Leemé

miércoles, 20 de febrero de 2013

Romeo hace caca


 
Ayer recordábamos las veces que le teníamos que cambiar cuando era bebé. Casi en cada toma, ocho veces al día casi. Mi madre se sorprendía cuando le decía que todavía Romeo no hacía caca sólida. Ya tenía más de un año. Después la caca cambió. Fue en un viaje a Estados Unidos donde le vimos por primera vez estreñido, que allí nos costaba encontrar verdura y fruta. A partir de entonces Romeo empezó a hacer caca cada tres, cuatro y hasta siete días. Conforme se acerca el momento se va poniendo más incómodo, dando paseítos por la casa y diciendo: caca, caca y a cambiar. Que Carlos interpreta como las ganas suyas de que el mal rato pase. Que diciendo a cambiar, en su mente, parece como que ya ha pasado ese mal rato. Luego cuando la hace no quiere que le cambien y dice: otra vez, caca otra vez, y así se puede tirar con el pañal sucio las horas muertas. Curioso. Un día, no hace mucho, mientras le estaba cambiando me dijo que se la enseñara y así hice: abrí el pañal que ya había plegado y le enseñé su caca. Momo nos ha explicado que para ellos es algo que dejan, que sueltan de su cuerpo, y que por eso les cuesta (a unos más que otros). Que coincide con la etapa de desprendimiento y desapego de la madre. Que en esos momentos es cuando aprenden el concepto de soltar. Masajitos, verduras, fruta, agua, lino, bífidus… pero si no quiere soltar, no suelta.

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