Leemé

martes, 11 de marzo de 2014

Romeo escribe



Tengo paralizado el Blog de la mamá. Desde hace tiempo he hecho un paréntesis para escribir otras cosas que me urgían más y muy de vez en cuando escribo algo en él. Como ahora. No lo he podido resistir. Romeo ha empezado a escribir. Lo sé por un taller maravilloso que hice el sábado: escribir es plasmar un significado con grafías. Hace unos días Romeo escribía conmigo un cuento de su viaje a Londres. Poníamos post-it amarillos sobre un cuaderno que le dieron allí, en un restaurante, y así íbamos contando en cada hoja llena de sosos pasatiempos, nuestro periplo londinense. Unas veces escribía él, otras yo. Los dos sabíamos lo que habíamos puesto cada uno, pero cada uno no sabía lo que habíamos puesto los dos. Mi escritura era mi escritura, la convencional, la codificada por el mundo adulto; y la suya era la suya, única en el mundo adulto y no adulto. Este viernes volvimos a escribir otro cuento juntos. Esta vez titulado: Cuando papá no está. En él pretendo poner fotos y textos de lo que hace Romeo cuando su papá está de viaje. Cogió un rotulador y se puso a hacer “oes”, “íes” y “aes” a mansalva. De vez en cuando levantaba la cabeza y me preguntaba: ¿qué pone aquí, mamá? Yo le respondía lo que veía: o, i, a… Que he aprendido que en este caso está jugando con las letras, pero que en otros casos, cuando no hace letras inteligibles en nuestro idioma codificado, para validar su escritura (buscan validar en el adulto lo que han escrito) se le puede decir: ¿qué has querido poner tú? Y a veces, si hay un fin para ello, proponerle que lo puedes transcribir a cómo lo hacen los adultos. Pero esto no siempre tiene sentido hacerlo. Como no tiene sentido pretender que un niño aprenda algo cuando no tiene la necesidad interna que le mueve a aprenderlo, cuando no lo necesita.

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