viernes, 21 de agosto de 2026

Novela de un Yo (32)

  

 

Por la noche la ha visitado un asunto que habló con su madre hace tiempo: por qué nunca aceptaron la propuesta de ir el día de Reyes a Sevilla. A Macarena le hacía especial ilusión ir con Eneko a ver la cabalgata sevillana y que se reunieran allí todos en lugar de ir en Nochebuena como siempre. Cuando años después hablaron de ello su madre le dijo que “si llega a saber que era por Eneko, lo hubiesen hecho”. Son estos detalles los que no logra entender: por qué el nacimiento de un nieto supone tal revolución capaz de anular a cualquier hijo.

Cuando la casa se queda sola Macarena transcribe este pensamiento, y a continuación le vienen frases de su madre a la cabeza que intenta desmenuzar para ver si llega al origen y causa de su pensamiento. 

Herida Nº 36:

Otra frase que nunca entendió es “Toledo fue un esfuerzo”. De aquel viaje que hicieron juntos los cinco a Toledo, regalo de Reyes a sus padres, se le quedó esa frase que soltó su madre un día pasado el tiempo. Fue después de que también les dijera que siempre que quedan parece que están con malas caras. Por lo visto, Toledo pertenecía a ese conjunto de experiencias de malas caras. Nunca entendió por qué su madre decía eso. Fue un viaje que hicieron para asistir a un espectáculo de teatro donde se representaban momentos históricos de España. Estaba teniendo mucho éxito y pensó que a sus padres, profesores de historia jubilados, les gustaría. Lo compraron con tiempo. Además, habían reservado dos habitaciones en un hotelazo desde cuya terraza se veía la ciudad preciosa. Eneko estaba especialmente feliz de poder viajar con sus abuelos. Macarenita también y así lo creía de sus padres. No hubo malas caras. Sin embargo, su madre lapidó el recuerdo con aquella frase.

Otras frases lapidarias:

Cuando consiguió su primer trabajo como dependienta en un gran cine y se lo contaba ilusionada a su padre, éste le contestó: “menos da una piedra”. Aquella frase se le clavó como un aguijón en el corazón y ahondó más su herida.

“Mientras vivas bajo nuestro techo harás lo que yo te diga”. Esto se lo dijo su padre un día que no se ponían de acuerdo para ver la televisión después de cenar.

“Si no quieres barrer tienes que estudiar”. Esto también se lo dijo un día su padre mientras estudiaba.

“No sé por qué tengo que alabarla si estudia. Sería como alabar al que respira”. Esto se lo oyó decir a su padre hablando con su madre en el salón un día que llevaba cinco horas encerrada estudiando en su cuarto.

-Mamá, quiero empezar a trabajar cuando cumpla dieciocho años.

-Ya, hija, ¿y qué más? Pues anda que no te queda….

Un diálogo entre su madre y ella después del cual vendría esta carta que Macarenita tenía guardada en el altillo. En cursiva lo que escribió su madre.

También te quiero explicar que cuando dijiste que querías dejar de estudiar no creo que me riera de ti, no lo recuerdo así.

Te sonreíste como diciendo "pues anda que no te queda…" Se me quedó grabado.

 Lo siento, no creo que me riera de ti o me asombrara: siempre pensamos que siendo buena estudiante…

Yo estudiaba porque vosotros valorabais mucho eso, para que me valorarais, no porque a mí me apeteciera. Me apetecía sentirme querida, valorada, como a todo ser humano. Papá decía que los de FP eran unos vagos... que sus alumnos eran unos vagos... En casa se valoraba mucho eso, el estudio.

Nos parecía penoso (según se pensaba en aquella época, hace treinta años) que no fueras a la Universidad. Ya sé que no te animábamos a estudiar, pero sí recuerdo aconsejarte que no te preocuparas cuando estabas agobiada por exámenes. Cuando quisiste dejar la Carrera te animamos a que terminaras. Seguro que fue un error, pero eran otros tiempos. Ahora no pasaría eso. De todas formas, no creo que hayas perdido cinco años de tu vida. Encontraste un trabajo que te permitía tiempo para escribir.

