Leemé

martes, 15 de julio de 2008

La decrepitud

Paseando por mi barrio un día vi que la churrería, a la que alguna vez había ido a comprar, estaba cerrada. Pregunté en el bar de al lado y me dijeron: "están cerrando las churrerías como churros". Me apené bastante por este cambio, pues me gustan mucho las churrerías. Todavía recuerdo una enorme que había en mi antiguo barrio, a la que íbamos con mi padre algún domingo, que olía a patatas fritas que alimentaba y te daban los churros colgados de una cuerda que parecía un collar de hawaiana. Intenté pensar en positivo: bueno, no es un adiós, es simplemente un cambio. "Todo se transforma", como dice esa canción de Drexler que me encanta. Pensé que tenía la antigua churrería muy metida en la cabeza y que no lograba encajar la nueva situación. Que se me pasaría (la pena) cuando lograra ubicar la nueva pieza en el puzzle de mi mundo. Que pasado un tiempo me acostumbraría a ver una tienda delicatessen donde antes cortaban porras con unas tenazas chorreandito de aceite. Que de nuevo lograría echar de menos esas delicias puestas en coquetas estanterías cuando viera el letrero de "cerrado", para de nuevo también ver ubicado otro establecimiento. Que eso es la vida: un continuo cambio. Nada desaparece, todo se transforma. Pienso que sólo si mantenemos una antigua imagen de algo en nuestra cabeza y recurrimos de continuo al pasatiempo de las comparaciones, en vez de jugar al puzzle de la vida, nos parecerá que las cosas degeneran, nos las quitan...; en vez de ver que son transformaciones para que tengamos la posibilidad de vivir muchas cosas, de experimentar muchos cambios, para así poder disfrutar más de la vida, del mundo. Que no es decrepitud lo que experimenta mi cuerpo cuando ya no puedo ir a correr todos los días, sino que ahora me pide hacer otras cosas para que disfrute también de ellas y las conozca.

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