lunes, 2 de marzo de 2026

Intensa

  

Es una palabra que últimamente escucho bastante. La primera vez que la oí, en un contexto para mi diferente al usual, fue cuando la dijo mi sobrino en un trayecto en coche mientras hablábamos de relaciones personales. De cómo a la generación de jóvenes de ahora les cuesta sostener la mirada, las conversaciones más o menos largas, las preguntas que les hace el otro. Me decía que no se sentía cómodo cuando lleva varios minutos fijando la mirada en la persona que tiene delante. Me sorprendió. Me encanta estar horas y horas hablando con alguien tranquilamente, sin prisa, cara a cara. Por eso me sorprendió lo que dijo mi sobrino. Después de esa conversación he oído otras veces la palabra intensa. De una tía mía dijeron que era intensa. Y también me sorprendió, pues esa intensidad creo que es justo lo que a mí me gusta de ella: la pasión con la que vive la vida, la curiosidad que tiene por todo. De otra amiga también he oído lo mismo y me pasó igual. Ayer en un programa de televisión se lo escuché a un exjugador de fútbol. Decía que fulanita era intensita y que por ello le daba pereza llamarla por teléfono.

No coincido con el sentido que dan a la palabra intensa para decir que algo no les agrada porque a mí es justo, pienso, lo que me atrae. Es más, creo que yo también soy intensa porque me encanta vivir intensamente.

De todas formas, también pienso que hay palabras que se ponen de moda y de repente nos vemos aplicándolas a todo: comida intensa, gente intensa, trabajo intenso…

También pienso que hay una herramienta multifuncional que hoy en día se usa en exceso y que pone un  filtro entre la realidad y el usuario diluyendo las cosas y haciendo que éstas se perciban menos intensamente: menos color, sin olor, sin poder tocar ni degustar…  Así ocurre que cuando a quienes usan mucho el telefóno móvil (he visto hasta lavándose los dientes mientras lo miran) se les pone delante algo o alguien intenso no pueden con ello.

 

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