lunes, 13 de julio de 2026

Novela de un Yo (23)


Capítulo 2

 

Abril. Lunes. Han pasado unos cuantos años. Ahora Macarena tiene esa edad en la que únicamente se ve con sus padres en el centro de operaciones. Así llama a la casa de éstos, pues allí se concentran todos los conatos de relación entre ambos: si quiere verlos o quieren verla, si se tienen que dar algo, decir... Es el barrio del sur de Madrid donde viven y vivió ella hasta los veinticinco años, donde la madre dispone de toda la indumentaria escenográfica para seguir montando escenas.

Aquella mañana después de llevar a Eneko al colegio se fue a Aluche porque tenía que recoger una camiseta en la tienda de impresiones. Se estaba haciendo una colección de camisetas con dibujos de niños: hijas de amigas, sobrinos… Algo que empezó hace unos años, piensa, como inicio del camino inconsciente que recorrería para ser madre. Se presentó en casa de sus padres sin avisar. La madre abrió la puerta.

- ¡Sorpresa!

-Hola, hija.

-Menuda cara, ¿qué pasa?

-Nada, que no me lo esperaba.

-Bueno, ¿y te alegras o no?

-Sí, pero es que nos estábamos preparando para ir a Alcalá, que resulta que tu primo se mareó el otro día y tu tía anda preocupada.

Por detrás de la madre han aparecido dos hologramas de sendos personajes. Su tía y su primo. Los dos con cara de preocupación se cogen la mano mientras la madre se da la vuelta para dar la espalda a su hija y unirse al abrazo holográfico. Sigue relatando la escena, mientras Macarena la observa con cara de haber visto un ovni. No entiende que por un simple mareo su madre quiera ir a ver a su sobrino, cuando a ella por una operación no ha ido a visitarla. Aquí hay gato encerrado, piensa Macarena. La madre sigue dibujando en el aire:

-La idea es ir allí para que tu tía se desahogue, que desde la muerte del tío Ángel no da pie con bola…

Una pelota de pingpong sale del dedo de la madre, que en este caso no necesita del bolso de Mary Poppins.

-Luego iremos a la Universidad para que tu primo se matricule, que no puede ir sólo…

La entrada de un edificio histórico de estilo plateresco aparece el instante… y libros, muchos libros... cuando la madre comenta que ha decidido matricularse en Historia a la vez que muestra una sonrisa orgullosa. Macarena no puede más, se rompe por dentro. Su único día libre en toda la semana, después de un mes sin verlos, y sus padres deciden ir a Alcalá. El trato de sus padres hacia los demás que considera exagerado pone en demasiada evidencia sus carencias.

Volver con su ex fue como una tabla de salvación en el tsunami de su situación familiar. Su padre cada vez más desconectado observando todo desde la barrera para no interferir en los conflictos; con su hermana no podía relacionarse porque cada vez que lo hacían le salían sapos y culebras de la boca por las injusticias sufridas; y con su madre había llegado a la conclusión de que era una especie de analfabeta emocional debido a un bloqueo causado por los múltiples traumas de infancia.

Un día Macarena preguntó a ésta por qué habían dejado de darles besos y abrazos y contestó que por pudor. Macarena no se imagina dejar de dar besos y abrazos a su hijo por pudor. Su tía María le contó una vez que cuando eran pequeñas sus padres no querían que nadie las cogiese en brazos porque si lo hacían, no se hacían fuertes. Cuando en verano va a la piscina de la urbanización de sus padres, éstos no la prestan atención, a pesar de que desde hace tiempo apenas se ven. Su madre pega la hebra con las vecinas y le dice que se tiene que relacionar más con la gente. Este es otro motivo de supuración de pus en su herida. Ella va allí por estar con sus padres y si puede darse un baño, pero apenas le dirigen la palabra y si lo hacen es siempre con el rabillo del ojo mirando a las vecinas. El padre, cual torero desde la barrera, ídem.

