Leemé

martes, 1 de marzo de 2016

Romeo ahorra

9-2-16: Tengo ya dos euros. Desde que empezó a ir a “Momo” Romeo se hizo encontrador de tesoros. Todos los días en la recogida me abrazaba con objetos en las manos. Otras veces se los había guardado en el bolsillo del pantalón: botones, palitos, pinzas, plastiquitos de todos los tamaños y colores… En casa tenemos una caja de tesoros y hasta una estantería dedicada a los tesoros del parque de Romeo. Diego me contaba hace poco, que no hay día que no descubra algo debajo de las taquillas. En el parque, a veces, se encuentra dinero: “centimillos”,  como dice él, u otras monedas. Su tía abuela le regaló una hucha en forma de buzón de correos y todas las monedas que se encuentra las mete allí (así como todos los buzones de correo que se encuentra los llama “hucha”). Ahora está obsesionado con encontrarse una moneda de dos euros. También quiere tener billetes, que su amigo tiene muchos, dice. El otro día tuvo que dar un montón de “centimillos” para comprar un sobre de cromos: pero da igual tengo muchos más. Cuando alguien le da una moneda de un euro (tiene la extraña habilidad de conseguirlo por su cara bonita), permanece con ella en la mano todo el rato. Ayer en la recogida estaban los tres mayores hablando de cuánto dinero te daban si vendías chatarra. De camino a casa me dijo que: yo no era mucho de comprar.
El dinero para Romeo es un juego más: monedas de diferentes tamaños, unas más brillantes que otras de las que le gusta hablar y acumular. Todavía no relaciona mucho ese acto de acumular con el de intercambiar. Tampoco entiende que él no lo puede conseguir como lo consiguen los papás. Por eso rebusca y rebusca en el parque, en las gradas, nos dice, aunque muchas veces no sabe para qué lo quiere, para decir que lo tiene, quizás, como les pasa a muchos.
Esto era hasta ayer, que cambió todo, hasta este post cambió. Cuando le recogí me dijo que estaban preparando un espectáculo para que fueran las mamás y papás. Que la entrada costaba seis euros y que con ese dinero se iba a comprar un R2 D2. Me pilló de sopetón, creo que no le dije ni que sí ni que no, pero él percibió un sí y todo contento se puso a saltar: ¡va a ser la primera vez que me des dinero! Creo que en los próximos días revisaré mi intuición y a lo mejor cambio de opinión o no.



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