Leemé

sábado, 9 de diciembre de 2017

Romeo tiene vergüenza


Tengo una fecha apuntada, 14-3-16, y dos momentos: un espectáculo y en el chatarrero. El espectáculo era una actuación musical que estaba preparando junto a su amigo Mateo. Decía que le iba a dar vergüenza. Fue la primera vez que le oí verbalizar este sentimiento. En el chatarrero también me lo dijo. Le daba vergüenza entregar los metales reunidos para que se los tasaran.  

Esta palabra me ha acompañado mucho tiempo. De pequeña se la oí a mis padres muchas veces haciendo referencia a mi actitud. Yo me la creí y me arropé mucho tiempo con ella. Recuerdo otra ocasión en la que mi padre dijo todo lo contrario de mí, que no tenía vergüenza, y también me lo creí. Desde que Romeo nació he estado muy pendiente de si afloraba en él este sentimiento y cómo lo hacía. He visto con sorpresa cómo se desnudaba con sus amigos y cómo bailaba delante de mucha gente. Hasta aquellos dos momentos citados al principio, creo que Romeo no experimentó  la vergüenza. Recuerdo una escena, antes de la fecha señalada, en su nuevo colegio enseñando una parte de su cuerpo a dos amigas. Cómo éstas se reían y escandalizaban mientras él posaba tan tranquilo. Ahora cuando hace pis busca siempre un tronco de árbol grande que al menos le tape esa parte.                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

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