viernes, 18 de septiembre de 2026

Novela de un Yo (36)

 

 

Martes. Suena el despertador y la jornada comienza para Eneko y Daniel. No para Macarena que ha amanecido hace tiempo. Después de poner al día su cuerpo (vaso de agua caliente, cara, dientes, estiramientos, pesas, crema), proyecta sus quehaceres a través de la agenda. Un cuaderno tamaño cuartilla que cada año tunea de manera diferente. El de este año tiene una foto de la cara sonriente de Pippi Calzaslargas. También selecciona las naranjas para el zumo. Besos de buenos días entre qué tal has dormido y estoy cansadísimo se suceden hasta que los tres se sientan a desayunar después de que Daniel con su acostumbrado sosiego prepare los tres zumos. Su espalda abarca casi todo el marco visual que alcanza Macarena desde el salón mientras supervisa los preparativos de su hijo. Eneko les cuenta un sueño que ha tenido: se iba la luz en toda España y estaban tres días sin ir al colegio.

Cuando la casa se vacía, Macarena se sienta a escribir sobre la mesa-puerta junto a las vistas del río. Se ha hecho un té verde de cuya taza sale un vaho que difumina la luz de la mañana. Hoy revisa mensajes de WhatsApp, un chat con su madre. Es la pena más grande que le queda, la que todavía no logra gestionar. Resuelto está el tema de su hermana, con la que ha decidido no relacionarse en estos momentos de su vida porque cada vez que lo hacen es a través de sapos y culebras. Resuelto también queda el tema del padre, con quien la relación ha mejorado un cien por cien a partir de su enfermedad de Alzheimer. Sigue echando mucho de menos a su madre, quien nunca la leyó a pesar de acumular sus bolígrafos gastados y encuadernar algunos de sus libros.

 

“Te envío este WhatsApp porque necesito seguir sacando cosas mientras te decides a contestarme, porque si no exploto. Porque sé que, además, WhatsApp sí que puedes leer. Hablando de tu enfermedad, te cuento cómo yo la siento: no quieres ver este problema que nos separa y por ello se te ha generado una enfermedad de la vista.

Mamá: Llevo mucho tiempo escribiendo poco a poco, como puedo para contestarte. Mañana te llamo y te comento esto que dices. No me he generado las cataratas, llevo meses con ellas y leo con dificultad.

Creo que no me has entendido. Lo de tus cataratas es como lo veo YO, la interpretación que hago de un problema físico. PARA MÍ todo está conectado. Lo que nos afecta en las emociones también lo hace en lo físico. Por eso hoy yo tengo el cuello rígido y la espalda llena de contracturas. Yo me explico el mundo, no espero a que me lo expliquen. Si no te sirve, puedes olvidarlo, pero si te remueve a lo mejor es que te ha servido.

"Buscar sombra siempre es doloroso. Pero permanecer ciegos duele mucho más."

Sigo aclarando... Me refiero a que a mí me sirve esta explicación, que por otra parte no me he inventado, pero a ti puede no servirte. Yo necesito explicarme y entender para vivir, no dejarme a la deriva de las circunstancias.

Sabía que, si te decía lo que yo pensaba de tus cataratas, te podía "escocer", pero a la vez necesitaba decírtelo para que entendieras mi sentir. Como te dije, estoy saturada de que sólo nos comuniquemos a través de enfermedades. Me parece muy dañino y perjudicial.

Y porque creo que lo físico y lo emocional se afectan quiero sanar nuestra relación. Es lo único bueno de "lo de Sevilla", que ha sido la gota que ha colmado el vaso, la oportunidad que me ha dado la vida para sanar. No quiero enfermar y noto que llevo muchos años con cosas dentro que me pueden generar una enfermedad.

Aprovecho para decirte que nos gustaría ir a la casa de la sierra un fin de semana de estos. Nos gustaría ir los tres, sin la presencia de nadie más, y con la seguridad de que no fuera a ir de improviso Clotilde (no sé si vive allí ahora), como ya ocurrió un año cuando me dijiste que no sabías sus planes y que podía ser que llegara en cualquier momento. Es una sensación muy incómoda, estando unos días en una casa, pensar que en cualquier momento alguien puede llegar sin avisar.

Me siento no incluida, no tenida en cuenta. Te recuerdo que os olvidasteis de mí cuando fuisteis a Sevilla y eso, aunque me hayas dicho tú que lo sientes, no se me olvida. No se me va la sensación de sentirme fuera porque hay dos personas más que no han dicho nada (además de no ser incluida en otros planes). Es por eso por lo que necesito muestras de que os importo, de que os concierne lo que me pasa. Ahora, tal como están las cosas, pienso que tú eres la única que me puede ayudar. Si atiendes mis necesidades, sentiría de nuevo que formo parte, que mis cosas también importan.... Si lo tengo que hacer yo, no me soluciona nada. Es como si alguien enfermo necesita ir al médico y no tiene nadie que le acompañe. Yo necesito que me acompañes en esta gestión. Que le digas tú a Clotilde que queremos ir y que no nos ponga pegas para ir. Si lo hago yo, aparte de que no tengo ninguna confianza en que no me ponga pegas, seguiré con la misma sensación. 