Todo el mundo decía que volverían. Se habían conocido en el instituto y fue un amor platónico sujeto a un tira y afloja continuo. Para cuando Daniel se fijó en ella como chica con la que salir, Macarena aparentó indiferencia, la misma con la que él había actuado antes, cada vez que se liaban en las discotecas. Finalmente, la cuerda se tensó demasiado por ambos lados y comenzaron a salir, “que ya eran adultos y sabían lo que querían”. Sin embargo, cuando acabaron el instituto cada uno tiró para un lado y aquello les distanció. Macarena se fue con una beca a Italia a cursar un año de la carrera de Imagen y Sonido, y su novio hacía la mili mientras pensaba qué quería hacer con su vida. Arte y armas no empastaban bien. Sin embargo, volvieron. Después de vivir sus vidas por separado formaron otra en común con las experiencias vividas individualmente. Hasta tuvieron un hijo, solo uno, que Macarena no quería que sufriera las mismas injusticias que había sufrido ella por ser la mayor. No ha parado de darle besos desde entonces, diez años ya.

Ahora viven en una casa más grande que la que se compró cuando se independizó. Eneko va al colegio, Daniel trabaja como asesor de viajes, pues descubrió su pasión por viajar desde su destino militar, y ella sigue escribiendo y en el Cine. Aún no ha curado su herida interior.

David se lo dijo: “tus padres no te van a dar ya lo que nunca te dieron y menos con el nacimiento de un nieto”. Desde que nació Eneko tiene una llaga aún más grande en el corazón. Es algo natural que, por lo visto, les pasa a todos los que tienen hijos, o al menos los que tienen hijos y padres a la vez. Sin embargo, ve diferencias con respecto a muchas familias cercanas. Aunque lo ha querido comprender y aceptar, le cuesta porque mientras tanto se ha sentido juzgada.

Juzgada cuando su tía le dijo con tono de crítica en pregunta retórica que por qué no miraba a su padre, ¡que eran sus padres y no les podía hacer eso! Fue hace años cuando la llamó por teléfono para felicitarla por su cumpleaños y ésta aprovechó para ponerla verde. Por entonces, hacía tiempo que ella y su padre no coincidían en el tiempo ni en el espacio. Ella estudia que te estudia y él escribe que te escribe apenas hablaban ni compartían momentos. Cuando llegaba el final del día y los dos habían terminado sus respectivas labores intelectuales, como era costumbre familiar, se colocaban frente al televisor, y salvo los días en que ya estaba estipulado de antemano el programa a compartir, era el momento de la lucha por el mando. Macarena acababa encerrada en su habitación viendo alguna película en vhs en la televisión que le regaló su novio. La madre le había contado esto a su tía, que padre e hija llevaban un tiempo sin hablarse, y ésta se lo reprochó a Macarena viendo lo mal que estaba su querida hermana pequeña por esto. Después vino lo de su prima, también la criticó. Esta vez mediante mensajitos en el móvil. Que por qué no había querido ir en Reyes a casa de sus padres. Y como todos van en cadena, cinco hijos y una hija criados a ritmo militar, caído un naipe, caían todos. La dejaron de hablar, fue desterrada de la familia materna. Actuaron con ella igual que con los demás primos: los dos del único hermano, con quien su madre hacía tiempo no se hablaba y por consiguiente su hermana y el clan de los seis hijos tampoco; y los dos de la hermana mayor muerta en un accidente de tráfico, a quienes también habían desterrado después de una difícil convivencia por el momento de duelo con adolescencia jamás comprendido. El juez dictaminó que aquellos menores de edad supervivientes del fatal accidente tenían que vivir con la hermana que precedía en edad a la fallecida, que además era la que tenía más hijos, la del clan de los seis, y aquella convivencia multitudinaria y cuartelaria se hizo insufrible. Jamás contaron qué pasó en aquella casa.

Macarena ha ido sintiendo más distancia aún hacia sus padres porque poco a poco con Eneko se ha disipado más el interés de ellos hacia ella. Además, siguen sin contar con ella para planes familiares, como en cambio sí hacen con Clotilde. La reclaman la misma atención que les da su otra hija. Sin embargo, ellos no se comportan igual que con su otra hija. Ya le dijo su madre una vez y le dolió mucho, que a ella la ayudaban con Eneko. Es la pescadilla que se muerde la cola: distancia de sus padres hacia ella aumentada a partir de que nace Eneko y por consiguiente de ella hacia ellos, pero a ella la juzgan. Intenta hacerles ver la distancia y diferencia de trato que recibe ella con respecto a su hermana que, a su juicio, han practicado siempre, pero es batalla perdida y siempre agua pasada, aunque acabe de pasar. No lo ven o no lo quieren ver. Esa pescadilla es lo que sostiene la no relación que hay ahora.

