Leemé

jueves, 4 de octubre de 2012

Romeo es feliz


Anoche me lo dijo. Estaba en su cuna, boca abajo como se pone siempre para dormir, con el culo en pompa y abrazando (más bien estrujando) a su Hipo (su peluche hipopótamo). Estábamos hablando de papá, de mamá. Creo recordar que repasábamos a todos los miembros de la familia diciendo donde estaba cada uno de ellos y después dijo: Romeo es feliz. Me levanté de un golpe y acerqué mi cara a la suya: ¿de verdad?, ¿eres feliz? Me puse súper contenta y se lo dije. Que para mamá lo más importante era que fuera feliz, que eso le hacía feliz a ella. Cuando se durmió me puse a ver El hijo de la novia donde Darín no hace más que recordar las expectativas que tenía su madre para él y que ahora con el Alzheimer no podía ver lo bien que le iba en el negocio, aunque no fuera feliz, pero que eso era lo que había querido siempre su madre, que fuera "alguien importante". Cuando Romeo era bebé le empecé a llamar niño bonito porque yo le veía muy bonito. Luego pensé que igual de mayor se hacía un creído y lo cambié por niño feliz, pues pensé que era mejor si se hacía "un feliz". Ahora le llamo por su nombre, Romeo, y no me ha hecho falta hacerme mayor para saber que es feliz, anoche me lo dijo.

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