Usando el mismo lenguaje dos
personas se pueden malentender, pues además de las palabras está la forma en
que se construyen las frases, la entonación, los gestos... Con los latinoamericanos lo llevo observando
desde hace tiempo. A veces les tengo que decir que me
repitan porque no les entiendo. Otras, aunque me sorprenda la manera que tienen
de decir según qué cosas, después de tantos años de escucharlos, me lo sé y puedo
continuar la conversación. Como, por ejemplo, cuando en el Cine me dicen: ¿me
regalas una Coca-Cola? El otro día no me entendí con unas catalanas. Creo que fue
el tono con el que yo pronunciaba la palabra “curas” con una “s” más parecida a
la “j”, quizás. Entendieron cura de
iglesia en lugar de cura hospitalaria.
Otras veces, la relación que se tenga con quien nos comunicamos interviene en la comunicación. Mi madre me dijo un día que tenía una entrevista en lugar de decir que tenía una cita para que la asesoraran del banco. Por más que le preguntaba acerca de dicha entrevista no conseguía entender a qué se refería. Finalmente, tras muchos vericuetos, logré averiguarlo y me pregunté: ¿por qué me habrá dicho entrevista en lugar de cita? Creo que quería dar importancia al momento para cancelarme un plan como ha hecho otras veces, que para mi madre el trabajo, y por tanto todas sus palabras derivadas, son sagradas.
En el pueblo de mi padre usan
mucho la palabra “fatiga” para denominar el apuro, la vergüenza que se pasa en
ciertos momentos o situaciones. Me costó años entenderlo. Querría acordarme de
más palabras o expresiones del pueblo, porque hay más, pero ahora no caigo. Tía
María, si estás por ahí, ¿me puedes recordar alguna palabra que no hayas usado
en Madrid, pero sí uses en Arahal?
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