Leemé

lunes, 13 de noviembre de 2017

Romeo de campamento



De pequeña si me iba de campamento era que me iba varios días fuera de casa, a dormir en tiendas de campaña con monitores que nos cuidaban. Ahora se anuncian campamentos urbanos. Me costó entender el concepto. Creía que eran como las antiguas colonias, donde los niños dormían fuera de casa, pero no en tiendas de campaña sino en residencias o colegios. Luego entendí que se llaman campamentos urbanos a las permanencias en lugares urbanos el tiempo que duraría un colegio los días que no hay colegio, acompañados por personas que proponen a los niños actividades. Es decir,  una mezcla entre guarderías de niños más mayores y lugares donde hacer otras actividades diferentes a las del colegio cuando no hay colegio.
Romeo fue por primera vez de campamento el 30-3-15. Fue en la escuelita donde él acudía habitualmente, Momo, en horario escolar, durante las vacaciones de Semana Santa. La Asociación El Bancal organizaba talleres de huerto y naturaleza y le apuntamos. Le explicamos que el espacio y el tiempo iban a ser iguales, pero que la compañía (aunque iba con un amigo de Momo) y actividades no. Iba ilusionado y se lo pasó bien. De aquella experiencia quedaron saludos a la salida de la escuela a los cuidadores del huerto y un cuaderno de la naturaleza precioso. Más adelante la abuela le regaló un campamento de circo. Mismo horario que la escuela, pero distinto sitio y compañía (aunque iba con una amiga de Momo). Le gustó pero creo que le pilló cansado. Sin embargo, de aquello quedó una película de la que hace poco me dijo que él había puesto el título.  
Este verano hemos hablado de campamentos de dormir fuera de casa, porque vimos uno en el pueblo donde estábamos. Me dijo que él quería ir pero conmigo. Como aquella vez que fuimos a uno en cabañas de madera, con adultos, niños y talleres. Algo me dice que ese “conmigo” puede estar en peligro de extinción. Por eso, quizás, necesitaba escribir esto. 

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