Leemé

jueves, 1 de octubre de 2015

Romeo se pierde



Tengo apuntado que fue el 9 de Marzo, pero no sé el año. Volviendo atrás en el tiempo, recuerdo un día en casa que no me encontraba. Creo que fue ese día cuando se perdió por primera vez. Le vi aparecer con cara de susto diciendo con la expresión que no me encontraba. Ayer ocurrió algo similar, pero en un espacio más amplio. Se perdió por las escaleras de nuestro edificio. Las mamás bajamos por el ascensor y propusimos a los niños que bajaran andando por las escaleras. Confiamos en ellos. No sé de quién de los tres partió la idea de cambiar el rumbo en un determinado momento y en vez de bajar, empezaron a subir. Luego me explicó Romeo que fue porque no nos encontraban. El bajo estaba demasiado bajo para ellos y probaron otra ruta para localizarnos. Así debió de ser. El caso es que acabaron metidos en el ascensor y cuando la puerta se abrió tenían cara de terror, aunque los más mayores se decían uno al otro: yo no me he asustado, ¿y tú? Perder de vista a mi hijo hace que recuerde lo que tantas veces me han contado mis padres: que yo me perdí en Venecia. Creo que el hilo que nos une es más largo que el de otras mamás, a quienes observo angustiadas cuando su hijo se aleja un poco, pero la idea de perderle me aterra. Como la andaluza que perdió a su hijo de dos años en la feria. La imagen de su cara horrorizada buscando de acá para allá se me ha quedado en la frente y no logro sacármela. A ver si escribiendo esto se me va…

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