Leemé

miércoles, 10 de julio de 2013

Romeo va al parque

 

Ayer fuimos a nuestro parque, el Madrid Río. Después de un mes de vacaciones lo encontramos cambiado: morado por la flor de lavanda, vestido de verano y con ambiente dominical. Romeo no daba abasto, quería ir a todos los sitios: estanque que da vueltas, los toboganes, los chorros, los columpios que hacen música… Tuvimos que seleccionar: los columpios de la música y el estanque que da vueltas. Lo demás para mañana, dijo. Sin embargo, cuando nos dirigíamos a casa se le antojó ir al parque de los “columpios de Romeo”. Un parquecito infantil a cinco minutos de casa donde siempre vamos cuando queremos ir a algún sitio sin pensar a dónde. Los parques en la vida de Romeo tienen mucha importancia. Desde que nació y gracias también a mi amiga Rosalía que me abrió los ojos en este sentido, mi mirada sobre Madrid tiene forma de parques. Los he descubierto urbanos y pequeños, urbanos y grandes, con arena, sin arena, con árboles, sin árboles, a las afueras de Madrid, en pleno centro. Al principio Romeo dormía en ellos, mamaba en ellos. Más tarde organizábamos comidas en ellos. Luego pasó a sentarse sobre la arena o hierba de los parques para observar. Y ahora los usa a dos manos. Quiero hacer todo, dijo el otro día. Y es que hasta que no se ha montado en todos y cada uno de los juegos que hay no quiere-puede irse. Es como si tuviera que completar algo. Es otra de sus cositas.

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