Leemé

jueves, 15 de noviembre de 2012

Romeo va al teatro



La primera vez que Romeo fue al teatro le llevó su tía Amaya. Era el Teatro Fernán Gómez, una obra para bebés decía el título. Romeo tenía algo más de un año. Nada más comenzar empezó a llorar. Se tuvieron que salir. Demasiado oscuro y raro, dijo la tía. Tiempo después le llevé a un espectáculo musical de casi hora y media en el que dos personas disfrazadas cantaban canciones infantiles y amenizaban la sala haciéndonos mover de aquí para allá. Romeo alucinaba; observaba casi sin pestañear sobre mis piernas y a ratos bailando también. Hace poco su padre y yo le llevamos a un teatro de títeres y estaba todo entusiasmado, que tiene un cuento en el que aparece un teatro de títeres que repite y repite cada noche antes de dormirse. Cincuenta minutos, se le hizo largo. Lo achaqué también a la hora, casi de su comida y sueño. Este domingo pasado fuimos a otro teatro de títeres. Media hora antes de entrar se duerme. Nada más acomodarnos se despierta y poco a poco va descubriendo la preciosa historia que nos cuentan elevando su entusiasmo conforme pasaba el tiempo: mira mamá, una piedra grande; mira mamá, un árbol; mira mamá, la luna; mira mamá, una nube… Aparte, en casa, tenemos el guiñol que le fabricó su yaya Charo. Qué risa le entra cuando el oso panda se cae al suelo dando tres vueltas de campana mientras su mamá con voz de oso, que sólo sabe él como es esa voz, grita.

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