Leemé

lunes, 25 de febrero de 2019

Carnavalear


Hoy sigo pensando que hay tantos conceptos de escuela como mentes en el planeta. Para mí el colegio sería un lugar donde cada uno pudiera desarrollar su interés del momento.
Hace unos días Romeo me dijo que quería hacer un disfraz de Kirby. De aquí al Carnaval puede cambiar de opinión o seguir con la idea de este personaje de videojuego. Sin embargo, en el colegio le han dicho que se tiene que disfrazar de un personaje de la película Inside Out. Así, porque sí, porque ha salido votado entre profesores, entre alumnos o como sea. El caso es que no puede ir cada uno disfrazado de lo que le dé la gana. De nuevo, esta necesidad de unificar... Creo que responde a una necesidad de no marcar diferencias entre alumnos, por miedo a ellas, a que compitan entre unos y otros. En definitiva, por miedo a no saber gestionar emociones y sentimientos. Los carnavales me parecen una ocasión perfecta para que Romeo se viera convertido en aquello que quiere. Además, y pienso estaría bien que el colegio lo recordara, los carnavales responden a una necesidad de burlarse de los problemas, de diversión. O si nos remontamos a la Antigüedad, recordar que pueden ser una ocasión perfecta para venerar a nuestros dioses (Kirby, en el caso de Romeo).
El primer año superamos la traba impuesta hablando con la tutora y haciéndole ver que el mago Dumbledore también era un personaje del futuro (se tenían que disfrazar del futuro). El segundo año el disfraz llegó sin esperarlo en forma de regalo (una prueba de máscara de E.T. que había hecho un papá del cole) y la idea de llevarlo puesto colmaba su interés. Este tercer año se me antoja que nos imaginemos a Kirby en el cuerpo de Ira, ya que el rosa se parece al rojo… Poderosa imaginación, como le dije el otro día, recordando a mi tío abuelo que moja trozos de tostada en el café pensando que son porras.
Cuando la tutora nos dijo el tema de los carnavales, lo expuso diciendo que en internet había ideas muy fáciles para hacer disfraces. Antes, en una tutoría, Carlos y yo le habíamos propuesto que los disfraces de Carnaval los hicieran en Educación Plástica. Ya que, pensamos además, el disfraz impuesto era temario del colegio. Nos dijo que comunicaría la propuesta. Sin obtener respuesta, cuando se lo recordé en la reunión, me dijo que la profesora de Educación Plástica no podía realizar un trabajo de “tal envergadura” con los alumnos. ¿En qué quedamos, fácil o de “tal envergadura”? De nuevo, la necesidad de que el colegio penetre en nuestra vida, de escolarizar los ámbitos del hogar. Creo que responde a una necesidad de control, de que las familias operen bajo el yugo del colegio.
Claro, que de la misma manera que hay tantos conceptos de escuela como mentes, también pienso que hay tantas mentes como conceptos de escuela, e igual hay madres ya felices creando a Ira, Alegría...

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