Leemé

jueves, 17 de diciembre de 2015

Romeo ordena, guarda, recoge


Ayer Romeo se fue con una mamá amiga y su hijo a un lugar nuevo. Esta mañana nos contaba cosas acerca del sitio. -Era igual que en “Momo”: jugar y luego recoger.-
Estoy orgullosa de haber aprendido y después haber sabido transmitir a mi hijo la importancia del orden. Gracias a Momo, la mujer sabia con la que Romeo ha compartido muchas mañanas, pude aprender la técnica: nada más después de haber usado, guardar. Romeo, como muchos niños, se oponía en numerosas ocasiones, pero con paciencia, sin amenazas ni gritos, o sea con acompañamiento respetuoso, finalmente lo hacía. Muchas veces el tiempo de guardar era mayor que el de jugar, pero era un aprendizaje que merecía la pena. A veces, precisamente por ello, he tenido mis dudas de si estaba siendo demasiado rígida en este aspecto. A veces también he pensado que igual en casa no quiere jugar a nada de lo que tiene porque luego lo tiene que recoger.
Una vez estuve en casa de una familia amiga y el papá dijo una frase que se me quedó: un poco de caos tampoco viene mal. Y de nuevo volví a replantearme lo de mi rigidez. Sin embargo, para contrastar esto he visto también como en otras casas donde los juguetes están todos revueltos, Romeo tampoco juega. No sabe por dónde cogerlos, ni por cual empezar a jugar. Así es que me vuelvo a mi idea rígida de nada más usar recoger, como con todo lo que usamos en casa. No es una norma para él, sino para todos y con todo, y creo que esto es importante. Si en algún momento flaqueamos, nos acordamos de aquella pirindola noruega que mamá pisó mientras hacia la cena porque estaba donde no tenía que estar.

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