Una vez le dijeron que estaban más pendientes de su hermana por estar sola, enferma y sin trabajo fijo. Tres cualidades que, por lo visto, hay que cumplir para poder ser maternada. Macarena no las cumple. Cada vez que Clotilde se relaciona con sus padres monta el espectáculo. Ha seguido los pasos de su madre, escenógrafa profesional. Madre e hija han aprendido a hacerlo de la misma forma: montar escenas para llamar la atención, que al ser las pequeñas de la familia tuvieron que sortear a los primogénitos para ser escuchadas.

Los primeros años eran los estudios, las malas notas en los exámenes. Pasado un tiempo cuando regresó de su periplo estudiantil por diversas tierras de España e Italia con la ilusa idea de acabar la carrera le ponían casa gratis en Madrid. Por no estudiar había conseguido una vida independiente y más tarde también casa gratis en Madrid, y ella por estudiar no obtuvo nada a cambio: ni el prometido trabajo que le dijo un día su padre, “si no quieres barrer, estudia”; ni la atención de sus padres, que opinaban que no debían elogiarla por estudiar, pues eso sería “como premiar al que respira”.

Más tarde los accidentes y enfermedades. Para entonces ya se había chupado muchos telediarios y periódicos y sabía cómo tratar la noticia para acaparar la atención de sus padres. Después llegó la crisis. Sus padres no tuvieron más remedio que mantenerla y aceptaron enseguida la idea que se le había ocurrido: ocupar la casa de la sierra. Los llamados trabajos precarios han sido guiones también de escena. Así les contó lo duro que se le hacía salir a la una de la madrugada de la cafetería donde fue heladera un verano. Para ello colocó una sábana azul oscura colgada sobre una de las paredes del salón a la que pegó una luna llena de cartulina, se montó a una vieja bicicleta del padre que subió del trastero y se pintó ojeras para escenificar lo inhumano que era volver a casa de madrugada. Trabajo duro, cursos y entrenamientos han sido los motivos para escenificar su necesidad de ocupar la casa de la sierra. Y la coletilla de estar sola, sin pareja, ha acompañado siempre las demás desgracias y circunstancias.

Cuando llegó a casa tuvo que plasmar las vivencias de aquel fin de semana. No sabía dónde iba a llegar aquel patchwork de dolores e injusticias.

Herida Nº. 26:

Macarenita se ha enterado de que sus padres han ido a un espectáculo de Flamenco en Torrelodones a una hora en tren y varios trasbordos. A su Cine no van porque está lejos y les da pereza coger el metro. Lo tenían planificado desde hace dos meses. A ella le dicen que no pueden planificar nada, que viven al día, según esté el padre. Han ido por la tarde-noche mientras a ella le dicen que a esa hora no salen porque su padre se desorienta. No van al Cine de la hija taquillera y viven pegados a las escenas que monta la hija peliculera.

Eneko continua en el colegio y Daniel en la oficina cuando Macarena deja de escribir para irse al Cine. Antes deja escrito en un post-it que pega en la nevera las instrucciones para la cena y se prepara la suya para llevar: calabacín al estilo de su suegra. Crudo en rodajas finas, regado con sal, aceite, piñones y lascas de queso. Atraviesa Madrid en metro. Desde que dejó la bicicleta porque se le hacían muy cuesta arriba las cuestas arribas de la ciudad, se queda un rato traspuesta durante el trayecto. Justo hasta que la voz anunciadora dice “Goya”. Le sabes a gloria esos minutos.

En el Cine hoy tendrán historia. Un señor casi se infarta, según una señora que ha bajado corriendo de la sala para decir que cogieran el desfibrilador y llamaran al 112. Al final resultó ser atragantamiento por palomita.

