Leemé

lunes, 27 de octubre de 2008

La carrera de la vida

Antes se decía que era mejor aprender un oficio. Más tarde se pasó a decir que lo mejor era estudiar una carrera. ¿Mejor que qué, para qué? Quizás para la tranquilidad de ellos, de quienes lo decían, porque ellos no lo habían hecho o porque lo habían hecho y su experiencia les decía que era lo mejor no sé para qué. Pero la experiencia no sirve de mucho, o de nada sirve ("La voz de la experiencia"), porque es pasado y porque cada día amanece de una manera y no vivimos el futuro, sino el presente. Por eso lo que sirve, lo mejor (siempre que se quiera ser quién se es, claro), es atender, escuchar el presente. Yo así es como me he construido hoy mi particular carrera, que consiste en leer la obra de los escritores que me gustan (he empezado por la A y acabaré por la Z) y en ver las películas de los directores que me gustan (igual, he empezado por Agresti y acabaré por Wenders, quizás). Me encanta sentarme en mi sillón reclinable, junto a la ventana, y pasarme horas y horas leyendo a uno de mis escritores/as favoritos. Es un placer sublime. Y no hay cosa que me haga más feliz que ver una película de un director/ra que me guste con una comida rica. Es una auténtica pasada. Y si mi pareja está al lado... el no va más. Son bastantes asignaturas, nada menos que 48, pero no tengo exámenes y sí mucho disfrute. Yo me pongo el horario y además si algún día decido abandonar ésta y crearme otra carrera, no pasa nada, lo hago y punto. Sé que mientras siga mis pasos, siempre aprobaré.

No hay comentarios: