Por
la noche la ha visitado un asunto que habló con su madre hace tiempo: por qué
nunca aceptaron la propuesta de ir el día de Reyes a Sevilla. A Macarena le
hacía especial ilusión ir con Eneko a ver la cabalgata sevillana y que se reunieran allí
todos en lugar de ir en Nochebuena como siempre. Cuando años después hablaron de ello su madre le dijo que “si llega a saber que era por Eneko, lo hubiesen
hecho”. Son estos detalles los que no logra entender: por qué el nacimiento de
un nieto supone tal revolución capaz de anular a cualquier hijo.
Cuando
la casa se queda sola Macarena transcribe este pensamiento, y a continuación le
vienen frases de su madre a la cabeza que intenta desmenuzar para ver si llega
al origen y causa de su pensamiento.
Herida
Nº 36:
Otra frase que nunca entendió es “Toledo fue un
esfuerzo”. De aquel viaje que hicieron juntos los cinco a Toledo, regalo de
Reyes a sus padres, se le quedó esa frase que soltó su madre un día pasado el
tiempo. Fue después de que también les dijera que siempre que quedan parece que
están con malas caras. Por lo visto, Toledo pertenecía a ese conjunto de
experiencias de malas caras. Nunca entendió por qué su madre decía eso. Fue un
viaje que hicieron para asistir a un espectáculo de teatro donde se
representaban momentos históricos de España. Estaba teniendo mucho éxito y
pensó que a sus padres, profesores de historia jubilados, les gustaría. Lo
compraron con tiempo. Además, habían reservado dos habitaciones en un hotelazo
desde cuya terraza se veía la ciudad preciosa. Eneko estaba especialmente feliz
de poder viajar con sus abuelos. Macarenita también y así lo creía de sus padres.
No hubo malas caras. Sin embargo, su madre lapidó el recuerdo con aquella
frase.
Otras frases lapidarias:
Cuando
consiguió su primer trabajo como dependienta en un gran cine y se lo contaba
ilusionada a su padre, éste le contestó: “menos da una piedra”. Aquella frase
se le clavó como un aguijón en el corazón y ahondó más su herida.
“Mientras
vivas bajo nuestro techo harás lo que yo te diga”. Esto se lo dijo su padre un
día que no se ponían de acuerdo para ver la televisión después de cenar.
“Si no
quieres barrer tienes que estudiar”. Esto también se lo dijo un día su padre
mientras estudiaba.
“No sé
por qué tengo que alabarla si estudia. Sería como alabar al que respira”. Esto
se lo oyó decir a su padre hablando con su madre en el salón un día que llevaba
cinco horas encerrada estudiando en su cuarto.
-Mamá, quiero empezar a trabajar cuando cumpla dieciocho años.
-Ya,
hija, ¿y qué más? Pues anda que no te queda….
Un
diálogo entre su madre y ella después del cual vendría esta carta que Macarenita
tenía guardada en el altillo. En cursiva lo que escribió su madre.
“También te quiero explicar
que cuando dijiste que querías dejar de estudiar no creo que me riera de ti, no
lo recuerdo así.
Te sonreíste como diciendo "pues anda que no te
queda…" Se me quedó grabado.
Lo siento, no creo que me riera de ti o me
asombrara: siempre pensamos que siendo buena estudiante…
Yo
estudiaba porque vosotros valorabais mucho eso, para que me valorarais, no
porque a mí me apeteciera. Me apetecía sentirme querida, valorada, como a todo
ser humano. Papá decía que los de FP eran unos vagos... que sus alumnos eran
unos vagos... En casa se valoraba mucho eso, el estudio.
Nos parecía penoso (según se pensaba en aquella época, hace
treinta años) que no fueras a la Universidad. Ya sé que no te animábamos a
estudiar, pero sí recuerdo aconsejarte que no te preocuparas cuando estabas
agobiada por exámenes. Cuando quisiste dejar la Carrera te animamos a que
terminaras. Seguro que fue un error, pero eran otros tiempos. Ahora no pasaría
eso. De
todas formas, no creo que hayas perdido cinco años de tu vida. Encontraste un trabajo que te permitía tiempo
para escribir.
