Leemé

viernes, 27 de noviembre de 2015

Romeo monta en autobús



Ni idea de cuándo fue la primera vez que montó en autobús. No lo debí apuntar. Sí lo recuerdo alguna vez conmigo en la mochila delantera con la que le llevaba en ocasiones, y yo sentada en los asientos reservados para mamás con bebés. También recuerdo esperar en la parada con temor a que hubiera ya otro carro de bebé dentro y no pudiéramos entrar. La última vez que subió en un autobús fue yendo al médico. Como le acababa de recoger de la escuela y tenía hambre se puso a comer del perol de garbanzos que había sobrado de su comida. Previsora había metido en el bolso una cuchara por si ocurría esto. Ocurrió. También la espera fue anecdótica: http://macarenamenasantos.blogspot.com.es/2015/11/romeo-se-disfraza.html.
Y en general todas las veces que Romeo monta en autobús son anecdóticas, o al menos a mí me lo parecen. Recuerdo un día que íbamos sentados en los reservados y la señora de enfrente le dijo algo. No recuerdo el qué. Su voz me resultó muy familiar. Miré hacia arriba y descubrí entre las arrugas a una profesora de mi colegio que se puso muy contenta de conocer a mi hijo. Otro día vio entrar a un chico sin pierna y cuando estaba a punto de salir por la puerta le preguntó por qué no tenía pierna. El chico le dijo que porque no había hecho caso a sus papás de pequeño y había cruzado una calle sin mirar. Todo el autobús escuchó la historia. Y es que cuando entra Romeo en un autobús con su tarjeta de transporte de niño de cinco años pueden pasar muchas cosas.

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