Leemé

jueves, 22 de noviembre de 2018

A escolariza




Siempre noté una tendencia en mis padres no muy distinta a la que percibo en muchos adultos. Tendencia a escolarizar la vida. Es decir, convertir cualquier actividad, cosa, situación en términos colegiales. Pongo un ejemplo. Romeo contestó con un “yes” a algo que le dijo mi madre A. Enseguida ésta le preguntó: ¿has empezado ya las clases de inglés? Es cierto, que por desgracia (yo lo veo así), los niños y niñas de este país (hay otras opciones, pero todavía esta es la habitual) permanecen muchas horas de su día en el colegio. Cinco horas está Romeo en el colegio. Pero el día tiene veinticuatro horas, es decir que en el colegio está aproximadamente la quinta parte del día. Por qué no se le pregunta nunca por esa otra parte. Cuatro quintas partes de día por las que generalmente no se pregunta, como si no existieran. Recuerdo una conversación con su primera tutora del colegio, en la que me decía que el colegio tenía que estar interrelacionado con la vida. Efectivamente, pensé, todo es vida, todo está interrelacionado, pero de ahí a querer que sus inventos los muestre en clase, que sus amigos sean sólo sus compañeros de colegio, que hablemos de los temas que están dando en clase a la hora de la cena… Escolarizar la vida es vivir en un continuo “preparados, listos…” Donde el “¡ya!” nunca llega, donde la vida nunca se vive. ¿Por qué estaremos tan pre-ocupados por el futuro si el futuro no existe?

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