viernes, 3 de abril de 2026

Novela de un Yo (12)

  

 

A la mañana siguiente, después de colocar lo que no guardaba el orden establecido: el libro de Guerra y Paz en el suelo, los calcetines encima del sofá, el bolso de tela con el anuncio de Coca-Cola en la cocina…, hace como todos los días: abre su ordenador portátil color cobre sobre la bandeja mesa de madera que le había regalado su abuelo, se sienta en la silla verde de instituto que le había dado su padre hace tiempo  y echa un chorro de café en la pequeña taza que se había traído de Italia. La misma hora de siempre, las nueve. Hoy también libra por un cambio de turnos así es que no tiene que ir a jugarbajar. Piensa que si dejáramos de oponer juego y trabajo igual podría cambiar el mundo. “¿Quién sabe lo que podría suceder si pusiéramos el fervor alegre del niño que juega al servicio de nuestra organización social?”.

Y escribe:

Herida N.º 14:

-Hola tía, soy Macarena. Muchas felicidades. ¿Cómo estás?

-Hola Macarena. Contigo quería yo hablar… ¿Te ocurre algo? ¿Cómo es que no diriges la palabra a tu padre? Bueno, ni siquiera le miras, me ha dicho tu madre…

- ¿Cómo? ¿Eso te ha dicho?

-Sí, y más cosas…. Macarena, que son tus padres, que no les puedes tratar así….

-Así, ¿cómo? No te entiendo. No entiendo por qué me dices esto. Y además ahora que te estoy llamando para felicitarte por tu cumpleaños.

-Macarena, que no, que no puedes tratarles así, con ese despreci….

Macarenita cuelga, le hacen demasiado daño las palabras de su tía Clara.

Dos días después recibe un mensaje de su prima en el móvil:

“Hola prima, me ha dicho mi madre que no vas a ir en Reyes a casa de tus padres… ¡Madre mía! Me parece fatal. ¿Cómo puedes hacerles algo así? “

Macarenita se siente acorralada. De repente parece que todos los de esa familia se han puesto en contra de ella. Esto le genera aún más sentimientos de rechazo hacia sus primos. Esos que se burlaban de ella llamándola Macarrona y culo gordo en las reuniones familiares mientras su madre miraba para otro lado.

Piensa que sus primos siguen haciéndole bullying cuando no la invitan a las reuniones familiares, pero lo que más le duele es que su madre no haga nada por impedirlo. Le duele la soledad en la que la envuelve su madre.

- ¿Y qué quieres que le haga si no has sido invitada? Le dijo una vez.

A ellos no les dice que la llamen, que la incluyan en sus planes familiares. Sin embargo, a ella le montó aquel número en el bar de Budapest diciéndole que había preparado el viaje para que su hermana no fuera. Ve todo muy injusto.

Deja de escribir en el mismo punto donde lo hace siempre, cuando se rompe por la mitad. Serán todos esos cachos de ella los que recompongan su futuro.

Recoge ordenador, taza y mesa. Ha quedado con un antiguo compañero para comer un bocata de calamares en la Plaza Mayor. Mientras se ducha piensa en qué ponerse. Necesita algo cómodo por si se sientan en el suelo, abrigado, elegante pero no demasiado. Elige el peto vaquero con una camiseta de rayas de colores y la cazadora plateada, que cambia en el último momento por una negra porque no quiere que las cucarachas o chicles pegados en el suelo de la Plaza Mayor se la ensucien. 

-Hola, Álvaro.

-Hola, ¡cuánto tiempo! ¿Qué tal?

-Bien, tenía ganas de verte. Y de tomarme un bocata de calamares, para qué te voy a engañar…

-No, si ya… Están buenísimos, la verdad. ¿A cuál vamos? Porque he visto que hay unas colas en los dos….

-Ya imagino, está todo a tope y eso que aún no ha empezado la Navidad…. ¡Madre mía!

Después de comprar los bocadillos de calamares en el bar que parecía menos lleno, cogen unas latas de cerveza del Chino más cercano y se sientan en mitad de la Plaza Mayor. Macarena recuerda cuando su ex se le declaró allí mismo. Escucha a Álvaro, pero piensa en su ex. Álvaro trabajó con ella en unos multicines. Llegó de Santander recién licenciado para buscar trabajo en una empresa, pero todavía no ha podido rentabilizar sus conocimientos de Marketing y Empresariales. Su madre le ayudó con el trabajo final de carrera falsificando su letra porque Álvaro entró en pánico de todo lo que tenía que estudiar y se bloqueó. No le obedecían las manos ni la cabeza. Cuando se lo contó, Macarena pensó: eso es amor de madre. 

Pasa un rato muy agradable con él en la Plaza Mayor, comiendo, riendo, hablando… A las cinco se despiden. Álvaro trabaja. Macarena dedica su tarde a leer tumbada en el sofá verde. En la mesilla de noche, junto a otros que esperan a ser leídos, tiene Ordesa que parece decir léeme ya, pero sigue con Guerra y Paz, no quiere dejarlo tan pronto.

Hacia las diez de la noche en el patio oscuro se oyen bajar persianas. Una detrás de otra. Parece un animado concierto. Ella pone el punto final bajando las suyas y se acuesta.

 

“También te quiero explicar que no soy responsable de que no te llame la familia de Alcalá. Cuando la tía Clara y la prima me preguntaron les dije lo que pasaba y expliqué lo que pude y entendía. No soy culpable de cómo te juzguen, ni de lo que piensen. Yo pienso una cosa, tu piensas otra, y ellos pensarán otra. Yo no he estropeado nada.

No comparto esa impresión. Tú fuiste la que explicaste (mal explicado), luego tú fuiste la que pusiste algo en su cabeza. Pero independientemente de ello, tampoco haces nada cuando te manifiesto mi malestar. Ni siquiera lo sientes. "¿Y qué quieres que le haga si a ti no te invitan?", me dijiste. Qué dolor. Que una madre no sienta que su hija está mal por no sentirse incluida.”

 

 

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