Leemé

martes, 20 de octubre de 2015

Romeo duerme en casa de un amigo




El viernes (16-10-2015) teníamos sesión de cine en casa de un amigo de Romeo. En realidad el invitado era él, pero como me encantaba el plan, me auto invité. El caso es que desde el principio noté que Romeo no quería compartir ese tiempo y espacio conmigo, pues apenas entré en la casa, ya me estaba preguntando que cuándo me iba. A mitad de la película se pusieron a jugar a que hacían cosas que a las mamás no nos gustaban. Cuando nos teníamos que ir, Romeo acompañado de su amigo Mateo, me dijo que se quería quedar a dormir allí. Al principio no me sorprendió, pues muchas veces lo dice cuando nos vamos de los sitios: que le gustaría quedarse allí toda la vida y dormir y todo, etc, pero luego se descubre que no es así en realidad. Hace poco había dormido por primera vez en la habitación de su primo, lejos de nosotros. Esta vez estaba tan convencido de su idea como aquella vez: se quería quedar a dormir. Las dos mamás nos miramos sorprendidas y acordamos aceptar. Allí se quedó sin haber visto a su padre prácticamente en todo el día y sin el abrazo y beso apretado, apretado, que me da en cada despedida, tan contento estaba con su amigo. Yo, nerviosa perdida, cogí la bici y me fui a casa. No fui capaz de disfrutar lo poquito que quedaba del día y la noche pensando en mi hijo, si todo iría bien... Supe que se había despertado una vez, como hace siempre, para tocar la cara de la mamá de la casa, y vuelta a dormirse. Al día siguiente Romeo le decía a Mateo: cuando desayunemos habrá cosas dulces que trae papá del trabajo.

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