Leemé

miércoles, 21 de marzo de 2018

A nos acompaña en el sentimiento



Recuerdo cuando se nos murió el periquito. Fue una de nuestras primeras muertes. Algo dentro de nosotras se había muerto también. Sorpresa, dolor, decepción cuando lo vimos en la jaula tumbado patas arriba, sin moverse. Mi madre A y mi padre A nos animaron a enterrarlo en el jardín de la parte de atrás del edificio donde vivíamos. Recuerdo que bajamos mi hermana y yo. El periquito iba en una pala de playa. Lo dejamos a un lado mientras hacíamos el hoyo. Lo colocamos dentro y lo tapamos con arena. Un bonito ritual para decir adiós y tapar una herida que desde aquel día se abre y se cierra cuando vivo una muerte.
Próximo proyecto: vivir la muerte como una parte de la vida.  


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