Leemé

martes, 9 de octubre de 2012

Romeo recuerda


 
Dicen que el cerebro del niño se desarrolla a una velocidad vertiginosa en los primeros años, que nunca más volverá a ser así. En los primeros juegos con Romeo pude comprobar que su memoria se estaba desarrollando, que cuando le ponía el Vals de Amélie enseguida alzaba los brazos para que bailásemos juntos. Es la melodía que más escuché durante el embarazo y al ritmo de la cual comenzamos a bailar cuando nació. Más tarde con las papillas de frutas observé que recordaba el sabor del plátano porque cuando se lo enseñaba lo quería coger a toda costa. Cuando empezó a hablar me di cuenta que aquello iba en serio, que la memoria de Romeo crecía y crecía. Primero fueron las frutas, después los números, los colores, las formas geométricas, las letras, los nombres de los amigos… Todo lo asimilaba y cada vez me dejaba más alucinada. En ningún momento le indiqué ni mostré nada, sino que él por propia iniciativa fue señalando cada cosa por el orden de grupos descrito y yo le iba diciendo el nombre de cada una. Hace poco me ha sorprendido con dos recuerdos curiosos y extravagantes: un armario tirado en medio de la calle, que le expliqué alguien había dejado ahí porque ya no lo quería y que al día siguiente como ya no estaba preguntó por él; y una señora con un andador vendiendo cupones en la glorieta de Atocha que, igual, al día siguiente cuando pasamos ya no estaba y preguntó por ella. ¿Qué final elaboraría Romeo para aquel armario? ¿Y para la señora? Creo que ha empezado a elaborar su lista particular de cosas que un día están  y al otro ya no están.

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