Este trabajo lo podía haber encontrado sin necesidad de hacer la Carrera. Cuando le conté a papá que había encontrado trabajo me dijo: "menos da una piedra". 

Nunca te pareció bien que te dijéramos que el estudiar en la Universidad siempre vale. Ya sé que tú no piensas así, quizás porque no se valora eso ahora ni garantiza un trabajo, pero eran otros tiempos.

Eran mis tiempos, pero vosotros echabais siempre la vista atrás, a los vuestros, sin escuchar lo que yo decía, que era la que los estaba viviendo. Ya se veía muy claro por aquel entonces que estudiar una Carrera no servía para encontrar trabajo. Pero en casa no había comunicación y no me escuchabais.

Y efectivamente hemos estado más encima de Clotilde, ella no estudiaba y tú sí. En aquellos tiempos no se veía otra cosa que estudiar para poder trabajar.

Eso ya había cambiado, pero vosotros no lo queríais ver.”

Eneko llama al timbre varias veces componiendo una melodía con el sonido. Macarena le abre contestando con otra improvisación. Es el saludo antes de verse. Cuando abre la puerta le planta un enorme beso en el moflete que arruga bajo unos ojos verdes aceituna del mismo color de la camiseta que lleva hoy antes de que se dirija directo al baño. No ha meado en toda la mañana. Mientras Macarena ultima la comida, colar la pasta y el brócoli al que añadirá unas anchoas, Eneko mira el móvil tumbado en el sofá gris.

-Lávate las manos, hijo, que ya comemos. Ah, por fa, y pon la mesa mientras yo termino esto.

- ¡Voyyyyy!

Madre e hijo se sientan frente a frente para comer de sendos cuencos llenos de espaguetis con brócoli y anchoas, una receta que aprendió en Italia.

- ¿Qué tal tu mañana?

-Bien.

- ¿Te dio tiempo a hacer los deberes que no habías hecho?

-Sí

- ¿Habéis tenido voleibol en Educación Física?

-No, hemos empezado otro deporte: bádminton.

-Anda, bueno, qué bien, ¿no?

-Sí, mola. Oye, mamá, necesito llevar ya la calculadora científica.

-Jolín, madre mía, o sea que la vamos a tener que comprar para que la uses solo unos meses… ¿Y por qué no os dejan hacer las cuentas con el móvil?

-Pues porque se supone que está prohibido usarlo.

-Hay qué ver… Esto es el colmo, como no pueden controlar que no lo uséis para otras cosas, lo prohíben al completo. Vaya anacronismo…. ¿A que un libro que no sea de los de clase no os lo prohíben llevar por temor a que os pongáis a leerlo?

Después de comer Macarena descansa un rato en la cama leyendo hasta que le entra sueño. Cierra los ojos unos diez minutos, los suficientes para reponer la energía gastada de la mañana y comenzar la nueva tarde.

En el Cine, nada más entrar por la puerta, Isidro le ha dicho que estaban los dos solos porque David está con gripe. Pero después de la primera sesión, ha venido una chica de Randstad que tiene una rasta en el pelo y que le ha preguntado si tenía mechero, si sabía si necesitaban a alguien para incorporar fijo a la plantilla y si podía consultar internet desde el ordenador de taquilla. Otro chico, portero del Princesa pero que está trabajando en el Lido ahora, ha venido a suplir a David. Se llama Leonardo Contreras. Por el acento parece argentino. Ha llegado con su portátil y echando peste a alcohol, según Isidro.

Hoy Macarena ha atendido al cliente de los redondeos. Cree que odia las monedas, nunca tiene y siempre paga en billetes redondeando la cifra al alza o intentándolo a la baja.  Cuando termina la jornada recoge, junta la recaudación, se cambia y se despide de sus compañeros para ir todo lo rápido que le permiten sus piernas al metro. En ese momento se acuerda de su madre que ganó una medalla en Atletismo cuando hacía el Preu.

 

 

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