Leemé

jueves, 22 de febrero de 2018

A ve la televisión


Cuando yo era niña en mi casa la televisión tenía poder. Por las mañanas estaba prohibido verla. Por la tarde sólo podíamos ver Barrio Sésamo. De adolescente, mi padre A casi siempre decidía qué se veía por la noche. Fue en aquella época cuando mi novio me regaló una tele, para que yo pudiera ver lo que quisiera en mi habitación. En la Universidad estudié Historia de la Televisión.
Cuando me independicé me fui con la tele, que me había regalado mi novio, a cuestas. De entonces recuerdo los viajes al pueblo y las visitas a casa de mis titas y abuelo con la televisión siempre encendida. Mi padre criticaba esta actitud televisiva de sus mayores.
Un día que Romeo se quedó al cuidado de mi padre, éste dijo: hasta que venga la abuela vamos a ver la televisión. Según me lo contó Romeo, yo lo imaginé como si fuera una propuesta de pellas a la vida, como si estuvieran haciendo algo malo. Pronto supe que esto forma parte del lote de “los abuelos malcrían a sus nietos”. Todo lo que prohibieron a sus hijos, lo hacen ahora con sus nietos. Quizás tenga que ser abuela para entenderlo… Aunque tengo esperanzas de que no sea así, pues he entendido el enganche del tabaco sin haber fumado un cigarro en mi vida.


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