Leemé

jueves, 11 de enero de 2018

A habla por teléfono



-Hola, soy Macarena. Tengo una llamada de mamá en el móvil, ¿está?
-No, no está.
-Ah, bueno. Dile que he llamado, ¿vale?
-Vale, se lo digo. ¿Todo en orden?
-Sí, todo en orden.
-De acuerdo. Adiós.
Siempre que llamo a mi casa y no está mi madre A, se sucede esta escena. El otro día me quedé pensándolo y ahora lo escribo para repensarlo. Mi padre A quiere saber si está todo en orden. Imagino que así se queda tranquilo. A veces he pensado en preguntarle a qué se refiere con esa frase. Por mi deseo de ser lo más exacta posible con las palabras. Pero luego he desistido por temor a que no me conteste como me gustaría. Así es que el otro día me quedé con la palabra orden, relacionada con vida y mundo, en la cabeza y colgué. Supongo que con el bienestar que procura saber que todo está en orden, seguiría con sus quehaceres.

Me pregunto si cuando Romeo deje de contarme sus hazañas con los videojuegos, querré saber de otras epopeyas o simplemente le diré: ¿todo en orden? 

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