Leemé

martes, 23 de enero de 2018

A tiene miedo



-Cuanto más tenebroso más le gusta. Y me dice: "sigue, sigue, abuela…" Luego se ríe de que yo tenga miedo.

Mi madre A creció dentro del miedo: posguerra, cuatro hermanos y ella la pequeña, accidentes, tragedias, dictadura, golpe de estado, persecuciones… Y ahora se ha creado un personaje lleno de miedo para relacionarse con su nieto. Le dice que le horrorizan los fantasmas y los cuentos de terror. Romeo se ríe cada vez que ella pone cara de susto. Se refuerza en su papel de niño ya grande, siete años, que no le tiene temor a nada. Nieto y abuela se alían en esta coreografía del miedo. Se lo pasan bien. También sé que en toda actividad que les une está latente ese miedo, aunque no sea a través de un cuento o historia de terror.
A veces, cuando me da por poner fronteras entre generaciones, he pensado que existe una generación del miedo, en la que este no les ha dejado vivir plenamente. Otras veces, pienso que el miedo es una bendita emoción que nos hace crecer y evolucionar siempre, si nos lo permitimos.

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