Macarena se queda a cerrar y, como siempre hace desde que nació Eneko porque tenía que trabajar el suelo pélvico, aprovecha esos momentos de soledad para hacer yoga. Le viene muy bien para estirar músculos, relajarse y mover partes de su cuerpo que de otra manera no movería. También para el suelo pélvico. Regresa a casa en metro a las tantas de la madrugada. No puede evitar acordarse de la cara de emoticono de pobrecita de su hermana cuando estaba trabajando de heladera en la sierra y escenificó la situación en el salón de la casa de Aluche.

En casa procura no hacer ruido. Sus chicos duermen.

 

“No estoy de acuerdo con lo que dices con respecto a que como tengo una hija que no es más débil y no se siente sola (tú misma lo dijiste, también papá lo dijo cuando habló conmigo), me olvide de ti. No me olvido de ti y la falta de atención que dices no es tal o a lo mejor es la pescadilla que se muerde la cola. Yo siento a veces que nos ves de otro mundo muy diferente al tuyo. Siempre nos has visto con distancia y molesta por nuestra manera de ver las cosas y por nuestras costumbres. Ha sido así en todas las generaciones y las cosas que interesan a unos, el mundo que nos rodea y lo que pasa, a otros no interesa.

Tú misma lo has dicho, es la pescadilla que se muerde la cola. Por otra parte, no creo que ver el mundo de otra manera, como tú dices, tenga que ser un impedimento para relacionarnos.”

 

“En todas las situaciones que te he descrito en el correo me he sentido muy sola: planes sin incluirme o dando por hecho que no podía, reuniones familiares sin contar conmigo, juicios sin preguntarme ni escucharme, preguntas que no se me han contestado... Son todo momentos en los que me he sentido muy sola. Sólo sabías de la soledad de Clotilde porque sólo la conoces a ella. Me gustaría que me dijeras que lo sientes, que no sabías de mi soledad y malestar en todas aquellas situaciones, que todos estos años has estado más pendiente de Clotilde, pero que ahora me tendrás en cuenta. Me gustaría que hablaras conmigo en la piscina porque nos vemos muy poco y los vecinos lo entenderán, que contaras conmigo cuando se os ocurra un plan familiar... La soledad tiene muchas formas, igual que pobres no son sólo los que no tienen dinero”.

 

“A lo mejor no os hablaba mucho (o nada) en aquellos años porque no tenía costumbre de hacerlo. Quizás aquellas primeras heridas (discoteca, ropa robada para Clotilde...etc.) y el no poderme quejar para recibir consuelo, empatía, me acostumbraron a callarme todo. Ahora no quiero callarme nada. Aunque no sé si seréis capaces de darme consuelo (una semana te ha costado decirme que sentías no haberme llamado para ir a Sevilla), al menos me vacío. Son muchas heridas acumuladas y en el destierro vivo con mucha soledad”.

 

“Después de leer tu carta he sentido una enorme tristeza y un paso atrás en todo esto. Me produce dolor saber que no me conocéis. No sabéis quién soy.

No mencionas prácticamente nada de lo que os cuento en la carta. Como si me comunicara con un muro, de nuevo me he sentido no escuchada. Te limitas a buscar explicación de esos sentimientos que os expreso en unos “hipotéticos males, sinsabores y falta de definición”.

Lo que os he intentado explicar y os repito de nuevo, es que me da mucha rabia y rencor pensar en todos los años malgastados de estudio, años que podía haber dedicado a hacer lo que me gustaba en ese momento, en cada momento. Así se hace una vida feliz y no malgastando tiempo de preparación para un trabajo que ni siquiera se sabe si va a existir en un futuro o te va a gustar llegado el momento. También rabia por no haberse cumplido lo que asegurabais: que el título servía para conseguir trabajo; y rabia por no tener vuestra atención. Aparte de rabia por todas las injusticias que veo en vuestro comportamiento con Clotilde. Y concretando más, mucho enfado y dolor por cómo se ha tratado la última vez el tema de la casa de la sierra, por no poder usar la casa de la sierra como hasta ahora habíamos hecho: consultando a la tía y a mamá, y desde que Clotilde se fue a vivir allí también comunicándoselo a ella. Por lo visto ahora dependemos de cuando ella viaje para poder ir”.

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