Leemé

lunes, 28 de mayo de 2018

A pinta



Recuerdo varias frases de mi padre A relacionadas con la pintura. Creo que las dos fueron después de visitar algún museo. Creo que las dos fueron antes de disponerme a pintar. Una fue algo así:
-Las flores pueden ser de muchas formas. ¿Recuerdas las del pintor que vimos en el museo?
La otra, algo así:
-El mar puede ser de muchos colores. ¿Recuerdas el que pintó el artista que vimos en el museo?
A pintaba y pinta. Una de las cosas que le hubiese gustado ser es pintor, me dijo alguna vez. Ahora pienso que ya lo era, ya lo es, aunque quizás todavía no lo sabe. Imagino que por eso también le gustaba que nosotras pintásemos cuando íbamos a museos, cuando viajábamos…
Yo le hice dos retratos que aún recuerdo porque sé, por su expresión, que le gustaron muchísimo. Más tarde gané algún concurso de pintura. Me impuse pintar en vacaciones, en los viajes, como él hacía. Un día me regaló un maletín de acrílicos. Aún los tengo, casi secos y sin haberlos usado apenas. También me regaló un caballete. A no sabía que por aquella época no me lo pasaba bien pintando. Estábamos desconectados. Pinté mi casa y orgullosa se la enseñé. Él sólo me dijo que mucho antes que yo, lo había hecho él ya. Es cierto, pensé: había pintado el techo del salón de su casa con una ventana y pájaros, y mucho antes un radiador con un cuadro de Miró.
Ahora pinto para darle utilidad a las cosas y cuando hago proyectos conjuntos con mi hijo. También me relaja colorear láminas de dibujos y, a raíz de una formación, veo la pintura como un medio de expresión natural y muy potente que podemos redescubrir si nos permitimos jugarlo. Como los cuadros a brochazos y pegotes de mi padre cuando yo iba a nacer.

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