Leemé

miércoles, 3 de abril de 2019

Colegizar



De vez  en cuando me saltan las alarmas por lo escolarizada que estoy todavía. Por ejemplo, cuando en la reunión con la tutora nos hicieron firmar una hoja de asistencia y nadie dijimos nada. Como si eso lo lleváramos haciendo toda la vida.
Hace poco mis compañeros de un curso se sorprendían de que pasara “a limpio” todos los apuntes. Sin duda, sé que eso es una costumbre escolar que nunca me quité. Aún conservo los “cuadernos de bonito” de Inglés (así lo llamaba nuestro profesor) decorado con toda clase de ilustraciones copiadas o calcadas en los márgenes y títulos. Como si me doliera tirar por la borda todo ese tiempo tirado por la borda.
En mi trabajo como escritora donde nadie me controla ni me vigila, yo misma me impongo un horario dividido en cuatro horas, tal y como nos distribuían las clases en el colegio.
Mientras yo me descolarizo poco a poco dándome cuenta de todo esto, mi hijo se colegiza cada día más. Ayer me dijo que el único día en el que pueden tener un rato de juego libre es el viernes. Al preguntarle por qué, me respondió que para celebrar que es el último día de la semana que hay cole. Acto seguido, me dijo que nosotros celebrábamos los viernes con una pizza. A lo que yo añadí que nosotros celebramos todos los días de la semana: los lunes cine y cena temática; los martes mamá va a un curso; los miércoles y jueves tarde con papá, amigos o abuelos; los viernes planes con amigos y pizza; los sábados y domingos cine, cenas, cursos, amigos, abuelos, excursiones y desayunos fuera que también pueden darse el resto de los días…
Una amiga me hizo ver que el ritmo con el que te adiestran en el colegio continúa en la vida adulta con los trabajos enajenados: firma de asistencia, alarma cada hora, descanso de media hora...
 Hay gente que tiende a parcelar la semana en dos bloques: de lunes a viernes donde concentra todo lo obligatorio, y el fin de semana donde coloca lo placentero. Yo me niego a pensar que la vida son dos días.  


2 comentarios:

LOTTA dijo...

Eres genial, así he pensado yo toda mi vida, pero era una loca. Ahora a mis muchos años, lo sigo pensando y además hago lo que me da la gana. Un beso grande.

Macarena dijo...

Gracias. ¿Quién eres que no me acuerdo?