Leemé

lunes, 27 de noviembre de 2017

Romeo va al dentista


23-12-15. Era un centro de la Seguridad Social. A pesar de que tenía que entrar sólo, conseguimos que no fuera así. (Si hay algún médico por aquí que me pueda explicar por qué en los hospitales dicen que los niños están más tranquilos cuando la madre-súper tranquila no le acompaña, lo agradecería mucho). Nos dijeron que tenía un principio de caries, le enseñaron a cepillarse los dientes y le regalaron un cepillo y un librito. Se fue muy contento.
Otro día fuimos a mi dentista y aunque no le intervinieron, sólo el hecho de abrir la boca con tantos artilugios a los lados le incomodó.
Más adelante le tuvieron que hacer una pulpotomia. Esta vez fue en la dentista de papá, que para entonces ya le había conquistado con juguetes cada vez que iba. Además, el sillón era mágico y el aspirador de baba también. Romeo permaneció una hora sentado con el bracito rígido subiéndolo cada dos por tres para comunicar que le hacían daño. Lo pasó mal.
Próximamente tenemos que volver al dentista para una revisión.

Romeo se lava los dientes después de cada comida desde que le salió el primer diente. Una amiga suya no se los lava nunca. Hay una teoría sobre la simbología de los dientes. También hay otra teoría que dice que sólo es necesario cepillarse los dientes después de cenar.  Esta no la entiendo. Lo mismo, si hay alguien por ahí que me la pueda explicar…

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