Leemé

lunes, 8 de abril de 2019

Cositas de colegio


No creo en los colegios. Pienso que no deberían existir. Quizás cumplieron su función hace tiempo, pero hoy no tienen sentido.
Antes de que Romeo empezara a ir al colegio nos lo pensamos muchísimo. Finalmente accedimos a participar en el sistema impuesto por varias razones.
El otro día me preguntaron si Romeo estaba bien en el cole, si nos gustaba. Dije que en general le veíamos bien y que nosotros estábamos contentos, pero que había cosas que no nos gustaban.
Ahora me apetece hablar de alguna cosa que me gusta del cole de Romeo o de lo que me aporta el llevarle al colegio.
Por ejemplo, que gracias a ello he sabido que hay un quinto gusto en la lengua, el umami; que hay un pueblo español en Francia, Llivia; he recordado que un lustro son cinco años… Me estoy leyendo sus libros de texto y los estoy disfrutando. Por primera vez en mi vida, estoy disfrutando de leer temas llamados de sociales y de naturales.
Me encanta cuando Romeo sale y me suelta nada más verme algo que le ha gustado, algo que ha hecho. Casi todos los días me cuenta alguna cosa emocionado. En Navidades tuvieron que ensayar durante mucho tiempo la obra de teatro para el Festival y Romeo venía encantado. En casa hacía horas extras de ensayo. Ha descubierto un libro de chistes en la biblioteca de la clase y cada día llega con uno nuevo. Que la raíz cuadrada no la van a dar porque no se utiliza, pero mamá, ¿cómo es? Situó su primer día de comer sólido en una línea de tiempo y espacio y yo aluciné. 
Pero... un día quería calcular cuánto podría costar un muelle gigante y dijo que se lo iba a decir a su profe, que lo hiciera ella, que bastantes problemas tontos les obligan a hacer todos los días. Dice que lo que menos le gusta es Sociales. En ese momento pienso en mis padres, que fueron profes de Sociales.  

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