Este
trabajo lo podía haber encontrado sin necesidad de hacer la Carrera. Cuando le
conté a papá que había encontrado trabajo me dijo: "menos da una piedra".
Nunca te pareció bien que te
dijéramos que el estudiar en la Universidad siempre vale. Ya sé que tú no
piensas así, quizás porque no se valora eso ahora ni garantiza un trabajo, pero
eran otros tiempos.
Eran
mis tiempos, pero vosotros echabais siempre la vista atrás, a los vuestros, sin
escuchar lo que yo decía, que era la que los estaba viviendo. Ya se veía muy
claro por aquel entonces que estudiar una Carrera no servía para encontrar
trabajo. Pero en casa no había comunicación y no me escuchabais.
Y efectivamente hemos estado
más encima de Clotilde, ella no estudiaba y tú sí. En aquellos tiempos no se
veía otra cosa que estudiar para poder trabajar.
Eso
ya había cambiado, pero vosotros no lo queríais ver.”
Eneko
llama al timbre varias veces componiendo una melodía con el sonido. Macarena le
abre contestando con otra improvisación. Es el saludo antes de verse. Cuando
abre la puerta le planta un enorme beso en el moflete que arruga bajo unos ojos
verdes aceituna del mismo color de la
camiseta que lleva hoy antes de que se dirija directo al baño. No ha meado en toda la mañana.
Mientras Macarena ultima la comida, colar la pasta y el brócoli al que añadirá
unas anchoas, Eneko mira el móvil tumbado en el sofá gris.
-Lávate
las manos, hijo, que ya comemos. Ah, por fa, y pon la mesa mientras yo termino
esto.
- ¡Voyyyyy!
Madre
e hijo se sientan frente a frente para comer de sendos cuencos llenos de
espaguetis con brócoli y anchoas, una receta que aprendió en Italia.
-
¿Qué tal tu mañana?
-Bien.
-
¿Te dio tiempo a hacer los deberes que no habías hecho?
-Sí
-
¿Habéis tenido voleibol en Educación Física?
-No,
hemos empezado otro deporte: bádminton.
-Anda,
bueno, qué bien, ¿no?
-Sí,
mola. Oye, mamá, necesito llevar ya la calculadora científica.
-Jolín,
madre mía, o sea que la vamos a tener que comprar para que la uses solo unos
meses… ¿Y por qué no os dejan hacer las cuentas con el móvil?
-Pues
porque se supone que está prohibido usarlo.
-Hay
qué ver… Esto es el colmo, como no pueden controlar que no lo uséis para otras
cosas, lo prohíben al completo. Vaya anacronismo…. ¿A que un libro que no sea
de los de clase no os lo prohíben llevar por temor a que os pongáis a leerlo?
Después
de comer Macarena descansa un rato en la cama leyendo hasta que le entra sueño.
Cierra los ojos unos diez minutos, los suficientes para reponer la energía
gastada de la mañana y comenzar la nueva tarde.
En
el Cine, nada más entrar por la puerta,
Isidro le ha dicho que estaban los dos solos porque David está con gripe. Pero
después de la primera sesión, ha venido una chica de Randstad que tiene
una rasta en el pelo y que le ha preguntado si tenía mechero, si sabía si
necesitaban a alguien para incorporar fijo a la plantilla y si podía consultar
internet desde el ordenador de taquilla. Otro chico, portero del Princesa pero
que está trabajando en el Lido ahora, ha venido a suplir a David. Se llama
Leonardo Contreras. Por el acento parece argentino. Ha llegado con su portátil
y echando peste a alcohol, según Isidro.
Hoy Macarena ha atendido al
cliente de los redondeos. Cree que odia las monedas, nunca tiene y siempre paga
en billetes redondeando la cifra al alza o intentándolo a la baja. Cuando termina la jornada recoge, junta la
recaudación, se cambia y se despide de sus compañeros para ir todo lo rápido
que le permiten sus piernas al metro. En ese momento se acuerda de su madre que
ganó una medalla en Atletismo cuando hacía el Preu.
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