano. Le comenta que en el cine “Cid” también dan con la entrada una promoción para un restaurante que se llama “El abuelo” y a partir de ahí le cuenta un montón de cosas enlazadas unas con otras: del restaurante “El abuelo”, donde conoce a la cocinera (muy gorda) que le pidió ayuda para adelgazar, pasa a contarle que ha sido enfermera y que ha trabajado en muchísimos hospitales de Madrid y siempre en Maternidad. Y de este episodio de su vida resalta varias frases:

 “Yo me he pagado la casa a costa de mi salud”.

Dice que había veces que doblaba turnos y que incluso un día casi se queda dormida ayudando a un doctor en una cesárea.

“Con los pacientes hay que tener muchísima paciencia y ser muy agradables. Tener siempre en cuenta que están enfermos, fuera de sus casas, alejados de sus familiares…”

“Siempre sonriente y ni una mala cara”.

Le acaba diciendo que ha acabado estresada y nerviosa de tanto trabajar. Pasa a contarle cómo antes telefoneaba a los programas de debates de la televisión para meterse con tal o pascual y llamarle de todo. Luego dice que no hay derecho a que hagan versiones de los clásicos del cine y que esto le enfada muchísimo. Que no sabe cómo la gente no protesta. Que si cuando Franco… Luego que de los libros de Historia tampoco te puedes fiar, que unos dicen una cosa y otros lo contrario. Que ella lo había comprobado con Colón: que en unos libros le ponían muy bien y en otros muy mal… Después de una hora hablando, que se lo agradece muchísimo, se marcha hasta las seis que comienza la película. La ve caminar desde la taquilla: un poco ladeada, con unas gafas de sol que se planta nada más despedirse de Macarena, toda de blanco.

A las seis vuelve, se mete a ver la película y a los diez minutos sale gritando de la sala diciendo que qué era aquello, que la habíamos engañado, que no era una película en versión original, sino doblada. David la acompaña a la sala otra vez explicándole que es sólo el principio: unas imágenes de la televisión española, pero que lo demás es en inglés, que no hay estafadores. Se marcha después de que Isidro le devuelva el dinero de la entrada.

La jornada, salvo este incidente, trascurre con normalidad. Ha vendido entradas, hablado con David, cenado mientras escuchaba los chistes de Isidro, recoger, juntar la recaudación y después de cambiarse se marcha en Dera despidiéndose de sus compañeros.

Cuando llega a casa sus chicos están dormidos como ya imaginaba y ella se pone a leer en el salón con la lámpara que le regaló su madre. Le gusta usar los regalos de su madre, son reconfortantes cuando le falta su presencia. Esta es una lámpara que por lo visto despide rayos ultravioletas que vienen bien para el cerebro.

 

“Pienso que lo tienes muy fácil ahora después de reconocer que con Eneko a veces te olvidas de mí y que, por atender a Clotilde, "que está más sola", lo mismo. Lo tendrías muy fácil para cambiar esa dinámica de la que te has dado cuenta y decir "lo siento". ¿Tan difícil es?

Mamá: No puedo contestarte, tengo mucho dolor por todo, y creo que no tengo fuerzas además de decirte que lo siento muchísimo. En cuanto pueda me comunico contigo.

Ya van tres veces que me contestas parecido: primero que, si no estabas con la cabeza, luego que, si tenías que solucionar cuestiones médicas, ahora que si en cama...

Lo que ya te dije: quiero quedarme con tu "lo siento". Espero poder digerir todo lo demás y estar fuerte la próxima vez. No sé si podré.

Y es que siempre que os olvidáis de mí, ya sea por Eneko, por Clotilde... que no me incluís en los planes, no me preguntáis... etc. me siento muy mal. Creí que con la explicación de mis sentimientos después de la gota que colmó el vaso (lo de Sevilla) podía romper con esa dinámica, pero veo que es imposible. Os lo habéis tomado como un ataque y no habéis entendido nada.

Mamá: No he podido contestarte por diferentes motivos. Lo siento.

Me has preguntado si necesito algo... Sí, necesito que me contestes al correo que te mandé hace un mes (del que ni siquiera en su momento supe si te había llegado), esas aclaraciones que decías tenías que hacerme, o lo que sea. Mi dolor de cabeza y mal estar viene todo de ahí. Esa es la ayuda y lo que necesito ya.”

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