Oda al cocido
La comida que más me gusta es el cocido madrileño. Lo tengo clarísimo. Además, no quiero cuestionármelo tampoco, pues su recuerdo me evoca muy buenos momentos y soy de naturaleza nostálgica.
Es un plato completo: verdura, proteínas, hidratos de carbono, lípidos, vitaminas, hierro… Después, tengo que decir que es fácil de elaborar o al menos el que yo hago.
Dejo en remojo la noche anterior
los garbanzos. Al día siguiente los echo en la olla exprés junto con la carne
de morcillo, la carne de gallina, el chorizo, el tocino entreverado, la punta de jamón, la patata,
la zanahoria, el repollo y una hoja o dos de laurel. Lo cubro todo con agua y echo
también un chorrito de agua de mar. Cuando empieza a sonar la olla exprés calculo
cuatro minutos. Hago la sopa con fideos finos o los que tenga
en el caldo que he separado. Echo la morcilla (yo la pongo de arroz
porque es la que más me gusta) para darle un hervor con todo lo demás. Hago el
relleno: miga de pan que remojo en el caldo, sal y perejil; lo hago forma de croqueta grande; lo rebozo en huevo y frío. Después se echa en
la olla con todo para darle el último calentón antes de servir.
Es un plato divertido de comer,
pues como manda la tradición se come en tres vuelcos: primer vuelco la sopa con
los fideos (a mi hijo le gusta echarse también garbanzos como hacen en
Andalucía) que se puede acompañar con piparras; segundo vuelco el repollo, patata, zanahoria, garbanzos y el
relleno, que se puede rociar con un chorrito de aceite; y por último
las carnes con el chorizo, el tocino y la morcilla. Yo me lo hago en pringá,
como hacen también en Andalucía. Esto es cortar todo en trocitos muy pequeños y
mezclarlo para comerlo acompañado de pan. Delicioso.
Además, es un plato evocador para
mí. Recuerdo el cocido en casa de una tía que tuve. Lo hacía espectacular, con
su relleno y todo. Además, era pantagruélico, pues en esa casa las comidas
tenían que prepararse así, para el gran batallón que eran. Recuerdo también el
de mis padres, una mezcla de madrileño y sevillano, como lo son ellos. De mi
padre aprendí a hacerme la pringá y a añadir pimientos rojos asados cuando mi madre no le echaba repollo. Y el de mi suegra, con chorizo ibérico comprado en una
tienda gourmet del barrio, que siempre se sorprenden cuando lo compra para
echarlo en el cocido. Súper sabroso. Y luego está el cocido de nuestra boda.
Sí, lo celebramos comiendo cocido. Aunque no pudo ser en el restaurante que
queríamos, fue en otro del Rastro.
El otro día me llevé al Cine el tercer
vuelco del cocido que hice en casa y me lo comí en la taquilla. Lo
calenté en el microondas y luego me lo metí en el pan calentito también que
había tostado en la sandwichera. Aquello estaba delicioso. Además, como aderezo
tenía la película de la vida frente a mí y me supo a gloria.
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