El otro día me prometí no volver
a decir las frases: pérdida de tiempo, no me da tiempo, no tengo tiempo… etc
que repetía de continuo. Creo que son perjudiciales para superar mi asignatura de
vida suspensa: el estrés.
Recuerdo hace años salir a diario
a toda prisa de trabajar para llegar cuanto antes a casa y poder cenar con mi
novio. Se lo contaba a mi futuro suegro y ponía cara de asombro.
Recuerdo decir ¡vaya pérdida de
tiempo! cuando llamo a la compañía del gas, del teléfono, del agua, al médico… y
me pasan de un número a otro.
Recuerdo prepararme para salir de
casa con el tiempo justo por aprovechar los minutos de la mañana al máximo y no
encontrar las llaves en el último momento.
Recuerdo no pararme a escuchar a
alguien que me llama por la calle y decirle que tengo prisa.
De pequeña y no tan pequeña, de
los diez años a los veintimuchos, tenía un horario escondido debajo del
escritorio donde detallaba minuciosamente cada actividad diaria.
Ayer la escritura de esto que
llevo rumiando toda la semana cazó a mi vida. Tuve una experiencia de esas de
perder tiempo al máximo. Mi hijo se cayó jugando al baloncesto y tuvimos que ir
a Urgencias. Ocho horas esperando a que le atendieran. A pesar de haberme
llevado pasatiempos, tener conversaciones en la cabeza para hablar con él,
comer allí, pasear, observar, preguntarnos… el tiempo se nos hizo eterno. Como
dijo él: fue como si el tiempo se detuviese y todo lo demás que teníamos
pensado hacer se quedara suspendido en el aire. Como si estuviéramos en una
burbuja y todo a nuestro alrededor siguiera su ritmo. Yo creo que la vida me
puso a prueba.
Ahora tengo un Banco de Tiempo,
me apunto horas extras que hago de las actividades en que divido la mañana.
Por ejemplo, si un día me ha sobrado tiempo y quiero hacer otra hora de lectura, escritura o de “jodes-jodes”
(esto es, aquellas cosas necesarias para vivir dentro de una sociedad y que dan
muuucha pereza hacer: facturas, gestiones administrativas…) me la apunto para
si un día me falta esa hora saber que ya la había hecho por adelantado otro
día. También pueden ser medias horas. Recuerdo haber visto en trozos varias
películas por haberme sobrado tiempo o por haberme faltado otro día.
La loca del Tiempo, me llaman. Mi
abuelo era meteorólogo.
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