Leemé

miércoles, 13 de abril de 2016

Romeo observa




Aún recuerdo las primeras conversaciones con Momo, la mujer sabia que acompañó a Romeo durante un tiempo. Yo le decía que veía a mi hijo parado, sin jugar, sin relacionarse con los demás… Ella me decía que sí jugaba, que sí tenía el juego simbólico incorporado, que sí se relacionaba. Tan sólo tenía que observar a mi hijo, su cara, y ver que cuando estaba observando algo hacía muescas, que con la cara seguía los movimientos de los niños, los interpretaba, los pensaba… Aprendí a hacerlo como me dijo ella y descubrí que Romeo era un gran observador, y entonces yo me hice también gran observadora. Ayer observé cómo anudaba los cordones de mis patines en el pedal antiguo de hierro de la máquina de coser de mi abuela. La cabeza hacia abajo, la lengua un poco fuera, las manitas trabajando al compás… Luego le observé dormido. Esto me encanta, ¡qué placidez! También le sigo observando cuando observa y esto me gusta mucho también. Los ojos sin parpadear, la boca moviéndose al compás de las emociones… Hay quien piensa que sólo observar a un niño/a es desatenderle. Yo le respondería lo mismo que me decía Momo: que se fije en mi cara y verá cómo le estoy diciendo con la mirada cuánto me gusta lo que hace, lo bien que me siento a su lado, que si necesita ayuda me la puede pedir…

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