Leemé

martes, 2 de agosto de 2016

Romeo no juega

Hace tiempo escribí esta entrada:
Todos los finales de mes le digo a Romeo que voy a hacer repaso en casa y que voy a retirar todas las cosas que ya no use, con las que ya no juegue.
Cuando le digo que tal cosa la voy a dar porque no la usa, me contesta que es porque yo no juego con él a eso.
Cuando vamos a casa de los yayos, Romeo apenas se asoma al cuarto de juegos, mientras todos sus primos permanecen allí horas y horas.
Diego me ha comentado que Romeo tiene todo lo que necesita dentro de su cabeza. Momo me dijo que en el parque se quedaba mirando cómo juegan los niños y que con la expresión de su rostro, aunque no estuviera jugando, se veía que él también estaba participando.
Esta mañana teníamos amigos en casa. Entre todos han decidido jugar al parchís, pero Romeo ha dicho que él no iba a jugar, que él iba a mirar.
Casualmente estos días, me he debatido entre apostar porque mi hijo siguiera jugando libremente por las mañanas a lo que él quisiera, o hiciera lo que alguien le dijera tenía que hacer. Al final nos hemos decidido por el juego, aunque sepa que él va a decir mucha veces que quiere ir al rincón de no jugar. Ese es el último invento que me han contado de los que surgen en “Momo”.
Recuerdo una frase que le dijo mi abuela a mi madre cuando yo era niña que se me quedó para siempre dentro de la cabeza: “esta niña tiene que jugar más”. Me llamó la atención mucho que pusiera hincapié en ello mientras que mis padres parecían encantados de verme estudiar y estudiar, sin tiempo apenas para jugar. Ahora Romeo pudiendo hacerlo no lo hace y pide a gritos dirección marcada por su mamá o papá. ¿Quizás le estoy exigiendo que juegue de la misma manera que a mí me exigían que estudiara? Con la diferencia de que en vez de hacer lo que yo creo es mejor para él, hace todo lo contrario.
Creo que a partir de ahora no creeré en nada y como nos aconsejó Diego en la última “tutoría”, procuraré que tenga más tiempo de aburrimiento. Quizás en el vacío descubra el placer de hacer lo que a uno le viene en gana.

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