Leemé

jueves, 3 de noviembre de 2011

Romeo no duerme la siesta

Hoy ha sido uno de esos días en los cuales Romeo no ha dormido la siesta. Me refiero a la de después de comer, que por la mañana si durmió, cuarenta minutos. Aún recuerdo las primeras semanas de Romeo dormido como un tronco en su cunita mientras su abuelo taladraba la pared para ponernos las barras del armario. Roque como un bendito. Enseguida pasó a dormir menos. Pronto estuvo más horas despierto que dormido. Nos movíamos en una marejada de siestas, mamar, cambio de pañales sin orden ni concierto. Muy poco a poco todo se fue ordenando, o mejor dicho yo lo fui ordenando que me lo pedía el cuerpo, ordenarnos un poco. Así cuando cumplió un año le coloqué un horario en la pared en el cual se contemplaban dos siestas diarias, una de mañana y otra después de comer, que era lo que venía durmiendo más o menos. Intentamos enseñarle a dormir solo como dicen por ahí, como lo estábamos haciendo también por las noches... pero lo conseguimos a medias. Alguna tarde lo hizo, dormirse sólo, otras nada, acababa mamando sobre mí o en el carro de paseo o no dormía. Una temporada conseguí dormirle en su habitación, en el carro, con música de su ranita, método infalible, pero de repente parece que se cansó y ya no le sirvió esto. Me inventé otro método: en el salón con la persiana bajada y música clásica. Hasta hoy que no ha servido. Entre medias siempre ha habido días como ayer que sólo se duerme pegado a mi teta y es un gustazo. Aunque no pueda echarme a leer, ni meditar, ni siquiera comer a veces... es un gusto que nunca sé cuando se va a volver a repetir. Y es que las siestas de Romeo son una incógnita, que parece que no se quiere perder ni un cachito de mundo ni de tiempo ya con lo pequeñito que es.

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