Leemé

miércoles, 20 de marzo de 2013

Romeo juega

 

Romeo en realidad juega todo el rato; es su forma de estar en el mundo. Tengo esto tan presente, que hasta ahora no se me había ocurrido escribir sobre el juego de Romeo. En los inicios era mirar todo aquello que diera vueltas: ventiladores, lavadoras, molinillos de papel; más tarde las vueltas a las cosas las daba él: tapones, botones, peonzas; coger palitos y cosas alargadas; escuchar música y bailar; buscar números; buscar formas geométricas; subir y bajar cuestas; ver cuentos; hacer puzles; buscar letras y ahora de nuevo está en la fase peonza. Las guarda en una caja de cartón preciosa que le hizo la abuela. Cada una tiene su nombre: la de Noruega, la de Rusia, la de papá, la de la yaya, la de “Cábiz”, Granada, la de la tía María, Suiza, la de la tía Lali, la de Alba, del Ayoyo… según su procedencia. Momo le llama Pirindolo. Su tía Amaya, Pirindoleador. Una amiga que entiende de numerología me dijo que por la fecha de su cumpleaños tendría mucha destreza con las manos. Esta fase peonza la combina también con la de Amélie. No hay día que no quiera poner el cd de música de Amélie, como yo hice cada día de mi embarazo. Le encanta ver los números de las canciones en la pantallita del radiocasete, bailar, y tararearlas: esta es rápida, esta lenta, esta en inglés… Me gusta pensar que todo tiene que ver, que todo está relacionado. Al fin y al cabo, el mundo y la vida son como un gran puzle.  

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