No me extraña que estés cansada de hacer de intermediaria. Con Clotilde lo estás haciendo continuamente. Cuando Eneko se queda con vosotros enseguida la avisas para que vaya a verle. ¿Por qué no me lo pide (verle) a mi directamente? Haces de intermediaria con ella a menudo (empezando por solucionarle el tema de la ropa). No eres ecuánime. 

He hablado de INJUSTICIA porque tú misma has dicho que vive allí hasta que tenga trabajo fijo. No has comentado nada de que no pudiera comprarse una casa. Así es que según tú la razón es esa, pero se te ha olvidado que tienes otra hija que tampoco tiene trabajo fijo. Y eso es injusto.

Desde que empecé a trabajar tuve la intención de comprarme una casa, que yo sepa Clotilde jamás la ha tenido. Está acostumbrada a que la mantengáis. Una cosa es que a vosotras os venga bien que viva en esa casa, y otra el que no pueda comprarse una casa. Creéis que no puede porque no tiene trabajo fijo, pero en realidad ni siquiera ha manifestado querer. Yo pude porque quise. No confundas las cosas y sé honesta contigo misma y conmigo. Me parece genial que os sirva que viva allí, pero entonces de igual modo os puede servir que yo esté allí un fin de semana al año, igual que lo hacen otros, y eso no es "echarla de su casa". Qué daño me hizo eso que me dijiste. No se me va de la cabeza. El mismo derecho que tiene ella, lo debería tener yo. Es más, ella por el hecho de estar viviendo en una casa de la familia, debería ser la que nos facilitara el poder ir allí cuando quisiéramos. Así nos lo dijo el primer año, que podíamos seguir haciendo como siempre. Luego, más tarde, se le debieron de cruzar los cables y te llamó para decirte que la estábamos echando de su casa.

Si no me acompañas en esto, no me pidas jamás que haga de intermediaria contigo en nada. No creo que sea pedirte demasiado que la llames y que le digas que queremos ir un fin de semana.”

 

Mientras comía ha visto Once. Sigue ilustrando su vida con películas cuyos protagonistas se emplean en trabajos rutinarios que no les ocupan la cabeza para luego poder crear en su tiempo libre. Eneko hoy se quedaba a la salida del instituto para jugar a tenís de mesa con un amigo. Aparece justo cuando Macarena está llevando la bandeja a la cocina.

- ¡Hola, hijo! ¿Qué tal?

-Bien. Agotado. Menuda paliza.

- ¿Habéis jugado mucho?

- Sí, y es que antes, a última, hemos tenido Educa.

- Jolín, no me extraña que vengas cansado…  Pues te pongo la comida y me voy ya.

Macarena acompaña a su hijo mientras engulle un plato con pollo asado y patatas fritas. También le ha hecho un cuenco de arroz blanco, como lo ponían en Ecuador, otro viaje que hicieron, que le gustaba mucho. Doble plato de hidratos de carbono que a Macarena no le parece muy equilibrado, pero ya lo compensará de otra manera. Desde que cumplió los diez considera que acusa sobrepeso como muchos niños de su edad y esto no le gusta. Por la noche le dirá a Daniel que cene espárragos.

En el Cine Macarena se ha dedicado a coger las anillas de las latas que los clientes tiraban a la basura. Eli, la nueva taquillera que ha suplantado la plaza que dejó vacante Asun (Álvaro ha vuelto a su puesto de portero habitual), hace monederos con ellas. Un día la vio en la taquilla con una bolsa llena y le preguntó. A Macarena le encanta la gente que hace cosas con cosas. Además, le gusta reciclar cosas cuya vida parece que ha terminado. Le gusta alargar la vida de los objetos que parecen no tener vida. Eli aprovecha los tiempos muertos de taquilla, entre sesión y sesión, para tejer con las anillas de las latas. Hoy le ha dado un buen puñado y se ha puesto tan contenta, lo que a su vez ha alegrado a Macarena a pesar de llevar hoy la camiseta negra.

Tras la jornada primaveral en la que ha observado que los clientes ya empiezan a querer el agua fría de la nevera, que se venden menos chocolatinas, más refrescos… se va a casa donde, si está Daniel despierto, compartirá con él una serie en el sofá. Se marcha en metro, que lo del otro día fue una valentía que no volverá a hacer. Le cuesta demasiado subir la Cuesta de Moyano en bicicleta. Sus piernas ya no tienen veinte años.

No hay comentarios: